¿Qué hacer cuando hay un adicto en casa?

Escritor Invitado

Por: Padre Mauricio Bermúdez

Desde el 2014 he notado que a partir de la legalización de la marihuana el abuso de otras substancias ha incrementado significativamente; entre estas están el alcohol, la cocaína, heroína y la pornografía, por mencionar solo algunas. Es así que en las parroquias en las que he servido en los últimos cuatro años frecuentemente he escuchado cómo la gente sufre por sus adicciones. En varias ocasiones, los padres de familia me han preguntado qué pueden hacer para que sus hijos dejen estos vicios. Es triste ver cómo la situación en la que llegan va desde la preocupación hasta, en algunos casos, la desesperación por no saber cómo pueden ayudar a sus hijos. De esta forma, quisiera ofrecer dos ideas para poder ayudar a cualquier familiar o amigo que está sumergido en las adicciones:

Amarlos y orar por ellos: Hace un tiempo escuché el testimonio de una muchacha que consumía drogas, entre las cosas que mencionó fue que ella se sentía “no-amada” por su familia. Es cierto que cuando hay un adicto en la familia, las relaciones se vuelven tóxicas. Reconozco la dificultad para poder dialogar con alguien que está encerrado en sus adicciones, especialmente cuando ellos no tienen ningún deseo de salir de estas. Pero es importante recalcar que el amor y la oración en verdad cambian a las personas. Al mismo tiempo recuerdo que un padre de familia decía que su hijo se había convertido en su enemigo a causa de sus adicciones. Jesús nos pide amar a nuestros enemigos y orar por los que nos persiguen, como dijo en el Semón de la Montaña y está escrito en el evangelio de San Mateo. Y aunque parezca imposible amar a nuestros enemigos, la forma en que lo hacemos es a través de una oración sencilla y humilde en la que los ponemos en las manos de Dios. Decir “te amo” y “orar” todo el tiempo es básico para que los adictos se recuperen. No olvidemos que ellos han recurrido a sus adicciones porque no han sabido cómo sobrellevar el dolor o a veces incluso un trauma que tienen consigo. Por eso, el que se sepan amados y que se ora por ellos es importante en este proceso.

Grupos de los doce pasos: Las distintas versiones de los doce pasos surgen de Alcohólicos Anónimos. El objetivo primordial de estos doce pasos es que cada persona en primer lugar se reconozca impotente ante sus adicciones (1º paso), llevar un proceso de cambio interior reconociendo que solo Dios puede sacarlo de estas (Pasos 2, 3, 5, 6, 7 y 11), aceptar que tiene que tomar responsabilidad de sus actos (Pasos 4, 8, y 9) y finalmente ayudar a otras personas a vivir este proceso (paso 12). Lo fascinante de estos grupos en sus distintas versiones de Alcohólicos Anónimos (AA), Drogadictos Anónimos (NA, CA), Sex-adictos Anónimos (SA, SAA), etc, es que no solo son para aquellos que sufren adicciones sino también para aquellos que tienen un familiar adicto y que no necesariamente sufren de alguna adicción. De ahí surgen Al-Anon, Hijos Adultos de Alcohólicos (ACA en sus siglas en inglés), Co-dependientes Anónimos (CoDA) por mencionar algunos. La idea es que ambas partes se pueden beneficiar de los doce pasos y juntos trabajar para que esa relación tóxica provocada por las adiciones pueda convertirse en una relación sana. El simple hecho de que varias personas encuentren a alguien con quien se puedan identificar y salir adelante es de gran provecho para ellos.

Finalmente, quisiera agregar que, aunque el proceso de recuperación y conversión de un adicto pareciese tedioso y a veces imposible, no debemos perder la fe en Dios; por el contrario, es importante mantenernos firmes en la oración. Así mismo, les invito a darse la oportunidad de pedir ayuda y conocer los diferentes grupos de los doce pasos para ayudar o ayudarse a salir de las adicciones.

Próximamente: El seminario de Denver tiene un riguroso proceso de selección y formación de sus sacerdotes

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Debido a los escándalos de abuso sexual ocurridos en Estados Unidos mucha gente se pregunta con qué criterio se admiten a los jóvenes en los seminarios. Por ello ofrecemos este artículo en el que explicamos cómo los seminarios de la Arquidiócesis de Denver evalúan a aquellos jóvenes que vienen con la inquietud sobre la vocación al sacerdocio.

La Arquidiócesis de Denver cuenta con dos seminarios: Saint John Vianney y Redemptoris Mater han liderado durante casi 30 años la investigación diligente de seminaristas y la formación de futuros sacerdotes sanos.

“Nuestra tarea consiste en formar hombres virtuosos con el corazón de Jesús, que mueran a ellos mismos, que estén dispuestos a servir donde estén llamados y que sirvan a los fieles confiados a su cuidado con caridad pastoral”, dijo el arzobispo Samuel Aquila. “El sacerdocio no se trata de uno mismo, sino de servir a Cristo y a la Iglesia, donando la propia vida como Cristo donó su vida por nosotros”, aseguró.

Por su parte el padre Daniel Leonard indicó que “la generación actual de seminaristas es la más estudiada”. Christina Lynch, quien ha trabajado durante 12 años como directora de servicios psicológicos del seminario, asegura que las pautas para examinar candidatos han evolucionado con el tiempo y siguen siendo cada vez más estrictas. “Lo que ocurrió en el pasado nos muestra que si tú no quieres ver algo no lo ves”, dice. “Esto ha cambiado en los seminarios”.

“Creo que la diferencia no es solo el espíritu de transparencia sino que funciona en ambos sentidos”, asegura. “Los hombres sienten que sus formadores están ahí para su mejor interés.

 

 

Selección

El proceso de selección en el seminario comienza en el momento en que los hombres están interesados en seguir el sacerdocio.

Para el St. John Vianney, los candidatos deben tener un encuentro primero con el director de vocaciones, el padre Ryan O´Neill, quien busca conocer la vida personal, espiritual y familiar de cada hombre durante un período de tiempo.

El siguiente paso consiste en llenar una aplicación que consta de aproximadamente 20 páginas, el certificado de no antecedentes penales, una autobiografía, cuatro cartas de referencia y, si se aplica, el certificado de inscripción a la universidad.

De otro lado, para aquellos interesados en ingresar al Redemptoris Mater deben someterse a un doble proceso de admisión que vienen del Camino Neocatecumenal y que “incluye la selección de candidatos en un proceso que consta de cuatro partes, entre ellos, una selección por parte de sacerdotes y laicos antes de que ellos sean recomendados por una admisión al seminario tanto a nivel local como regional y nacional”, dice el padre Tobias Rodriguez-Lasa, rector de este seminario.

“Si estos procesos de selección culminan de manera exitosa y si los candidatos se sienten preparados, ellos son invitados a participar en el retiro vocacional internacional en el que son analizados una cuarta vez”, dice.

Después los candidatos pasan por un el proceso estándar que tiene la Arquidiócesis.

Quienes aspiran ingresar a ambos seminarios deben pasar por un proceso psicológico integral donde se evalúa si tienen la capacidad para ingresar al seminario. La evaluación cubre una variedad de áreas, incluyendo el desarrollo psico-sexual y la historia familiar. Los análisis también detectan si tiene algún tipo de adicción que el candidato pueda tener o si sufre de atracción al mismo sexo.

“Hacemos preguntas muy rigurosas en esta entrevista y luego elaboramos una serie de pruebas como personalidad y pruebas de proyección”, dice la doctora Lynch. “Es una entrevista extremadamente profunda”.

Finalmente el comité de admisiones (que incluye rectores y otros miembros del equipo del seminario) elabora una entrevista al candidato.

Los aspirantes pueden ser rechazados en cualquier momento del proceso de selección. De acuerdo con la doctora Lynch y el padre O’Neill, los problemas comunes que impiden que los hombres sean aceptados son adicciones, tendencias homosexuales profundamente arraigadas o trastornos de personalidad que pueden incluir la inhabilidad para controlar las inclinaciones sexuales poco saludables.

“La Iglesia católica es para todos”, dice el padre O’Neill, “pero el seminario no. El hecho de que un joven quiera ser sacerdote no quiere decir que necesariamente llegará a serlo”.

 

Dentro del seminario

La selección no termina cuando se entra al seminario. “Una vez ellos son admitidos, son evaluados constantemente por un equipo de formación, por supervisores de apostolado y por sus mismos compañeros”, dice el padre Leonard.

Una mayor parte de la vida del seminario es la formación la cual, en el St. John Vianney, tiene cuatro pilares: humano, intelectual, pastoral y espiritual. Además los seminaristas realizan  un año de espiritualidad dedicado a la oración y el discernimiento.

“Es un año en el cual los candidatos están verdaderamente desconectados del mundo para que puedan así sumergirse en las partes más profundas y misteriosas de su corazón”, dice el padre O´Neill.

“El año de oración enseña al candidato cuál es la prioridad en su vida cristiana”, agrega “y permite un honesto discernimiento en el celibato sacerdotal”.

La formación en el seminario Redemptoris Mater de Denver dura alrededor de diez años, los cuales incluyen dos o tres años experiencia misionera. Durante este tiempo los seminaristas son monitoreados por los sacerdotes y laicos en diferentes situaciones fuera del seminario.

“El hecho de que sea un tiempo más largo y exista una variedad de lugares no institucionales la experiencia de los seminaristas le da al equipo de formación más y mejores oportunidades para identificar y actuar sobre cualquier potencial problema que puede aparecer en la evaluación psicológica inicial, durante la formación o los años de estudio o durante la experiencia misionera”, dice el padre Rodríguez-Lasa.

El doctor David Kovacs, psicólogo clínico del seminario St. John Vianney, dijo que el vivir en el seminario hace que sea difícil que permanezcan ocultas aquellas dificultades más profundas que pueda presentar el candidato.

Las evaluaciones son una gran herramienta para ver lo que sucede debajo de la superficie, aquello que la gente no puede ver”, dice el Dr. Kovacs. “Y una vez ellos ingresan ahí hay muchos ojos observando a ese muchacho”.

Los dos seminarios de Denver tienen como formadores a personas que los acompañan y que monitorean su comportamiento, así como evaluaciones rutinarias.

El equipo del St. John Vianney y del Redemptoris Mater continúa así esforzándose por alcanzar la transparencia, el análisis riguroso de los seminarios y, especialmente la excelencia para formar a los sacerdotes de la mejor manera posible – los que están comprometidos a servir al pueblo de Dios y llevarlos a un encuentro con Jesucristo.

 Traducido del original en inglés por Carmen Elena Villa