Obispos de Denver: Tiroteos masivos un “cáncer en la sociedad”

Recuerdan a los fieles amarse los unos a los otros, recen por las víctimas.

Karna Lozoya

Los obispos de la Arquidiócesis de Denver califican los recientes violentos tiroteos masivos como un “cáncer” en la sociedad.

El arzobispo Samuel J. Aquila, de Denver, y el obispo auxiliar, Jorge Rodríguez, de Denver, hicieron estas declaraciones en un comunicado publicado tras el tiroteo de Walmart del 1 de noviembre en Thornton, Colorado, que dejó tres muertos.

“Estos actos de violencia indiscriminada son un cáncer creciente en nuestra sociedad”, escribieron los obispos, “que reflejan cuán poco valora y defiende nuestra cultura la dignidad de la vida humana”.

Los obispos les recuerdan a los fieles su deber de “amarse los unos a los otros” y de “tratarse unos a otros con cortesía, dignidad y respeto”. Además, hacen una invitación a unirse a ellos en oración por las víctimas y sus familias.

A continuación, el comunicado completo:

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La noche del miércoles en Thornton, un hombre entró a Walmart alrededor de las 6 p.m. y “despreocupadamente” abrió fuego disparando a aquellos que se encontraban a su alrededor.

Después, huyó del lugar de los hechos, luego de haber matado a tres personas: dos hombres y una mujer. No se han reportado otros heridos.

Aquí en Colorado fuimos testigos en 1999 de uno de los primeros y   más atroces tiroteos masivos de tiempos recientes, en la escuela preparatoria Colombine. Luego en el 2012 presenciamos el tiroteo en el cine Century 16 en Aurora. En los últimos años han ocurrido demasiados eventos similares. Estos actos de violencia indiscriminada son un cáncer creciente en nuestra sociedad, que reflejan cuán poco valora y defiende nuestra cultura la dignidad de la vida humana

Hay algo profundamente mal en nuestra sociedad donde actos de violencia sin sentido continúan repitiéndose una y otra vez, con mayor arbitrariedad y menos restricciones.

A raíz de tal muestra de maldad pura, uno puede sentirse impotente. Pero debemos recordar que todos tenemos la capacidad y el deber de inculcar el amor cristiano a nuestra cultura. Estos actos nos llaman a reflexionar en nuestros corazones como nos amamos los unos a los otros, y como estamos llamados a tratarnos unos a otros con cortesía, dignidad y respeto.

Oremos todos hoy por las víctimas y sus familiares, y por la comunidad de Thornton. Que encuentren el consuelo y la paz que solo Nuestro Señor y Salvador Jesucristo puede dar.

 

Reverendísimo Samuel J. Aquila, S.T.L.                           Arzobispo de Denver

 

Reverendísimo Jorge H. Rodríguez, Ph.D.                     Obispo Auxiliar de Denver

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‘¡Ay de mí, si no predico el Evangelio!’

En su décimo aniversario, escuela de evangelización sigue formando discípulos misioneros en Denver

Vladimir Mauricio-Perez

Durante más de diez años, la Escuela de Evangelización San Pablo de Denver no solo ha buscado que las personas tengan una experiencia bonita de Dios, sino que lo sigan con radicalidad en su vida diaria y que compartan con otros el gran don que han recibido: que se conviertan en auténticos discípulos y predicadores.

Bajo la inspiración y el patronazgo de San Pablo, la escuela ha tomado como lema su frase: “¡Ay de mí, si no predico el Evangelio!” (1 Cor 9,16), expresando el celo por llevar a Dios a los demás que nace tras un encuentro con él.

“El objetivo principal de la escuela de evangelización es formar evangelizadores y formadores de evangelizadores: enseñar a enseñar,” dice Abram León, coordinador de movimientos eclesiales laicales de la Arquidiócesis de Denver y director de la Escuela de Evangelización San Pablo por los últimos diez años. “Todos los miembros han tenido un encuentro personal con Cristo que los hace tener un celo admirable para llevar a Jesús a los demás”.

La misión de la escuela ha consistido en formar escuelas de evangelización en cada parroquia para que estas impartan los propios cursos de seguimiento. Ahora hay 13 Escuelas de Evangelización San Pablo en 13 parroquias distintas, con alrededor de 17 miembros en cada una.

“Los buenos testimonios de sacerdotes al ver el impacto en las personas de su parroquia y los grandes frutos: esta es la alegría más grande de los discípulos evangelizadores que salimos de nuestra zona de confort para predicar,” dice Abram.

“El fruto mayor que yo he visto ha sido cómo las personas a las que hemos llevado la Palabra han hecho comunidad,” dice Rigo Escamilla, feligrés de la parroquia St. Anthony of Padua y de la escuela de evangelización desde hace diez años. “He visto en el transcurso de este tiempo la transformación de muchísimas personas, el encuentro con Dios de tantos que no sabían de Él. Y después he visto cómo se han ido entregando en el servicio dentro del templo, en la alabanza o en la catequesis”.

Los orígenes de este método de llevar el Evangelio se encuentran en la llamada del Papa San Juan Pablo II en los años 80 a una nueva evangelización, “Nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión”.

La unión de tres líderes católicos abriría el camino para un método de enseñanza kerigmático, carismático y comunitario: el padre Emiliano Tardif, el padre Ricardo Argañaraz y el laico José “Pepe” Prado. En otras palabras, se buscaba trasmitir el auténtico mensaje del Evangelio de una manera dinámica que llegara lo más profundo del corazón.

La primera escuela de evangelización llamada “San Andrés” comenzó en Guadalajara, Méx. y después se esparció a diferentes lugares de los Estados Unidos, incluyendo Denver, donde ha dado grandes frutos y radica bajo el Movimiento de Renovación Carismática con el nombre “San Pablo”.

Un fuego ardiente

“La entrega de los miembros es admirable porque lo hacen sin esperar recompensa, sino por amor a Cristo y a la Iglesia”, dice Abram.

Pero ¿de dónde nace tal entrega y ardor que los lleva a predicar a “tiempo y a destiempo”? Nace precisamente del encuentro que han tenido con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y de la transformación que han experimentado en sus propias vidas al formar parte de la escuela de evangelización.

“Una de las cosas que me ha ayudado de haber ingresado a la escuela fue un cambio grande y radical en mi vida espiritual. Yo no tenía nada de conocimiento de la vida espiritual”, comparte Rigo. “Me he enamorado de la relación con Dios. He encontrado el verdadero sentido de mi vida. Para mí la escuela de evangelización ha sido una maestra que me ha formado y dado la capacidad para enfrentar mi vida diaria.”

Abram igualmente dice tenerle mucho que agradecer a la escuela: “Me ayudó a encontrarme más profundamente con Dios, a ver el magisterio de la Iglesia y los sacramentos como una fuente de vida y santificación”, comparte el líder. “En sus cursos me enamoré de la palabra, de la comunidad, conocí a Jesús como Maestro y me dio la pasión y el celo por salir a anunciar a otros que Jesús está vivo”.

“Si algo le tengo que agradecer es que me ha ayudado a ser discípulo de Cristo, a ser misionero y no tener miedo a salir de mi casa, de mi iglesia, de mi diócesis a llevar a Cristo a otros,” dice Abram.

El obispo auxiliar de Denver monseñor Jorge Rodríguez celebró el pasado 29 de junio una misa por el X aniversario de la escuela en la que reconoció su gran esfuerzo por llevar la palabra de Dios a otras parroquias y los alentó a llevar ese mensaje en todas las áreas de su vida y a discernir el futuro de esta misión.

“Ahora les toca discernir con oración para ver por dónde los está llevando el Señor, poner todo en la misión y que crezca esta escuela de evangelización, que haya más escuelas de evangelización y que lleven su mensaje a más gente para la gloria de nuestro Señor”, concluyó el prelado.