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lunes, diciembre 5, 2022
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Obispos, sacerdotes y diáconos: ¿tradición o deformación?

Al ver la Iglesia católica en la actualidad, muchas veces nos preguntamos cómo llegó a tener su estructura principal: obispos, sacerdotes y diáconos. Muchos no católicos llegan a decir que esta jerarquía, que se refiere a los miembros que desempeñan la función de gobernar en la fe y moral, es una de las razones que muestran que la Iglesia católica se desvió y dejó de ser la Iglesia auténtica de Cristo.

Como católicos creemos en la sucesión apostólica, es decir, en que los apóstoles nombraron a sus sucesores para que, con el don del Espíritu Santo, continuaran su misión. Esto incluye a Pedro, líder de los apóstoles, quien poseía una autoridad especial.

Sin embargo, nombraron a estos sucesores en tres “clases” distintas, con facultades distintas. Los obispos son de orden más alto. Son los sucesores directos de los apóstoles y tienen más autoridad que un sacerdote (o presbítero). “Solo el obispo puede dar órdenes”, decía san Jerónimo en el cuarto siglo. Los sacerdotes tienen más poder que los diáconos, ya que pueden ofrecer el sacrificio eucarístico y perdonar pecados. Los diáconos, por su parte solo pueden bautizar, predicar y dar la comunión. Veamos cómo esta jerarquía se va comprobando en la Iglesia primitiva.

¿Qué dice la Biblia?

Una objeción común dice que los apóstoles nunca quisieron dejar la estructura presente en la Iglesia católica (obispos, sacerdotes o presbíteros y diáconos), sino que esta surgió tiempo después. No cabe duda de que los apóstoles se encargaron de estructurar las primeras comunidades cristianas: “Obedezcan a sus dirigentes y sométanse a ellos” (Heb 13,17). Pero ¿quiénes eran esos dirigentes? ¿Era una sola persona o un grupo?

Significado de obispo, presbítero y diácono

Los términos “obispo”, “presbítero” y “diácono” ya se encuentran en el Nuevo Testamento, pero presentan un problema: a veces se emplean de forma genérica y no se explican con detalle. Es probable que los autores daban por sentado que las personas ya entendían su significado. Aun así, más que explicar detalladamente la estructura de la Iglesia, la Biblia simplemente la menciona.

Los tres términos significan los siguiente:

  • Obispo (epískopo)—vigilante o supervisor
  • Presbítero (presbyteros)—anciano
  • Diácono (diákonos)—servidor

Su uso a veces es genérico y no designa un oficio. Por ejemplo, Jesús dice a sus apóstoles que el primero debe ser “servidor” [diákonos] de los demás (Mc 9,35). Pablo también se llama a sí mismo “servidor” o “ministro” [diákonos] (Ef 3,7).

Por esta razón, resulta difícil llegar a una conclusión basada simplemente en el uso de estos términos en el Nuevo Testamento. Por ello, es mejor preguntarnos si la realidad de la jerarquía se encuentra en la iglesia primitiva, a pesar de que no se explica de manera explícita. La respuesta es sí, y esta interpretación se ve respaldada por los escritos de los padres apostólicos.

Diferencia entre las tres órdenes

San Pablo diferencia entre obispos y diáconos en 1 Tim 3: “Es pues necesario que el obispo (episkopo) sea irreprensible… También los diáconos deben ser dignos”.

Pero ¿dónde está la diferencia entre obispos y presbíteros? San Pablo deja claro que los ancianos están bajo el mando de una persona con más autoridad que ellos, lo que diferencia a obispos de presbíteros.

Esto se ve en las cartas de san Pablo a Timoteo, en las que san Pablo le da instrucciones para gobernar a su comunidad, incluyendo a los presbíteros: “Los presbíteros que ejercen bien su cargo recibirán doble honor y remuneración. […] Reprenderás en público a los que están en pecado…” (1 Tim 5, 17.20).

Igualmente le da a Tito el cargo de líder sobre la comunidad y de ordenar presbíteros: “Te dejé en creta para que solucionaras los problemas existentes y establecieras presbíteros en cada ciudad” (Tito 1,5).

Testimonio de la Iglesia primitiva

Los escritos de los primeros cristianos nos muestran que esta es la interpretación correcta. Quien argumenta que los apóstoles dejaron solo a un grupo de ancianos encargados y no a un obispo se ven forzados a comprobar cuándo sucedió ese cambio y cómo se dio tan rápido. ¿Por qué todas las iglesias o comunidades primitivas pronto pasaron a tener un obispo si no era eso lo que los apóstoles querían?

Los primeros cristianos nos dicen todo lo contrario: que ellos actuaban conforme a la tradición y mensaje que recibieron de los apóstoles, a diferencia de otros que aceptaron enseñanzas falsas.

San Ignacio de Antioquía y la jerarquía

Como dice un apologista: “El catolicismo de san Ignacio es tan temprano y tan obvio que los protestantes no saben qué hacer con él”.

Desde alrededor del año 107 d. C., san Ignacio habla sobre esta estructura de tres órdenes. Claramente muestra al obispo como la autoridad más alta de una comunidad, seguida por los presbíteros y después los diáconos:

“Su obispo preside en el lugar de Dios, y sus presbíteros en el lugar de la asamblea de los apóstoles, junto con sus diáconos” (Carta a los magnesianos, 6).

“Sigan al obispo, así como Jesucristo sigue al Padre, y a los presbíteros así como seguirían a los apóstoles, y den reverencia a los diáconos como institución de Dios” (Carta a los esmirneanos, 8).

“Allí donde aparezca el obispo, allí debe estar el pueblo; tal como allí donde está Jesús, allí está la Iglesia católica” (Carta a los esmirneanos, 8).

San Ireneo y listas de sucesión de Roma

Otros testimonios de la autoridad del obispo y la jerarquía de la Iglesia nos llegan en forma de listas de sucesión, en las que la Iglesia primitiva registraba el orden de los obispos hasta llegar a los apóstoles.

¿Por qué lo hacían? Para combatir falsas enseñanzas, como el gnosticismo. Por ejemplo, san Ireneo de Lyon, en torno al año 180 d. C., decían que, si los apóstoles hubieran recibido tal enseñanza extraña, se la hubieran comunicado a los que eligieron como sus sucesores, y estos hubieran hecho lo mismo con sus sucesores.

San Ireneo tenía esto muy claro, pues había sido discípulo de san Policarpo, quien por su parte había sido discípulo de san Juan apóstol. Por tanto, si una idea extraña no podía remontarse hasta tener a algún apóstol como origen, entonces eso indicaba que no era verdadera. Asimismo, si contradecía aquellas verdades que sí habían sido trasmitidas por los apóstoles, entonces la idea era falsa.

Aún más, los primeros cristianos mantenían estas listas como prueba de que lo que predicaban en realidad era el mensaje recibido de los apóstoles. Ireneo, da el ejemplo de la iglesia de Roma por dos razones:

  1. Porque fue constituida por “los dos gloriosísimos apóstoles Pedro y Pablo, la que desde los apóstoles conserva la tradición y la fe anunciada a los hombres por los sucesores de los apóstoles que llega hasta nosotros”.
  2. Y porque “es necesario que cualquier Iglesia esté en armonía con esta iglesia (de Roma), cuya fundación es la más garantizada —me refiero a todos los fieles de cualquier lugar—, porque en ella […] han conservado la Tradición apostólica” (Contra los herejes, 3,1).

Tertuliano y la sucesión apostólica

Lo mismo hace Tertuliano cerca del año 200 al escribir contra los herejes. Argumenta que los fundadores de los herejes vivieron mucho después que los apóstoles y los reta a comprobar cómo sus ideas tienen origen en los mismos apóstoles.

“Si existen [herejías] los suficientemente audaces para plantarse en la Era Apostólica… que muestren los registros originales de sus iglesias; que desplieguen la lista de sus obispos en sucesión desde el principio, de tal manera que [su primer obispo] pueda mostrar que quien lo ordenó y lo precedió fue uno de los apóstoles o de los hombres apostólicos” (Prescripciones contra todas las herejías, 32).

La afirmación de Tertuliano también nos muestra que las Iglesias mantenían registros que las ligaban a alguno de los apóstoles, pues entendían la importancia de verificar que ahí se había salvaguardado el mensaje recibido. Hasta el presente, la Iglesia católica guarda estas listas de sucesión que muestran cómo los obispos pueden identificar a sus predecesores hasta llegar a un apóstol.

Este artículo se publicó en la edición de la revista de El Pueblo Católico titulada «El tesoro de los Apóstoles». Lee todos los artículos o la edición digital de la revista AQUÍ. Para suscribirte a la revista, haz clic AQUÍ.

 

Fuente principal: The Early Church was the Catholic Church, Joe Heschmeyer, Catholic Answers.

Vladimir Mauricio-Pérez
Vladimir Mauricio-Pérez es el editor de El Pueblo Católico y el gerente de comunicaciones y medios de habla hispana de la arquidiócesis de Denver.
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