“Porque tuve hambre y me disteis de comer”

Escritor Invitado

Por: Ana Galván de Tiscareño*

Llevo veintisiete años viviendo en Denver Colorado y una de las situaciones que siempre me ha causado tristeza es el de las personas que viven en la calle. Desde que vivía en mi natal Zacatecas, la primera vez que ví una estampa de San Martín de Tours fue dándole la mitad de su capa a un indigente desnudo. Me dijeron en aquel tiempo, que en realidad era Jesús que se había disfrazado pobre. Esto se quedó muy grabado en mi mente y era causa de meditación constante, aun sin saber la verdadera historia del santo de Tours.

De alguna manera siempre he tratado de ayudar a los sin techo; dedse el grupo de jóvenes nos organizábamos y llevábamos burritos a los albergues. Cuando trabajé en un restaurante en el en centro de la ciudad, ponía los sándwiches que tenía que echar a la basura en bolsa separada y a un lado del contenedor; ellos ya sabían que era comida limpia, otras veces mi esposo yo los llevábamos a los que vivían debajo de los puentes.

Con la creciente población e infraestructura en la ciudad de Denver Colorado, las rentas  y el nivel de vida han llegado a un nivel muy alto, aunado a esto, está el desempleo, nuevos residentes, problemas de: adicción y salud mental; violencia domestica y retirados del Servicio Militar. Las mujeres indigentes son la población más vulnerable. En 15 de abril de 2017 con la ayuda y fondos de la ciudad, Caridades Católicas, organismo de la Arquidiócesis de Denver, abrió un albergue para mujeres indigentes, el cual presta atención a 300 mujeres. De 30 a 40 por ciento son mayores de 60 años. Se les brinda una comida caliente por tarde y un lugar para pasar la noche. El albergue cuenta con 28 camas para residentes con estancia extendida y un programa de ayuda para dejar la indigencia.

Para mi iniciativa he escogido el capitulo 8 del Documento Conclusivo de Aparecida: La Opción Preferencial por los Pobres y Excluidos.  En la Primera Parte el documento nos dice: “La principal riqueza es la fe en Dios amor y la tradición católica que se manifiesta en la piedad popular y en la conciencia de la dignidad de la persona. (7)  En resumen el capitulo nos dice:

  1. a) Es uno de los rasgos que marca la fisonomía de la iglesia latinoamericana y caribeña.
  2. b) Esta opción esta implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza.
  3. c) Todo lo que tenga que ver con Cristo, tiene que ver con los pobres y todo lo relacionado con los pobres reclama a Jesucristo.
  4. d) De nuestra fe en Cristo, brota también la solidaridad como actitud permanente de     encuentro, hermandad y servicio, que ha de manifestarse en acciones y gestos visibles.

Tomando en cuenta que estas mujeres indigentes ya tienen un techo y comida, mi iniciativa consiste en alimentar su alma. Su alma que también necesita escuchar a Dios que les habla y eso puede ser posible con la oración y al escuchar la Sagrada Escritura “Cuando oramos hablamos con Dios, pero cuando leemos su palabra, es Dios quien habla con nosotros” (San Agustín). Deseo ofrecer al refugio la lectura de la Sagrada Escritura para sus residentes con una meditación, orar con ellas y por ellas. Aunque son personas que viven en la calle, sin familia, sin seguridad,  poseen la misma dignidad de ser humano dada por Dios desde el momento de su concepción y hasta que Dios las llame a su presencia. También deseo hablarles de su dignidad como personas amadas por Dios.

Junto con la propuesta anterior, he pensado en involucrar a mi grupo de clases de Sagrada Escritura, primero: hablándoles de la iniciativa y exhortándolos a colectar abrigos y ropa de invierno para el albergue, entre sus amigos y familiares; y eventualmente invitarlos a que ellos también me acompañen al refugio.

Para entender la opción preferencial por los pobres, es necesario tomar verdadera conciencia de quienes somos: somos seres infinitamente indigentes que eternamente  necesitamos del Buen Samaritano Jesús. El nos ha recogido del camino donde el mal nos había dejado tirados con una herida mortal. Es imperativo no olvidar el acto de amor salvador del Buen Samaritano al recogernos y el precio que pagó para dejarnos en la posada de la gracia.

Si no pensamos constantemente en cuál era nuestra condición en el camino, nos convertimos en el sacerdote y el levita que pasaron y “le dieron rodeo” (Lc 10, 32), dice el Papa que el Buen Samaritano se conmovió y esta compasión lo llevó a actuar, lo llevó a hacer actos concretos. “…sacó dos denarios y se los dió al posadero, diciendo: cuida de el y, si gastas algo más te lo pagaré cuando vuelva” (Lc 10, 35). Somos los posaderos para el sufriente, el sufriente que lleva el rostro de Cristo.  La parábola termina diciendo: “vete y haz tu lo mismo (Lc 10, 37).

Esta parábola nos lleva a pensar cual de los personajes podemos ser cada vez que encontramos al hermano, tirado en el camino de la pobreza, la tristeza, la desesperanza, el hambre, en la frontera, en la cárcel, al anciano olvidado, al niño en el vientre…para no escuchar las palabras mas terribles: “…apartaos de mi, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer…”(Mateo 25, 41 ss) Y es que donde hay hambre de Dios y de comida; sed de amor y justicia; encarcelados culpables o inocentes, enfermos del alma o del cuerpo; desnudos de ropa o de sus derechos; forasteros sin techo o en soledad, ahí está Cristo disfrazado esperando para encontrarnos, porque aún mucho más necesitados El nos ha rescatado.

  • Ana es estudiante de de último trimestre de la Universidad Anháuac en convenio con Centro San Juan Diego y hemos decidido publicar su trabajo del curso de Docrtrina Social de la Iglesia.

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“Declaro en verdad y con alegría en mi corazón – ante Dios y sus santos ángeles – que nunca he tenido ningún motivo en mi trabajo que el de predicar la Buena Noticia y sus promesas. Esta es la única razón por la que regresé aquí a Irlanda – lugar del que apenas escapé vivo”. Estas palabras del libro La Confesión de San Patricio reflejan la fuerza del Espíritu Santo que se desarrolló a través de Jesús cuando dio su vida en la cruz,  cuando inspiró a San Esteban, el primer mártir, y cuando continúa moviendo a personas alrededor del mundo para ser testigos de Cristo, sin importar el costo.

Esta semana celebramos las fiestas de dos hombres fuertes: San Patricio y San José. Ambos vivieron durante tiempos difíciles y buscaron vivir plenamente la fe. El ejemplo de estos hombres, nuestros predecesores en la fe nos proveen un modelo de una Cuaresma provechosa y también de una labor evangelizadora en una cultura que duda de todo.

San José era, de acuerdo con el evangelio de San Mateo, un “hombre justo” (Mt. 1:19) cuyo deseo de seguir a Dios en todo lo que hacía era evidente en sus acciones. Bajo la ley judía, José debía divorciarse de María porque la había encontrado embarazada luego de que ellos se habían comprometido, pero antes de que vivieran juntos. Y así, José vio cuán pura y buena era María.

Cuando un ángel apareció a San José en un sueño y le dijo que María estaba embarazada por obra del Espíritu Santo, él no dudó en traerla a su casa, aún cuando sus compañeros creyentes ciertamente cuestionaran su integridad y la de ella. Esta es una lección muy valiosa para las personas de fe de hoy. Es mucho mejor seguir el plan de Dios para nosotros que estar de acuerdo con lo que la sociedad considera sabio.

Esto lo vemos también en la disposición de San José de huir a Egipto a instancias de otro sueño angelical. Quizás él tendría que conformar su corazón con el del plan del Padre cuando escuchó al profeta Simeón predecir que una espada atravesaría el corazón de María y que Jesús sería un “signo de contradicción” (Lc. 2: 22 – 36). Seguramente su corazón pudo haber estado movido por el deseo de proteger a su esposa y a su hijo adoptivo, pero él también pudo ver que Dios estaba en sus obras y en las de su familia.

Cuando San Patricio tenía unos 15 años, fue capturado de su casa en Gran Bretaña occidental por piratas irlandeses y fue vendido en esclavitud. Pasó seis años como esclavo cuidando los rebaños de su amo, pero durante este tiempo se fue acercando progresivamente a Dios y a la fe que previamente había desechado.

Después de regresar a casa cuando escapó de la esclavitud en Irlanda, Patricio tuvo una visión en la cual los irlandeses lo llamaron para que regresara. “¡Niño santo!”, clamaron usando el apodo con el que se burlaron de él cuando eran esclavos: “Ven y camina con nosotros”. Curiosamente, en lugar de enojarse, San Patricio dijo que su corazón se conmovió con estas plegarias.

San Patricio supo lo que estaba enfrentando. Una tierra poblada de 150 tribus cada una liderada por un rey, una sociedad influenciada por los druidas (clase sacerdotal que tenían una gran influencia en la sociedad celta n.d.t) y otras religiones paganas y la Iglesia cristiana contaban probablemente solo en cientos. Pero San Patricio no se desanimó y con fe y alegría se dirigió a Irlanda.

En las mentes y corazones de Irlanda había muchas ideas en conflicto (muchas de ellas dañinas) compitiendo como ocurre ahora. Mientras recorremos nuestro camino a lo largo de la Cuaresma y buscamos una intimidad más grande con Dios – quien es el camino, la verdad y la vida – pidamos la fe fuerte de San José y San Patricio que nos ayude en nuestro caminar. Escuchemos la voz de Dios, la voz de Jesús y no la del mundo, o lo que es peor, la del diablo.

Con el don de la fe y la fuerza del Espíritu Santo, digamos como San Patricio: “Dios escuchó mis plegarias para que yo, por tonto que fuera, pudiera atreverme a emprender una misión tan santa y maravillosa en estos últimos días – que, a mi manera, podría ser como aquellos que Dios dijo que vendrían a predicar y ser testigos de las buenas nuevas para todos los no creyentes … “.

Traducido del original en inglés por Carmen Elena Villa @CalenVilla