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Principios bíblicos que apoyan la intercesión de los santos

La Biblia contiene principios que apoyan la práctica de pedir la intercesión de los santos en el Cielo. A continuación, presentamos cuatro de estos principios importantes y abordamos algunas objeciones comunes.

Principios bíblicos
1. Debemos orar unos por otros

San Pablo dice: “Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres” (1 Tim 2,1).

2. Es lícito pedir a otros que oren por nosotros

San Pablo dice: “Les suplico, hermanos…, que luchen juntamente conmigo en sus oraciones rogando a Dios por mí” (Rom 15,30).

3. La oración de una persona justa o santa tiene un poder especial

Santiago dice: “La oración ferviente del justo tiene mucho poder” (Sant 5,16).

4. Los santos y los ángeles en el Cielo sí pueden escuchar nuestras oraciones y las presentan a Dios

El libro del Apocalipsis dice: “Los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero. Tenía cada uno una cítara y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos” (Ap 5,8).

“Y por mano del ángel subió delante de Dios la humareda de los perfumes con las oraciones de los santos” (Ap 8,4).

«Veinticuatro ancianos»

Nadie suele tener objeciones con respecto a los primeros tres principios. Es el cuarto principio el que se suele cuestionar.

La mención de los “veinticuatro ancianos” se refiere a la Iglesia celestial, es decir, a los santos en el Cielo, y no a los ángeles, pues estos se mencionan por separado. Los ancianos tienen características sacerdotales: el número veinticuatro recuerda el numero de divisiones entre los sacerdotes levitas (cf. 1 Cro 24-25); la cítara que cada uno sostiene (cf. Ap 5,8) apunta igualmente al pasaje anterior, en el que los sacerdotes tocan para el Señor (cf. 1 Cro 25,6); y el incienso o perfume (cf. Ex 30,35) que ofrecen ante el trono (cf. Ap 5,8) describe una función reservada para los sacerdotes (por ejemplo: Lc 1,5-9).

Sin embargo, las dos citas del Apocalipsis (Ap 5,8.8,4) también mencionan las “oraciones de los santos”. ¿Quiénes son estos “santos” que la Biblia menciona además de los ancianos?

Estos son los fieles cristianos que aún están en la tierra. San Pablo se refiere a los cristianos con el título de “santos” (Col 1,2). La Iglesia también llama a los fieles en el mundo “santos”, puesto que el término significa “apartado” o “consagrado a Dios”, como se ve en la enseñanza de la “comunión de los santos”. San Pablo los llama “santos” porque han sido apartados del mundo a través del bautismo.

Así vemos que los santos en el Cielo presentan las oraciones de los files (“santos en el mundo”) a Dios.

¿Aún no se justifica la oración a los santos?

Si bien la Biblia no nos dice explícitamente que los cristianos del tiempo de san Juan en el primer siglo ya comprendían por completo el concepto de que podían pedir la intercesión directa de los santos en el Cielo, esto no significa que sea ilícito hacerlo. De hecho, pronto comenzarían a hacerlo.

En un caso similar, la Biblia nunca nos dice que podemos pedirle directamente al Espíritu Santo, solo que el Espíritu Santo intercede por nosotros (cf. Rom 8,26-27). Sin embargo, los primeros cristianos infirieron que sí podían hacerlo y que no era algo ilícito.

Así la Iglesia primitiva sabía que los santos sí oraban por ellos, como lo describe el Apocalipsis. Y aunque no acostumbraran pedírselo directamente al principio, pronto llegarían a comprender que sí podían hacerlo y que no era nada malo, pues al final eran hermanos y aliados suyos que ya habían alcanzado la gloria del Cielo.

 “Rezar” no es adorar

Cuando decimos que le “rezamos” a un santo, no lo estamos adorando, sino que solo le estamos “pidiendo” o “suplicando” algo. Lo mismo hacemos con otras personas. Con frecuencia pedimos a otros que oren por nosotros. Esto es lo que les pedimos a los santos en el Cielo: que oren por nosotros.

Son compañeros y aliados nuestros. Sin embargo, su oración tiene un poder aún más grande, porque son “justos” (Sant 5,16). Ya han terminado la carrera y recibido la corona de gloria y están en presencia de Dios. ¿Quién no quiere amigos como ellos? Les hacemos peticiones sabiendo que el poder para concederlas no viene de ellos, sino de Dios mismo.

No es necromancia

Pedir la intercesión de un santo no es lo mismo que invocar a un espíritu o un muerto. La Biblia condena la necromancia (Dt 8,10-12), que con frecuencia se utilizaba para obtener algún conocimiento oculto. La Iglesia siempre ha condenado la adivinación, la necromancia, la magia, la hechicería, el espiritismo, etc. (CIC 2115-2117).

Pedir la intercesión de un santo no es lo mismo que conjurar a un muerto. Jesús mismo habló con Moisés y Elías en la Transfiguración (Lc 9,29-310) y sabemos que Moisés estaba muerto (Deut 34,5). David les habla directamente a los ángeles y les dice: “Bendigan al Señor, ángeles suyos, en cuanto oigan su palabra” (Sal 103,20); sin embargo, esto de ninguna manera implica que David estuviera haciendo algún tipo de conjuro para comunicarse con ellos. Vemos que hay una diferencia entre conjurar y hacer una petición en oración.

Además, se puede decir que aquellos fieles que ahora ven a Dios cara a cara, que han terminado la carrera y han salido triunfantes, en verdad están vivos. Jesús dice al referirse a los patriarcas fallecidos: “[Dios] no es un Dios de muertos, sino de vivos” (Lc 20, 37-38). Lo mismo alude san Pablo en su carta a los colosenses: “[Dios] los hizo [a ustedes] capaces de participar en la herencia de los santos en la luz” (Col 1, 11-12). Los santos en la luz son aquellos que ya gozan de la gloria celestial y participan de la herencia en su totalidad en presencia de Dios.

La Iglesia primitiva no veía a los fieles que habían fallecido en santidad como muertos inalcanzables que no tenían nada que ver con nosotros. Al contrario, los que los habían precedido aún formaban parte del mismo Cuerpo, que es la Iglesia, solo que ellos ya habían alcanzado la meta. San Pablo así ve a los patriarcas: “También nosotros, teniendo en torno nuestro tan grande nube de testigos… corramos con fortaleza la prueba que se nos propone” (Hb 12,1).

Esta visión de san Pablo pronto se extendería a los cristianos que murieron por su fe en la Iglesia primitiva, los mártires: «mártir» significa «testigo», el mismo título que san Pablo les da a los patriarcas.

No implica falta de fe en Dios

Alguien podría decir que hacerle una súplica a un santo implicaría poner nuestra fe en un humano y no en Dios.

Pero, si pedirle oraciones a un santo implica falta de fe en Dios, entonces también sería falta de fe pedirle a otra persona que orara por nosotros. Sin embargo, esto es absurdo, pues el mismo san Pablo pide oraciones a su comunidad (cf. Rom 15,30).

La única diferencia yace en que, al pedir la intercesión de un santo, se lo estamos pidiendo a alguien que ya está en el Cielo, en presencia de Dios, que es “justo” y ha sido completamente purificado, pues nada impuro entrará en el Cielo (cf. Ap 21,27).

Conclusión

Los santos en el Cielo ya han alcanzado la meta, han lavado sus vestiduras y están al pie del trono de Dios (cf. Ap 7,14-15); por eso, su intercesión es poderosa; por eso, son aliados nuestros y presentan nuestras oraciones a Dios. Pedir su ayuda no implica ponerlos en lugar de Dios, sino usar todos los medios que Dios nos ha dado para la salvación. Dios quiso que ellos presentaran nuestras oraciones como incienso en su presencia.

Desde luego, existen más cuestiones por abordar y aclarar en relación a este tema. Sin embargo, esperamos que esta explicación ayude a aclarar algunas dudas comunes.

 

Fuentes

«The Bible Supports Praying to the Saints«, Jimmy Akin

«Praying to Dead Folks«, Tim Staples

«The Bible Supports Praying to the Saints«, Fr. Mitch Pacwa

«Defending the Prayers of the Saints«, Carlo Broussard

«Intercession of the Saints-Revealed«, Carlo Broussard

«When Talking to the Dead is Good«, Tom Nash

Vladimir Mauricio-Pérez
Vladimir Mauricio-Pérez es el editor de El Pueblo Católico y el gerente de comunicaciones y medios de habla hispana de la arquidiócesis de Denver.
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