¿Podemos decir que la Iglesia es santa?

Monseñor Jorge De los Santos

(Foto de Catholic News Agency)

Frente a los lamentables hechos ocurridos en las últimas semanas entre algunos miembros de la jerarquía católica, algunas personas se preguntan si la afirmación “Creo en la Iglesia que es una, santa católica y apostólica”, sigue teniendo validez.

El No.811 del Catecismo de la Iglesia Católica dice: “‘Esta es la única Iglesia de Cristo, de la que confesamos en el Credo que es una, santa, católica y apostólica’ (LG 8). Estos cuatro atributos, inseparablemente unidos entre sí (cf DS 2888), indican rasgos esenciales de la Iglesia y de su misión. La Iglesia no los tiene por ella misma; es Cristo, quien, por el Espíritu Santo, da a la Iglesia el ser una, santa, católica y apostólica, y Él es también quien la llama a ejercitar cada una de estas cualidades”.

En el No.823: “‘La fe confiesa que la Iglesia… no puede dejar de ser santa. En efecto, Cristo, el Hijo de Dios, a quien con el Padre y con el Espíritu se proclama ‘el solo santo’, amó a su Iglesia como a su esposa. Él se entregó por ella para santificarla, la unió a sí mismo como su propio cuerpo y la llenó del don del Espíritu Santo para gloria de Dios’ (LG 39). La Iglesia es, pues, ‘el Pueblo santo de Dios’ (LG 12), y sus miembros son llamados ‘santos’ (cf Hch 9, 13; 1 Co 6, 1; 16, 1).”

En el No.824: “La Iglesia, unida a Cristo, está santificada por Él; por Él y con Él, ella también ha sido hecha santificadora. Todas las obras de la Iglesia se esfuerzan en conseguir ‘la santificación de los hombres en Cristo y la glorificación de Dios’ (SC 10). En la Iglesia es en donde está depositada “la plenitud total de los medios de salvación’ (UR 3). Es en ella donde “conseguimos la santidad por la gracia de Dios” (LG 48).”

En el No.825: “La Iglesia, en efecto, ya en la tierra se caracteriza por una verdadera santidad, aunque todavía imperfecta” (LG 48). En sus miembros, la santidad perfecta está todavía por alcanzar: ‘Todos los cristianos, de cualquier estado o condición, están llamados cada uno por su propio camino, a la perfección de la santidad, cuyo modelo es el mismo Padre’ (LG 11).”

 

De aquí se deducen tres motivos principales por los que afirmamos que la Iglesia es Santa:

  1. Es santa por causa de Cristo: El fundador de la Iglesia es Jesucristo, el Hijo de Dios, segunda persona de la santísima trinidad. Él es el santo de los santos y la fuente de toda santidad, el “único santo”, del cual los demás santos lo son por participación de la santidad de Él.
  2. Es santa por los medios de santificación que ella administra: La santidad consiste en poseer la gracia santificante. Sabemos que solo se puede dar lo que se posee. Entonces, si la Iglesia proporciona los medios de santificación es porque ella posee la vida de la gracia, la cual procede de su fundador ya que la Iglesia es Cristo mismo. Los medios de santificación sobreabundan en la Iglesia, los principales son los sacramentos. Ellos aumentan o infunden la gracia santificante en quienes los reciben. La doctrina de la Iglesia, sus preceptos y sus consejos también forman parte de esos medios de santificación; todo ello combate el mal y el pecado, encamina a la virtud más alta y produce los resultados más benéficos para la salvación hombre.
  3. La Iglesia es santa en sus miembros: Son muchas las veces que San Pablo se refiere a los miembros de la Iglesia como “santos”. Todo aquel que posee la gracia y mantiene el estado de gracia de manera continua puede ser llamado, en sentido amplio, santo. Pero, además, en sentido más estricto, son santos aquellos hombres y mujeres que fueron reconocidos oficialmente como tales por la autoridad de la Iglesia mediante un riguroso y exhaustivo proceso de canonización.

En el No.829: “‘La Iglesia en la Santísima Virgen llegó ya a la perfección, sin mancha ni arruga. En cambio, los creyentes se esfuerzan todavía en vencer el pecado para crecer en la santidad. Por eso dirigen sus ojos a María’ (LG 65): en ella, la Iglesia es ya enteramente santa.”

Sabemos que siempre está latente una cuestión: Si la Iglesia es Santa, ¿cómo se explican los pecados que algunos de sus miembros cometen? Jesucristo mismo nos da la respuesta pues Él comparó su Iglesia a una red que recoge malos y buenos peces (Mt 13, 47-50); al campo donde la mala hierba crece entre el trigo (Mt 13, 24-30); a la fiesta de nupcias, a la cual uno de los convidados se presenta sin la vestimenta nupcial (Mt 22, 11-14). Nuestro señor Jesucristo, al fundar su Iglesia, ya sabía que en su seno habría de encontrarse personas que no serían fieles al llamado a la santidad.

Lamentablemente muchos pecados graves han sido cometidos por miembros y dirigentes de la Iglesia Católica. Pero ella es Santa, no porque todos sus miembros sean santos, sino porque Dios es Santo, y está actuando en ella continuamente, y porque su fundador, Jesucristo, es Santo.

 

Próximamente: El contexto para cubrir la crisis de la Iglesia

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Por: Mark Haas

La Iglesia católica ha reducido el número de supuestas acusaciones de abuso sexual de menores en un 95 por ciento.

Si solo algo se te queda de este artículo, que sea que desde la peor década de la Iglesia en 1970, los datos reportados muestran un descenso en las acusaciones de un 95 por ciento en la década del 2000, y 98 por ciento en la del 2010 (fuente: : CARA/Georgetown).

Ahora, obviamente, incluso una nueva instancia ya es demasiado, pero en base a mi experiencia como director de relaciones públicas de la Arquidiócesis de Denver, he visto cómo la cobertura en los medios pueden llevar a la gente a creer que las condiciones actuales de la Iglesia católica no han cambiado. Como periodista, se cómo a los medios de comunicación les gusta enfatizar “nuevos detalles”, o “nuevo reporte”, o “nuevas acusaciones”, que pueden ser verdad, pero los últimos meses ha sido mayormente “nueva información “sobre casos de hace 25 o 50 años.

Entonces, ¿cómo separamos el pasado del presente? No deseamos cerrar la puerta al pasado, pero también queremos que la gente sepa que pueden tener confianza en la Arquidiócesis de Denver en el 2018.

Uno de los desafíos al que nos enfrentamos al asegurarnos que nuestra historia sea entendida correctamente es que muchas personas ven las noticias de una manera muy superficial.

Una encuesta reciente realizada por Colorado Media Project encontró que el 59 por ciento de las personas solo lee los titulares o los resúmenes de la cobertura de noticias. (Por eso por lo que me aseguré de poner la información más importante en la primera línea de este articulo).

Lo que he visto es que cuando los medios de comunicación aquí en Denver sacan una historia: “Ex – sacerdote de Colorado implicado en el reporte de abuso a menores de Pennsylvania”, muchas de las personas que ven el titular en las redes sociales no se dan cuenta que el sacerdote estuvo aquí solo por siete meses en 1983 y que la Arquidiócesis de Denver no ha tenido reportes de mala conducta antes, durante o después de su corta visita. Todo lo que ven es un informe negativa de la Iglesia católica.

Hablando del reporte del Gran Jurado de Pennsylvania, creo que la mayoría de las personas han visto o escuchado que contiene “300 sacerdotes y 1.000 víctimas”, pero ¿cuántas de las cadenas noticiosas se tomaron el tiempo para mencionar que solo el 3 por ciento de esos supuestos incidentes ocurrieron desde el 2002? Si estás preocupado por saber si la Iglesia católica es un lugar seguro para tus hijos en el 2018, sería interesante para ti saber que más maestros de las escuelas de Pennsylvania perdieron sus licencias en el 2017 por conductas sexuales indebidas (42), que el total de las acusaciones en la Iglesia católica de los Estados Unidos entre el 2015 y el 2017 (22). Son 42 maestros en un estado en un año, en comparación a 22 acusaciones en todo el país en tres años. Voy a detenerme aquí y reconocer que no todo es perfecto en la Iglesia católica. Aún hay casos de abuso sexual a menores que desconocemos, y aún tenemos esas pocas acusaciones nuevas. Si bien hemos hecho grandes mejoras, debemos continuar buscando formas de ser mejores, más responsables y más transparentes, para que los mismos problemas no se repitan.

También debemos mostrar la mayor compasión por los sobrevivientes y continuar ofreciendo nuestra ayuda en su recuperación continua.

Sabiendo que estos eventos han sido experiencias devastadoras para las personas, es difícil tener una discusión que analice el tema en términos de estadísticas, patrones y análisis de datos. Tampoco es correcto argumentar que esto es solo un problema de la sociedad, y que otros son mucho peores que nosotros. Admito que he hecho ambas cosas en esta columna, porque en última instancia creo que el contexto es importante.

Debemos mostrar como Iglesia a cualquier víctima y a sus familias nuestro compromiso continuo en abordar el problema. Y creo que se lo debo a muchos sacerdotes maravillosos de nuestra arquidiócesis, para defenderlos, para que no sean presentados como parte de los problemas del pasado.

Piénselo de esta manera: si tomáramos otra crisis que está plagando a Estados Unidos (violencia con armas de fuego, adicción a los opioides, obesidad) y alguien encontró la manera de reducir uno de estos problemas en un 95 por ciento, ¿no valdría la pena hablar de eso?

De hecho, ¿no sería ese el titular que vería el 59 por ciento de los lectores de titulares?

 Traducido del original en ingles por Mavi Barraza