Pentecostés, una realidad viva de fe y alegría

Por: Abram León

La Iglesia nos invita a preparar nuestros corazones para la gran fiesta de Pentecostés. Con ella se corona la Pascua y es una fiesta muy importante porque fue cuando se derramó El Espíritu Santo sobre la Iglesia reunida en el aposento alto. Dice en el libro de los Hechos de los Apóstoles, que 120 discípulos se encontraban reunidos entre ellos los apóstoles y María la madre de Jesús.

Esta venida del Espíritu Santo es lo que celebramos año a año cincuenta días después de la resurrección del Señor, esta fiesta de Pentecostés la debemos celebrar con fe y alegría.

Con fe, porque la Palabra de Dios es viva y es actual, y es una promesa de Jesucristo a los discípulos, pero también esta promesa es para nosotros hoy. Jesucristo antes de entrar a su pasión les dijo estas palabras a sus discípulos: “Mucho tengo todavía que decirles, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga el Espíritu de la verdad, los guiará hasta la verdad completa, pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y les explicará lo que ha de venir”. (Jn.16, 12-13)

Estas palabras de Jesús son también para nosotros los que tenemos fe, los que creemos en las promesas de Dios, los que sabemos que Pentecostés no es solo un hecho histórico que sucedió hace más de dos mil años y que hoy es solamente un recuerdo. No, estas palabras de Jesús, son para nosotros y nos deben producir alegría porque no estamos solos, porque el Espíritu Santo está a cargo de guiarnos a la verdad completa, y nos explicará lo que ha de venir.

Esta promesa se cumplió en el día de Pentecostés, cuando los discípulos estaban encerrados orando, esperando en la promesa del Señor.  Pero también estaban con miedo, con inseguridad y con muchas dudas en sus corazones. Muchos de nosotros quizás también nos sentimos así. Pero dice la Escritura: “Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos con un mismo objetivo. Y de repente vino del cielo un ruido como una impetuosa ráfaga de viento que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos, se llenaron todos de Espíritu Santo y se pusieron a hablar en diversas lenguas según el Espíritu les concedía expresarse”. (Hech. 2,1-4)

Aquí vemos la fiesta de Pentecostés, el cumplimiento de la promesa que produce fe y alegría. La preocupación y el miedo de la Iglesia que se encontraba encerrada, se transforma en valentía y el gozo que solo el Espíritu Santo da a los que creen en las promesas de Dios. En la Renovación Carismática Católica, celebramos esta fiesta con fe y con alegría, porque es un regalo que el Espíritu Santo, ha dado a la Iglesia: “Gracias al movimiento carismático numerosos cristianos, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, han redescubierto Pentecostés como realidad viva y presente en su vida diaria. Deseo que la espiritualidad de Pentecostés se difunda en la Iglesia, como renovado impulso de oración, de santidad, de comunión y de anuncio,” dijo San Juan Pablo II en vísperas de la solemnidd de Pentecostés el 29 de mayo de 2004.

Hoy más que nunca nosotros necesitamos una cultura de Pentecostés, una oración unida en un mismo objetivo, como los 120 discípulos invitemos a María nuestra madre y con ella juntos exclamemos: ¡Ven Espíritu Santo! lanzando un grito de fe y alegría con esperanza en medio de la persecución que estamos sufriendo en estos días. Estoy convencido que Pentecostés, no es solo una fiesta, es una realidad viva en la Iglesia católica.

Que El espíritu Santo venga con poder a renovar la faz de la tierra.

Próximamente: Hoy la Iglesia celebra la memoria de “María, Madre de la Iglesia”

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Este 1 de junio la Iglesia celebra la memoria de la Santísima Virgen María Madre de la Iglesia, cuya fecha fue establecida el lunes siguiente a Pentecostés.

El Vaticano estableció la memoria a través de un Decreto de la Congregación para el Culto Divino firmado el 11 de febrero de 2018.

El documento sostiene que el Papa Francisco “consideró atentamente que la promoción de esta devoción puede incrementar el sentido materno de la Iglesia en los Pastores, en los religiosos y en los fieles, así como la genuina piedad mariana”.

En el decreto, la misma Congregación señala que “esta celebración nos ayudará a recordar que el crecimiento de la vida cristiana, debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos”.

“La gozosa veneración otorgada a la Madre de Dios por la Iglesia en los tiempos actuales, a la luz de la reflexión sobre el misterio de Cristo y su naturaleza propia, no podía olvidar la figura de aquella Mujer, la Virgen María, que es Madre de Cristo y, a la vez, Madre de la Iglesia”, precisa el texto.

En una de sus columnas semanales, el Arzobispo de Los Ángeles, Mons. José Gomez, indicó que los primeros cristianos “tenían una conciencia profunda de que la Iglesia era su ‘madre’ espiritual, que los daba a luz en el bautismo, constituyéndolos en hijos de Dios a través de los sacramentos”.

También en el Nuevo Testamento “los apóstoles a menudo se referían a los fieles como a sus hijos espirituales, reflejando así nuevamente su comprensión de que la Iglesia es nuestra madre y nuestra familia”.

“Y en esto, los primeros cristianos entendieron que María era el símbolo perfecto de la maternidad espiritual de la Iglesia”, afirmó Mons. Gomez.

Por ello, señaló que la nueva memoria que los católicos celebrarán el 21 de mayo es “un profético redescubrimiento de una antigua devoción”.

En el siglo XX, el Papa Pablo VI, dirigiéndose a los padres conciliares del Vaticano II, declaró que María Santísima era Madre de la Iglesia.

La memoria “Virgen María, Madre de la Iglesia” recuerda que ella es Madre de todos los hombres y especialmente de los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, desde que es Madre de Jesús por la Encarnación.

Así lo confirmó Jesús desde la Cruz, antes de morir, al apóstol San Juan, y el discípulo la acogió como Madre.

La piedad de la Iglesia hacia la Santísima Virgen es un elemento intrínseco del culto cristiano, cumpliendo así la profecía de la Virgen, que dijo: “Me llamarán Bienaventurada todas las generaciones” (Lc 1,48).

 

Artículo publicado originalmente en Aciprensa.

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