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miércoles, octubre 5, 2022
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Para comprender tu misión, primero debes comprender la misión de la Iglesia

Si quieres vencer, tendrás que entregarte. Es posible que esta paradoja nos confunda, pero Jesús nos enseñó con su vida que la clave para conquistar la muerte es entregarse al Padre con confianza. Así lo demuestran los momentos clave de la historia de la salvación: Noé escuchó a Dios y construyó el arca, Abraham dejó su país por una tierra desconocida y después estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo, David enfrentó a Goliat con fe en Dios y cinco piedras y, al final, Jesús confió en el plan que el Padre tenía para él y se entregó en la cruz por nosotros.

A lo largo de nuestro proceso de escucha durante las reuniones del sínodo arquidiocesano hemos puesto nuestra confianza en el Padre y nos hemos entregado a su plan para la Iglesia en el presente. La pregunta que hemos planteado es “¿Cómo nos está llamado Dios a llevar el Evangelio a una sociedad que es intencionalmente secular?”.

Lo primero que debemos hacer es tener un encuentro personal con Jesús a través de los sacramentos, tal como lo he dicho en columnas y charlas anteriores. Asimismo, con la ayuda de su gracia, hemos de buscar “tener la mente de Cristo” y cultivar una aproximación apostólica al mundo para así estar equipados espiritualmente para enfrentar los retos.

Cualquier estratega diría que, para poder obtener la victoria, primero debemos comprender la misión. Así que me gustaría exponer la misión de varias partes esenciales de la Iglesia sin pretender dar una lista exhaustiva. Tomando estas misiones en cuenta, te invito a que escuches al Espíritu Santo y le preguntes cómo se pueden llevar a cabo, y que después compartas lo que escuchaste en oración con tu parroquia, familia y amigos.

Misión de la Iglesia

La Iglesia existe para extender la misión de Jesús en el tiempo, que consiste en rescatar a todas las personas y, a través del Espíritu Santo, impartir en ellos la vida de Jesús. Esto nos une de nuevo a Dios Padre y lo glorifica. Jesús mismo resume esta misión de la mejor manera: “Vayan pues y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19).

Misión de la parroquia

La misión de la parroquia está directamente ligada a la misión de la Iglesia, ya que lleva la misión de rescate de Jesús a las comunidades locales. Mientras que la misión central es la misma en cualquier parroquia, la manera en que se lleva a cabo varía, debido a la diferencia de necesidades locales, talentos y culturas.

Para usar una analogía, la parroquia es como como una embajada en territorio extranjero. Al entrar, debe ser evidente que es un lugar diferente y que las personas ahí son diferentes. Tal como una embajada, esta base no está sujeta a las reglas del país en el que se encuentra, y mientras uno está en ella, no puede ser detenido por ese país.

En este contexto, el país extranjero en el que vivimos es el mundo, y el gobernante es Satanás. Pero uno puede desertar y dejar de estar sujeto al poder del pecado y la muerte. Las parroquias están llamadas a ser estas embajadas del Reino de Dios y extender la ciudadanía y la libertad al mayor número de personas posible.

Misión del discípulo

Un discípulo es un estudiante al que se le confía transmitir el modo de vida y las enseñanzas de su maestro. En la vida cristiana, esto significa encontrarse con Jesús, experimentarlo de una manera personal y aceptarlo como nuestro Señor, confiando en él y permitiendo que dirija nuestras vidas. La misión del discípulo consiste en ser santo. Este proceso comienza con nuestro bautismo, cuando nos hacemos hijos del Padre a través de Jesús, y es sustentado por los sacramentos, sobre todo la Eucaristía y la confesión. Aunque el camino varía según los dones que Dios nos ha dado y el llamado que nos ha hecho, cada persona ha recibido la tarea de llevar la reconciliación, sanación y libertad de Jesús a otros.

Misión de la familia

Para muchas personas, la familia es el lugar principal en el que sirven como discípulos. Es el lugar en el que ofrecen el don de ellos mismos a su esposo o esposa, hijos, hermanos y padres. De hecho, san Juan Pablo II llamó a la familia “la célula fundamental de la sociedad, cuna de la vida y del amor en la que el hombre ‘nace’ y ‘crece’” (Christifidelis Laici, 40).

No tendremos la fuerza para amar desinteresadamente a nuestras familias, nuestra parroquia, nuestros vecinos o nuestros enemigos a menos que reconozcamos nuestra dependencia de Dios y su amor y permitamos que él nos sostenga.

Misión de las escuelas católicas

Cualquier discusión sobre las escuelas católicas debe comenzar con el hecho de que los padres son los primeros educadores de los hijos y, por lo tanto, de que tienen la responsabilidad de formarlos en la fe. De hecho, las escuelas que mejor desempeñan su labor son aquellas en que los padres ponen los cimientos espirituales y los maestros edifican sobre ellos.

La misión de una escuela católica consiste en guiar a los niños y jóvenes a Jesús, en ayudarlos a madurar en su fe y prepararlos para compartirla con el mundo. Es decir, que, aunque los estudios académicos y los deportes forman parte de la educación de los alumnos, no son el aspecto más importante de esta.

 

A medida que avanzamos en este proceso de discernimiento sinodal y pedimos al Espíritu Santo que nos comunique qué quiere hacer en la arquidiócesis de Denver, es importante tener cierta claridad sobre la misión de estas diferentes áreas de la Iglesia, pues esto nos prepara para oír su respuesta.

La historia de la Iglesia demuestra que nada es imposible si estamos dispuestos a confiar en el Padre. ¿De qué otra manera hubieran unos simples pescadores de Galilea cambiado el mundo y entregado sus vidas por la fe? Dios nos ha creado para este tiempo, y si confiamos en él y pedimos su gracia, lo imposible se hará realidad.

Este artículo se publicó en la edición de la revista de El Pueblo Católico titulada «¿Cuál es tu misión?». Lee todos los artículos o la edición digital de la revista AQUÍ. Para suscribirte a la revista, haz clic AQUÍ.

 

Arzobispo Samuel J. Aquila
Mons. Samuel J. Aquila es el octavo obispo de Denver y el quinto arzobispo. Su lema es "Haced lo que él les diga" (Jn 2,5).
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