Nuevos licenciados en ciencias religiosas: Testigos de Cristo en medio de la oscuridad 

Carmen Elena Villa

Lo que parecía hace ocho años una utopía hoy se hizo realidad. El pasado 9 de diciembre se graduaron los primeros 16 licenciados en Ciencias Religiosas gracias a un acuerdo entre la universidad Anáhuac de Ciudad de México y Centro San Juan Diego.

Durante cinco o seis años iban los sábados a Centro para recibir sus clases vía Skype o Hungouts. Su profesor en directo, desde el Distrito Federal les dictaba las clases correspondientes. Hoy pudieron obtener el título de licenciados en una ceremonia presidida por el arzobispo de Denver monseñor Aquila, quien, previo a la ceremonia de graduación, celebró una misa de acción de gracias por este acontecimiento.

El Arzobispo recordó en su homilía a San Juan Diego, cuya fiesta se celebró ese día de diciembre y dijo que tanto él como María fueron verdaderos discípulos de Jesús. También les aseguró que para María, su preocupación más grande es la de “traer a los seres humanos a un encuentro con Jesucristo. Las apariciones nunca han sido para (mostrarse) a ella misma sino para señalarnos siempre a Jesús”.

Fotos de Brandon Young. Los nuevos licenciados junto con el arzobispo Samuel Aquila. el obispo Jorge Rodríguez y Alfonso Lara, director hispano de Evangelización,

Y les exhortó a aquellos que culminaron la licenciatura a “a ser misioneros y discípulos”. También se refirió a los tiempos difíciles que vive actualmente la Iglesia. “Hay muchas (personas) alrededor del mundo que quieren rechazar completamente a Jesucristo y no quieren nada con Él”, por ello les dijo que ellos están llamados “a señalar a Jesús y a ayudar a otros a que tengan un encuentro con Él. Pero primero tenemos que conocer en nuestros corazones y nuestras almas su eterno amor por nosotros y creer y confiar en su amor y tener confianza en ese amor”.

 

Los que llegaron a la meta

El Pueblo Católico entrevistó a algunos de los recién egresados. Claudia Escobedo pertenece a la parroquia Saint Pius X, es casada y madre de cinco hijos (dos de los cuales nacieron mientras ella estudiaba su carrera). Claudia recuerda que ella escuchó hablar de la licenciatura en su parroquia y se dijo a sí misma. “Eso es lo que tienes que hacer”.

“Para mí esta es una misión que Dios puso en mi vida para evangelizar”, dijo. “Estar al servicio de la Iglesia, donde Dios quiera que esté en el ministerio que Él me ponga”.

El licenciado Max López recibiendo su diploma de manos del obispo Jorge Rodríguez.

Por su parte Max López, otro de los graduados, cuando le preguntamos cómo se sentía respondió con la piel erizada: “alegría no cabe en mí”.

“Fueron seis años de estudio, de desvelos, de entrega. Fueron seis años de enamorarme más de Jesús”, compartió López.

Max recuerda que uno de sus profesores les dijo el primer día de clase “Hagan las cosas siempre de cara a Dios”, desde entonces ese ha sido su lema y el faro que ha guiado este recorrido intelectual y espiritual.

Por su parte la licenciada María Victoria Olivas, de 65 años, con tres hijos y ocho nietos, confesó que ella decidió estudiar esta licenciatura después de servir varios años como catequista en su parroquia porque “quería dar algo más”.

Olivas tuvo que vencer muchos obstáculos para poder empezar y terminar la licenciatura. “El primero fueron las opiniones de la gente. Algunos me preguntaban por qué a mi edad iba a empezar una carrera. Otros me aconsejaban que estudiara algo más práctico”. Pero María Victoria siguió ese llamado que se le clavó en el corazón de perseverar en su decisión de hacer esta licenciatura. Así manejaba todos los sábados aproximadamente una hora y media desde Greeley, su lugar de residencia. A veces incluso en medio de fuertes nevadas porque ni siquiera con el mal tiempo se cancelaban las clases.

“Hemos pasado por un camino de aprender, de conocer la historia de la Iglesia, los padres de la Iglesia. No creo que soy una sabionda en eso, pero creo que ahora sé un poco más”, dijo María Victoria, feligrés de la parroquia Our Lady of Peace en Greeley.

El Pueblo Católico entrevistó también a Enna Rodríguez, una de las profesoras de la licenciatura, quien viajó desde México para asistir a la ceremonia de graduación. “Fue un aprendizaje mutuo. Fue todo un proceso el empezar a establecer la manera de lograr esa comunicación lo más viable posible”, indicó Enna. “Pudo haber una conexión con los alumnos, los pude ver, ellos podrían preguntar y discutir”. Enna pudo conocer a sus alumnos personalmente en un retiro que vino a darles dos años después de iniciadas las clases. “Yo medio en la pantalla veía sus caritas, pero verlos cara a cara y abrazarlos fue algo muy bueno. Me di cuenta de esta gran obra que está haciendo Centro San Juan Diego y cómo está tocando a la gente y transformando vidas”, dijo la maestra, quien también es licenciada en Ciencias Religiosas y máster en educación. “Me parece casi heroico que, incluso muchos de ellos con hijos hayan permanecido fieles con Dios con ellos mismos y con la comunidad católica en este país. Ha sido muy bonito ver este proceso de madurez”, concluye Enna.

Próximamente: Santos fuertes para nuestros tiempos de duda

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“Declaro en verdad y con alegría en mi corazón – ante Dios y sus santos ángeles – que nunca he tenido ningún motivo en mi trabajo que el de predicar la Buena Noticia y sus promesas. Esta es la única razón por la que regresé aquí a Irlanda – lugar del que apenas escapé vivo”. Estas palabras del libro La Confesión de San Patricio reflejan la fuerza del Espíritu Santo que se desarrolló a través de Jesús cuando dio su vida en la cruz,  cuando inspiró a San Esteban, el primer mártir, y cuando continúa moviendo a personas alrededor del mundo para ser testigos de Cristo, sin importar el costo.

Esta semana celebramos las fiestas de dos hombres fuertes: San Patricio y San José. Ambos vivieron durante tiempos difíciles y buscaron vivir plenamente la fe. El ejemplo de estos hombres, nuestros predecesores en la fe nos proveen un modelo de una Cuaresma provechosa y también de una labor evangelizadora en una cultura que duda de todo.

San José era, de acuerdo con el evangelio de San Mateo, un “hombre justo” (Mt. 1:19) cuyo deseo de seguir a Dios en todo lo que hacía era evidente en sus acciones. Bajo la ley judía, José debía divorciarse de María porque la había encontrado embarazada luego de que ellos se habían comprometido, pero antes de que vivieran juntos. Y así, José vio cuán pura y buena era María.

Cuando un ángel apareció a San José en un sueño y le dijo que María estaba embarazada por obra del Espíritu Santo, él no dudó en traerla a su casa, aún cuando sus compañeros creyentes ciertamente cuestionaran su integridad y la de ella. Esta es una lección muy valiosa para las personas de fe de hoy. Es mucho mejor seguir el plan de Dios para nosotros que estar de acuerdo con lo que la sociedad considera sabio.

Esto lo vemos también en la disposición de San José de huir a Egipto a instancias de otro sueño angelical. Quizás él tendría que conformar su corazón con el del plan del Padre cuando escuchó al profeta Simeón predecir que una espada atravesaría el corazón de María y que Jesús sería un “signo de contradicción” (Lc. 2: 22 – 36). Seguramente su corazón pudo haber estado movido por el deseo de proteger a su esposa y a su hijo adoptivo, pero él también pudo ver que Dios estaba en sus obras y en las de su familia.

Cuando San Patricio tenía unos 15 años, fue capturado de su casa en Gran Bretaña occidental por piratas irlandeses y fue vendido en esclavitud. Pasó seis años como esclavo cuidando los rebaños de su amo, pero durante este tiempo se fue acercando progresivamente a Dios y a la fe que previamente había desechado.

Después de regresar a casa cuando escapó de la esclavitud en Irlanda, Patricio tuvo una visión en la cual los irlandeses lo llamaron para que regresara. “¡Niño santo!”, clamaron usando el apodo con el que se burlaron de él cuando eran esclavos: “Ven y camina con nosotros”. Curiosamente, en lugar de enojarse, San Patricio dijo que su corazón se conmovió con estas plegarias.

San Patricio supo lo que estaba enfrentando. Una tierra poblada de 150 tribus cada una liderada por un rey, una sociedad influenciada por los druidas (clase sacerdotal que tenían una gran influencia en la sociedad celta n.d.t) y otras religiones paganas y la Iglesia cristiana contaban probablemente solo en cientos. Pero San Patricio no se desanimó y con fe y alegría se dirigió a Irlanda.

En las mentes y corazones de Irlanda había muchas ideas en conflicto (muchas de ellas dañinas) compitiendo como ocurre ahora. Mientras recorremos nuestro camino a lo largo de la Cuaresma y buscamos una intimidad más grande con Dios – quien es el camino, la verdad y la vida – pidamos la fe fuerte de San José y San Patricio que nos ayude en nuestro caminar. Escuchemos la voz de Dios, la voz de Jesús y no la del mundo, o lo que es peor, la del diablo.

Con el don de la fe y la fuerza del Espíritu Santo, digamos como San Patricio: “Dios escuchó mis plegarias para que yo, por tonto que fuera, pudiera atreverme a emprender una misión tan santa y maravillosa en estos últimos días – que, a mi manera, podría ser como aquellos que Dios dijo que vendrían a predicar y ser testigos de las buenas nuevas para todos los no creyentes … “.

Traducido del original en inglés por Carmen Elena Villa @CalenVilla