Columna del Obispo: ¿Por qué soy católico?

Obispo Jorge Rodríguez

Por el obispo Jorge Rodríguez.

Ser Católico

 “¿Por qué soy católico?” Con este tema se abre la nueva edición de la revista de El Pueblo Católico. Para ayudarte a elaborar tu respuesta personal a esta pregunta, permíteme decirte la mía.

Porque nací en una familia católica, me bautizaron católico y me educaron en la fe católica. Contribuyó también que nací en un país de mayoría católica y consecuentemente las probabilidades de nacer en el seno de una familia católica eran muy altas. Si hubiera nacido en Arabia Saudita muy probablemente ahora estaría de peregrinación a la Meca; y si mis padres hubieran sido adventistas, este sábado me encontrarían ustedes en el templo del Séptimo Día.

Pero como sabemos que para Dios no hay casualidades o situaciones no planeadas, y todo sucede conforme a su designio divino, la pregunta “¿Por qué soy católico?” cobra una profundidad inesperada. Significa que,

…nací de padres católicos, en un país católico y me bautizaron católico por un designio de la voluntad santísima de Dios que me quiso, a mí, católico.

¿Por qué? ¿Se me concedió un privilegio? ¿Se me dio un pase seguro al cielo por ser católico? ¿Estoy más consentido que otros que no tuvieron la fortuna de nacer en una familia católica? También en este punto la pregunta del porqué se hace más complicada, porque sabemos que Dios ama a todos sus hijos independientemente de raza, color, religión o cultura, y se me hace difícil pensar que a mí me haya consentido y a otros no.

Entonces, no fue una casualidad que yo haya nacido católico y no fue un don de Dios para hacerme la vida más fácil y el cielo más seguro. Pero una cosa es cierta: Dios me quiso católico desde toda la eternidad.

Pienso que Dios me dio la gracia bautismal en la Iglesia Católica como un gesto de grande confianza en mí, y eso me honra mucho. Me hizo nacer en la verdadera Iglesia fundada por Jesucristo.

“El sagrado Concilio fija su atención en primer lugar, en los fieles católicos. Y enseña, fundado en la Sagrada Escritura y en la Tradición, que esta Iglesia peregrinante es necesaria para la salvación. El único Mediador y camino de salvación es Cristo, quien se hace presente a todos nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia. A esta sociedad de la Iglesia están incorporados plenamente quienes, poseyendo el Espíritu de Cristo, aceptan la totalidad de su organización y todos los medios de salvación establecidos en ella, y en su cuerpo visible están unidos con Cristo, el cual la rige mediante el Sumo Pontífice y los Obispos, por los vínculos de la profesión de fe, de los sacramentos, del gobierno y comunión eclesiástica” (L.G., n.14).

Ahora entiendo por qué Dios me quiso católico desde toda la eternidad: para ayudarle en la misión de convocar a todos sus hijos esparcidos por el mundo en esta Iglesia, la única que posee todos los medios de salvación que Cristo dejó a su Pueblo.

Por tanto, ser católico no es un privilegio, no es una membresía de club, no es un favoritismo ni un hacerme especial respecto a los demás. Ser católico es recibir de Dios la responsabilidad de ser un misionero del Evangelio, para llevar la vida divina a todos por medio de los sacramentos, de la Escritura, del amor del Espíritu, de la auténtica doctrina de la fe cristiana, en una comunidad de hermanos guiados por los legítimos pastores que Cristo asignó a su Iglesia.Abandonar la fe católica no es solamente abandonar la fe de nuestros padres -esa fe en la que creyeron y murieron- sino, sobre todo, significa apartarse del plan providente de Dios que te hizo nacer en el seno de una familia católica, donde se profesaba la fe íntegra y se celebraban los sacramentos instituidos por nuestro Señor Jesucristo. Es verdad que hemos sido testigos de hermanos que han dejado la Iglesia Católica. Algunos se plantean la cuestión de si vale la pena quedarse en ella o no. Otros la dejan, y luego la atacan. Pero recuerda siempre:

tú eres católico o católica por un designio eterno de Dios. Él así lo quiso para ti.

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Próximamente: 5 santos latinoamericanos que quizás no conocías

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Durante los últimos cinco siglos, el continente americano, ha contado con grandes santos. San Juan Diego, Santa Rosa de Lima o San Martin de Porres, son solo algunos de los santos que gozan de una gran devoción popular por parte de la comunidad latinoamericana.

No obstante, este septiembre, Mes de la Herencia Hispana, nos invita a reflexionar más a fondo sobre la vida de los santos menos conocidos que han impactado profundamente diferentes países latinoamericanos a través de su fe y trabajo, y cuyo ejemplo tiene el poder de impactar a personas en cualquier parte del mundo.  Te presentamos algunos santos que quizás no conocías.

 

Santo Toribio de Mogrovejo
1538-1606
Perú

Nacido en Valladolid, España, Toribio era un joven piadoso y un destacado estudiante de derecho.  Como profesor, su gran reputación llegó hasta los oídos del rey Felipe II, quien finalmente lo nominó para la Arquidiócesis vacante de Lima, Perú, a pesar de que Toribio ni siquiera era un sacerdote.  El Papa aceptó la solicitud del rey a pesar de las protestas del futuro santo. Antes del anuncio oficial, fue ordenado sacerdote, y unos meses después, obispo.  Pasó por su arquidiócesis evangelizando a los nativos y se dice que bautizó a casi medio millón de personas, incluyendo a Santa Rosa de Lima y San Martin de Porres.  Aprendió los dialectos locales, produjo un catecismo trilingüe, luchó por los derechos de los nativos e hizo de la evangelización un tema principal de su episcopado.  Además, trabajó devotamente para una reforma arquidiocesana después de darse cuenta de que los sacerdotes diocesanos estaban involucrados en impurezas y escándalos.  Santo Toribio de Mogrovejo predijo la fecha y hora de su muerte, y sus retos están enterrados en la catedral de Lima, Perú.

 

Santa Mariana de Jesús Paredes
1618-1645
Ecuador

Mariana nació en Quito, y no solo se convirtió en la primera santa de ese país, sino que también fue declarada heroína nacional por la Republica del Ecuador.  Cuando era niña, Mariana mostró un profundo amor por Dios y se sometía a largas horas de oración y sacrificio.  Intentó integrarse a una orden religiosa en dos ocasiones, pero varias circunstancias no lo permitieron.  Esto llevó a Mariana a darse cuenta de que Dios la estaba llamando a la santidad en el mundo.  Construyó una habitación al lado de la casa de su hermana y se dedicó a la oración y a la penitencia, viviendo milagrosamente solo de la Eucaristía.  Era conocida por poseer los dones de consejo y profecía.  En 1645, los terremotos y las epidemias estallaron en Quito, por lo que ella ofreció su vida y sufrimientos para ponerles fin.  Terminaron luego de que ella hizo su ofrenda.  El día de su muerte, se dice que un lirio brotó de la sangre que se extrajo y se vertió en una maceta, lo que le dio el nombre de La “Azucena de Quito”.

 

 

Santa Teresa de Los Andes
1900-1920
Chile

Santa Teresa de Jesús de los Andes fue la primera santa de Chile y la primera carmelita descalza en ser canonizada fuera de Europa. Nacida como Juana, cuando era niña la futura santa era conocida por su fuerte temperamento. Era orgullosa, egoísta y terca. A los seis años se sintió profundamente atraída por Dios, y su extraordinaria inteligencia le permitió comprender la seriedad de recibir la Primera Comunión. Juana cambió su vida y se convirtió en una persona completamente diferente a los 10 años, practicando el sacrificio y la oración profunda. A los 14 años, decidió convertirse en Carmelita Descalza y recibió el nombre de Teresa de Jesús. Profundamente enamorada de Cristo, la joven y humilde religiosa le dijo a su confesor que Jesús le dijo que moriría pronto, algo que aceptó con alegría y fe. Poco después, Teresa contrajo tifus y murió a la edad de 19 años. Aunque le faltaban 6 meses para terminar su noviciado, pudo profesar votos “en peligro de muerte”.  Alrededor de 100,000 peregrinos visitan su santuario en los Andes anualmente.

 

Santa Laura Montoya
1874-1949
Colombia

Luego de que su padre muriera en la guerra cuando ella era solo una niña, Laura se vio obligada a vivir con diferentes miembros de la familia en la pobreza. Esta realidad le impidió recibir educación formal durante su infancia. Lo que nadie esperaba es que un día se convirtiera en la primera santa de Colombia. Su tía la inscribió en una escuela a la edad de 16 años, para que se convirtiera en maestra y se ganara la vida en ese oficio. Ella aprendió rápidamente y se convirtió en una gran escritora, educadora y líder. Era una mujer piadosa y deseaba dedicarse a la evangelización de los nativos. Mientras se preparaba para pedirle ayuda al Papa Pío X, recibió la nueva Encíclica Lacrymabili Statu del Papa, sobre la condición deplorable de los indios. Laura lo vio como una confirmación de Dios y fundó los Misioneros del Inmaculado Corazón y Santa Catalina de Siena, trabajando para la evangelización de los nativos y luchando en su nombre para que fueran vistos como hijos de Dios.

 

San Manuel Morales
1898-1926
México

Manuel fue un laico y uno de los muchos mártires de la Guerra Cristera de México en la década de 1920. Se unió al seminario cuando era adolescente, pero tuvo que abandonar este sueño para poder mantener económicamente a su familia. Se convirtió en panadero, se casó y tuvo tres hijos. Sin embargo, este cambio no le impidió dar testimonio de la fe públicamente. Se convirtió en presidente de la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa, que estaba siendo amenazada por la administración del presidente Plutarco Elías Calles. Morales y otros dos líderes de la organización fueron tomados prisioneros mientras discutían cómo liberar a un amigo sacerdote del encarcelamiento por medios legales. Fueron golpeados, torturados y luego asesinados por no renunciar a su fe. Antes del ser fusilado, el sacerdote rogó a los soldados que perdonaran a Morales porque tenía una familia. Morales respondió: “Me muero por Dios, y Dios cuidará de mis hijos”. Sus últimas palabras fueron: “¡Viva Cristo Rey y Nuestra Señora de Guadalupe!”