Nuevos frentes en la lucha por la vida

Arzobispo Aquila

En las próximas semanas, estaré uniéndome a católicos y otros pro-vidas en la campaña de oración, ayuno y testimonio: 40 Días por la Vida. Este esfuerzo por proteger la vida está teniendo gradualmente cada vez más éxito, pero la cultura de muerte está lanzando nuevos ataques ante los que tenemos que responder.

Este año que pasó, el Papa Francisco marcó la celebración “Un día por la vida” en Italia, al invocar las palabras de Santa Madre Teresa: “La vida es belleza, admírala… la vida es vida, lucha por ella”. Esto es verdad, destacó el Santo Padre, para el niño que está por nacer y para la persona que está por morir: “¡Toda vida es sagrada!”.

Los grandes hombres, mujeres y niños que valientemente participan de los 40 Días por la Vida, están haciendo exactamente esto a través de la oración, el ayuno, el alcance comunitario y llevando a cabo vigilias pacíficas en instalaciones abortistas. Es asombroso ver el fruto de sus oraciones. Shawn Carney, presidente de 40 Días por la Vida, recientemente señaló que “todos  ahora sabemos que 90 centros abortistas han cerrado y están fuera de servicio de manera permanente luego de las vigilias de 40 Días por la Vida desde que nuestras campañas coordinadas empezaron en el 2007”.

“No nos llevamos el crédito. Simplemente notamos que gente rezó por el fin del aborto en sus comunidades, y que luego los lugares que ofrecían aborto cerraron”, señaló Carney.

Al mismo tiempo que 40 Días por la Vida se lleva a cabo, la Iglesia observa el Mes del Respeto por la Vida, que este año tiene como lema: “No temas”. ¡Qué apropiado se hace escuchar estas palabras en un tiempo de inestabilidad política y global! ¡Qué apropiado es que el Arcángel Gabriel haya asegurado a María con estas mismas palabras luego de anunciarle que ella iba a llevar en su vientre y dar a luz al Hijo de Dios!

De acuerdo a 40 Días por la Vida, ex – empleados de Planned Parenthood han reportado que cuando hay gente pro-vida rezando fuera de sus instalaciones, “las tasas de gente que no se presenta a sus citas para abortar llega a subir al 75 por ciento”. No tengan miedo de ser ridiculizados o despreciados. Sus testimonios tienen un impacto.

Un nuevo frente para el movimiento pro-vida en Colorado y en otros estados se ha abierto: Este es al final de la vida. Con la legalización del suicidio asistido, aquellos que son vulnerables al llegar al final de su vida están amenazados. Los partidarios de esta nueva ley argumentan que sólo los que desean morir están utilizando esta ley, sin embargo alrededor de esta ley hay muchas oportunidades para coerciones, empezando por el hecho de que uno de los testigos requeridos para una sobredosis letal puede ser un heredero.

Los pro-vidas no debemos tener miedo de acompañar a los enfermos y a los ancianos. El reporte de Oregón del 2016 sobre su ley “Muerte con dignidad”  que tiene ya 20 años, provee una importante apreciación sobre cómo aquellos que consideran el suicidio asistido no están tan preocupados por el dolor tanto como de perder su independencia y dignidad. El reporte señala que, “como en años previos, las tres preocupaciones sobre el final de la vida más frecuentemente mencionadas fueron la pérdida de autonomía (89.5%), la reducción de la habilidad de participar en actividades que te hacen disfrutar de la vida (89.5%), y la pérdida de dignidad (65.4%)”.

Los pro-vida tenemos que entrar en este vacío para llevar el amor de Cristo a aquellos que están desesperados y que probablemente se sienten abandonados. Tenemos que compartir la verdad de que en Cristo, el sufrimiento no carece de sentido; sino que puede ser transformado al unirlo a su sacrificio en la cruz. Tenemos que llevar la misma perseverancia que mostramos al luchar por las vidas de los no nacidos, a la grave situación de los enfermos y ancianos, a los que ahora la sociedad estima como desechables.

Cuando pienso en los sufrimientos de aquellos que están considerando el suicidio asistido, vienen a mi mente San Maximiliano Kolbe y San Juan Pablo II. Mientras estaba sentado en su celda subterránea de hambre en el campo de concentración de Auschwitz, San Maximiliano lideró a sus amigos prisioneros en oración y cantos y ofreció meditaciones sobre la Pasión de Jesús. A pesar de sus propios sufrimientos, consoló y acompañó a aquellos en necesidad, dependiendo de la gracia de Dios como fortaleza.

San Juan Pablo II, como muchos de nosotros recordamos, sufrió de la enfermedad de Parkinson y experimentó muchas adversidades físicas en su vida, incluyendo un intento de asesinato en 1981. Pero debido a su fe, San Juan Pablo respondió con el perdón a quien pudo ser su asesino y se mantuvo enraizado en su identidad como hijo del Padre. “Nosotros no somos la suma de nuestras debilidades y nuestros fracasos; al contrario, somos la suma del amor del Padre a nosotros y de nuestra capacidad real de llegar a ser imagen de su Hijo.”, dijo en la Jornada Mundial de la Juventud en Toronto.

Las palabras finales de San Juan Pablo II, “dejadme ir a la casa del Padre”, reflejan la orientación divina que todos nosotros debemos buscar para vivir y llevar a aquellos que están enfrentando el final de sus vidas en la tierra. Como cristianos, en nuestro encuentro con Jesús, estamos llamados a mantener nuestros ojos fijos en Él y no en los caminos del mundo. Con la gracia de Dios, cada uno de nosotros puede ser una luz en la oscuridad de aquellos que están desesperados, ya sea como padres y madres expectantes o como quienes están muriendo. ¡No tengan miedo!

Próximamente: Un estudio de Harvard revela los múltiples beneficios de llevar a los niños a la iglesia

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Un estudio de Harvard revela los múltiples beneficios de llevar a los niños a la iglesia

Una educación religiosa se relaciona directamente con un desarrollo positivo en los años de juventud adulta.

Escritor Invitado

Por: Cerith Gardiner | Aleteia

Criar a nuestros hijos con fe les da, obviamente, muchos beneficios espirituales, pero un estudio reciente de Harvard ha mostrado que los niños con una educación religiosa reciben también beneficios físicos y mentales, en especial en su juventud adulta.

Llevan un estilo de vida más saludable

El estudio, publicado en 2018 por la Escuela de Salud Pública de Harvard, encontró que los niños que asistían a misa semanalmente o que tenían una activa vida de oración eran más positivos y tenían una mayor satisfacción vital cuando llegaban a la veintena. Estos jóvenes adultos tenían tendencia a escoger un estilo de vida más saludable, evitando las bebidas, el tabaco, el consumo de drogas y la promiscuidad sexual.

Utilizando una muestra de 5.000 niños durante un periodo de 8 a 14 años, el estudio reveló unos descubrimientos sorprendentes: al menos el 18 % de los que asistían a misa con regularidad informaron de niveles más altos de felicidad a partir de los 20 años que sus pares no religiosos. Y lo que es más importante, de esa misma muestra, el 29 % tendía a unirse a causas en beneficio de la comunidad y el 33 % se mantuvo alejado de drogas ilegales.

Una de las autoras del estudio, Ying Chen, se refirió a los descubrimientos en una rueda de prensa diciendo: “Muchos niños reciben una educación religiosa y nuestro estudio muestra que esto puede tener consecuencias significativas sobre sus comportamientos relacionados con la salud, su salud mental y su felicidad y bienestar generales”.

Les aporta fortalezas

No se trata del primer estudio que demuestra las ventajas de una educación religiosa. Emilie Kao, directora del Centro DeVos para la Religión y la Sociedad Civil de la Fundación Heritage, comparte en la web Stream.org que “las creencias religiosas dan a las personas fortalezas espirituales que conducen a hábitos saludables y construyen sus redes sociales y les dan la capacidad de superar obstáculos en la vida”.

Estos resultados son especialmente alentadores en un tiempo en que el número de asistentes regulares a misa parece estar en declive. El estudio podría servir como motivador para los padres que tienen dificultades para que sus hijos reticentes vayan a la iglesia, sobre todo durante los años de adolescencia.