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¿Qué consiguió para mí la Resurrección?

Este artículo fue publicado en la edición de la revisa de El Pueblo Católico titulada “EL GRAN RESCATE”. Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

Por el Dr. R. Jared Saudt, Superintendente asociado de misión y formación para las escuelas católicas de Denver

VIDA EN ABUNDANCIA

“¿Has sido salvado?” Esta es una pregunta que quizá muchos de nosotros hemos escuchado al abrir la puerta. Pero ¿qué significa? El predicador protestante te diría que Jesús murió para perdonar tus pecados y que si crees que esto es verdad, entonces serás salvo. Creer es una parte importante de la salvación, pero de ninguna manera lo es todo. Ser salvo no implica solo el perdón de los pecados o recibir un pasaje directo al cielo: el deseo de Dios para ti es más grande que esto. Jesús nos da la mejor explicación de la salvación: “He venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Jn 10,10).

CRUZ Y RESURRECCIÓN

Durante la Cuaresma, caminamos con Cristo tomando nuestra cruz cada día a través de la oración, la penitencia y la limosna. La Cuaresma es un tiempo para abrazar la cruz, para apartarnos del pecado, de tal manera que podamos celebrar la Pascua con paz y alegría.
La cruz constituye un momento decisivo, pues elimina el obstáculo del pecado que había creado una distancia infinita entre Dios y nosotros. La cruz nos reconcilia para que seamos amigos de Dios, después de haber sido enemigos, como san Pablo lo expresa.
Sin embargo, san Atanasio señala que el hijo de Dios vino al mundo por la Resurrección:
Pues con el sacrificio del propio cuerpo puso también fin a la ley que pesa sobre nosotros y nos renovó el principio de vida, dándonos la esperanza de la Resurrección” (La encarnación del Verbo).
En efecto, la Resurrección ha dado inicio a una nueva creación, elevándonos de una vida en el mundo a una vida en el espíritu.

MIEDO A LA MUERTE

Además de la Resurrección corporal de Cristo, este evento marcó el inicio de una nueva vida para todos los que creen en él y se hacen miembros de su cuerpo místico, la Iglesia. La Resurrección traspasa el tiempo, pues Cristo mismo dice que él es la resurrección. Para los que creen, ya no hay más muerte, aunque tengamos que experimentar el paso temporal de este mundo al otro: “Yo soy la resurrección y la vida; quien crea en mí, aunque muera, vivirá, y aquel que viva y crea en mí nunca morirá” (Jn 11,25-26). La Resurrección debe darnos la confianza de que la muerte no tiene la última palabra. No deberíamos temerla, pues sabemos que lo mejor está por venir.

VERDADERA FELICIDAD

Pero ¿qué del aquí y ahora? La nueva vida en Cristo comienza para nosotros desde ahora. Ya no caminamos en la oscuridad, sino que tenemos la luz de la vida. Cristo nos ha mostrado el camino que nos da alegría y felicidad verdaderas. Cuando Cristo dijo que había vencido al mundo, se refería a que nos ha dado la libertad verdadera que nos salva de la ansiedad del mundo. No nos promete un mundo perfecto, sino una unión con él mientras vivimos en el mundo. Si ponemos nuestra esperanza en la seguridad o el placer presentes, ¡seremos miserables! La libertad de una nueva vida en Cristo consiste en saber que pertenecemos a Jesús, que está sentado a la derecha del Padre como nuestro rey. Consiste en saber que nuestras vidas tienen sentido y propósito y que esto es algo que nadie nos puede quitar.

PRESENTE EN LA EUCARISTÍA

La Resurrección debería alegrarnos, pues fue por ella que Jesús venció el pecado y la muerte y nos ha dado su propia vida. La victoria no es algo que sucedió hace dos mil años, sino que se hace presente cada domingo en el día de la Resurrección. Jesús nos da su propia carne para que la Resurrección nos transforme. Le Eucaristía nos hace más que hombres mortales: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre” (Jn 6,51). La Eucaristía nos cambia desde dentro y nos da la vida y la alegría de Cristo, incluso nos garantiza que viviremos con él para siempre. En la Eucaristía podemos decir con san Pablo: “No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gal 2,20).
Sabemos que estamos celebrando bien la Pascua si experimentamos la alegría del don que Cristo nos ha dado: el don de la vida. Después de haber muerto a nosotros mismos durante la Cuaresma, debemos estar listos para celebrar, no de modo que caigamos de nuevo en los errores del pasado, sino de modo que vivamos de forma diferente, con la levadura de Cristo que transforma todo lo que hacemos.

¿QUÉ SIGNIFICA VIVIR EN LA RESURRECCIÓN?

La vida en la Resurrección es una vida centrada en Cristo, es confiar en él y glorificarlo en todo lo que hacemos. Aunque todo parezca derrumbarse, debemos recordar que no vivimos para este mundo. Aunque estemos sufriendo, no debemos temer, porque gracias a la Resurrección, hay otro lugar preparado para nosotros, un lugar eterno. Nuestras vidas tienen un propósito. El diablo intenta detenernos a través de la ansiedad y el miedo, pero Jesús nos dice: “¡No tengan miedo!” (Mt 14,27). La Resurrección es nuestra esperanza más grande, pues sabemos que Jesús ha ganado la batalla por nosotros y que está con nosotros a cada instante.
Esto nos lleva a la pregunta inicial: “¿Has sido salvado?”. Como católicos, nuestra respuesta debe resonar en un gran “¡Sí!”. Jesús nos ha dado su propia vida, pero no podemos dejar que se nos escape.

Oración

“Jesús, soy un pobre pecador, ¡pero en ti confío! Ayúdame a mantener la mirada en ti. No dejes que caiga en la ansiedad y en una vida que solo busca comodidad. Transfórmame desde dentro y hazme a tu semejanza.

Ayúdame a vivir de manera distinta en este momento de mi vida y a confiar en que podré llegar al lugar que has preparado para mí en el Cielo. Pero sobre todo, Jesús, te pido que me resucites en el último día, para que pueda participar en tu vida resucitada por toda la eternidad». Amén.

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Este artículo se publicó originalmente el 5 de abril de 2021.

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