¿Qué se necesita para evangelizar?

POR ABRAM LEÓN

Abram León es el nuevo especialista en evangelización hispana para la arquidiócesis de Denver. Anteriormente, sirvió por doce años como coordinador arquidiocesano de la Renovación Carismática Católica, movimiento que le ha enseñado “la importancia y urgencia de la evangelización”.

 

¿Qué significa evangelizar?

Evangelizar es compartir con otros la verdad sobre nuestra fe, la verdad que es Jesucristo. Es proclamar a todos el evangelio, la buena nueva de Jesús, su persona, su vida, su doctrina, su Reino, sus promesas… Implica responder al amor de Dios manifestado a nosotros en Jesucristo.

“Él quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1 Tim 2,4). Evangelizar es testificar que Jesucristo está vivo, que padeció, murió y resucitó para nunca más morir. La Iglesia, partiendo de una experiencia de vida, nos ha transmitido esta verdad a lo largo de la historia, por mandato del mismo Jesucristo a los primeros discípulos. “Les dijo: ‘Vayan por todo el mundo y proclamen la buena nueva a toda la creación’” (Mc 16,15). Es importante que todos escuchen esta verdad, que crean y se salven.

 

¿Cómo se hace?

Comenzamos con los padres de familia, que son los primeros catequistas, predicadores, evangelizadores y maestros de la fe. Nos enseñaron desde pequeños a persignarnos, a rezar, a ir a Misa y todo lo que se refiere a la fe. Por muy sencillo o simple que parezca, eso es evangelizar.

Pero también los abuelos, los catequistas de la parroquia, las religiosas, los diáconos, los sacerdotes y los obispos son evangelizadores, aunque cada uno desempeña esta labor según su ministerio, estado de vida y responsabilidad.

Los laicos estamos llamados a evangelizar. Por eso vemos con alegría una variedad de movimientos laicales y grupos con celo apostólico organizando actividades orientadas a la evangelización. Están compuestos por hombres y mujeres que han descubierto los dones y carismas del Espíritu Santo y los ponen al servicio de los demás para que la misión de la Iglesia llegue a miles de personas. Asimismo, la tecnología y medios de comunicación brindan una gran oportunidad para evangelizar, y varios apostolados han dado fruto a través de ellos.

 

¿Qué se necesita para evangelizar?

Por la gracia del bautismo todos hemos sido llamados a ser evangelizadores, pero para evangelizar se requiere estar evangelizado, pues nadie puede dar lo que no tiene. Los primeros evangelizadores partían de una experiencia con Jesús resucitado. La evangelización no solo consiste en transmitir una lista de verdades y conocimientos.

Aunque esto es importante, un encuentro personal con Jesucristo marca la diferencia y nos lleva a decir con san Juan: “Lo que hemos visto y oído eso les anunciamos” (1 Jn 1,3). Es indispensable haber estado ahí, haber vivido una experiencia de salvación, poder hablar con libertad de lo que Dios ha hecho por nosotros.

El papa san Pablo VI escribió: “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio ” (EN 41). Evangelizar puede ser tan simple como hablar con los demás acerca de tu fe, invitarlos a un retiro de iniciación, a un curso Felipe Nueva Vida. A partir de invitaciones como esta, muchas personas se han encontrado con Jesucristo, el único que puede cambiar nuestra vida. Cualquier actividad donde se proclame el Evangelio de Cristo será una oportunidad y un ambiente de evangelización.

 

¿Y si tengo miedo de hacerlo?

El miedo muchas veces puede convertirse en una excusa para muchos católicos bautizados. Pero lo importante es no quedarse ahí. Debemos tener interés por la urgencia y necesidad de evangelizar. Lo principal, como habíamos dicho, es el encuentro con Jesucristo.

Si no has tenido una experiencia, un encuentro con Jesucristo, que ha cambiado tu vida, búscala en un retiro o en un grupo parroquial. Si ya lo has experimentado, tu propio inicio de conversión es ya una manera de evangelizar. Cuando los demás ven tu nueva forma de vivir, tu nueva manera de hablar con los demás y de los demás, ya sea en la familia, en el trabajo o en cualquier lugar donde estés, ellos empiezan a percibir que algo importante ha sucedido. ¡La fe entra por el oído, pero la conversión, por la vista! También sin hablar se evangeliza. Además, la parroquia es un ambiente importante para evangelizar. Ahí encontramos a hombres y mujeres que se entregan semana tras semana ofreciendo felizmente sus vidas como catequistas, servidores, etc. Igualmente, encontramos a personas que sirven dentro de la liturgia de la Santa Misa y personas que nunca imaginaron que formarían parte de en un ministerio importante de evangelización. Dios también tiene un lugar para ti. ¡No tengas miedo!

 

Mi experiencia

Esto me sucedió a mí. Hace algunos años viví un retiro que cambió mi vida por completo. Me consideraba un buen católico por el hecho de cumplir a medias uno de los mandamientos de la santa Iglesia cató[1]lica: ir a misa todos los domingos. Digo a medias porque el mandamiento nos pide “santificar las fiestas” y a mí no me interesaba observar los días de precepto. Vivía centrado en mí mismo. El ego era lo que me gobernaba. Daba antitestimonio en mi familia y fuera de ella con toda clase de actitudes contrarias a los valores cristianos.

Cuando viví mi primer retiro de iniciación, experimenté el inicio de mi conversión. El Espíritu Santo renovó en mí la gracia de los sacramentos de iniciación, suscitando en mí un gran deseo de estar unido a Cristo. Comencé a leer la Biblia, a orar, a adorar al Santísimo Sacramento, a rezar el rosario en familia, a vivir la Santa Misa con una pasión y devoción que jamás había experimentado antes y a frecuentar más los sacramentos.

Mis amigos y familiares comenzaron a preguntarme: “¿Qué te pasa?”. No entendían el cambio que veían en mí. Me juzgaban, incluso llegaron a llamarme “fanático”. Sin embargo, yo seguía buscando más y más a Dios en congresos, conferencias, retiros, conciertos, cursos de formación, Misas de sanación, etc. Todo era una oportunidad para seguir creciendo en mi fe.

No solo me llenaba de conocimiento, sino que también compartía con todos lo que recibía. Incluso lo hacía trabajando de albañil. Compartía con mis compañeros lo que estaba haciendo Dios en mí y en la vida de otros. Así inició mi misión como evangelizador. Nunca imaginé lo que Dios quería hacer conmigo hasta que le abrí las puertas de mi vida y lo dejé actuar. Entonces se desvanecieron mis miedos y todas las trabas que me impedían ser lo que estaba llamado a ser, un evangelizador.

Pido sus oraciones ahora que Dios me ha encomendado una nueva misión en la arquidiócesis. Ruego a Dios por ustedes también para que no tengan miedo al llamado de ser discípulos misioneros, evangelizadores en sus familias, parroquias y movimientos. A evangelizar se aprende evangelizando. ¡Ay de mí si no evangelizo!

Próximamente: Hoy es la fiesta de la Virgen de las Nieves y el milagro que regaló a unos esposos

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Según la tradición, alrededor del siglo IV una piadosa pareja de esposos que vivía en Roma había sido bendecida por su formación cristiana y en muchos bienes materiales. Sin embargo, no tenían hijos con los cuales compartir aquellos dones.

Por años rezaron con la finalidad de que el Señor los bendijera con un hijo, a quien dejarle toda la herencia, pero no obtenían ningún resultado. Finalmente tomaron la decisión de nombrar a la Virgen María como heredera y le pidieron con gran fervor para que los guiara.

En respuesta, la Madre de Dios se les apareció la noche del 4 de agosto -en pleno verano- y les dijo que deseaba que se construyera una Basílica en el Monte Esquilino, una de las siete colinas de Roma, en el lugar donde ella señalaría con una nevada. De igual modo, la Virgen María se apareció al Papa Liberio con un mensaje similar.

El 5 de agosto, mientras el sol de verano brillaba, la ciudad se quedó admirada al ver un terreno con nieve en el Monte Esquilino. La pareja de esposos fue feliz a ver lo acontecido y el Sumo Pontífice hizo lo mismo en solemne procesión.

La nieve abarcó el espacio que debía ser utilizado para construir el templo y desapareció después. El Papa Liberio echó los primeros cimientos de la Basílica en el perímetro que él mismo trazó y la pareja de esposos contribuyó con el financiamiento de la construcción.

Más adelante, después del Concilio de Éfeso en que se proclamó a María como Madre de Dios, sobre la iglesia precedente el Papa Sixto III erigió la actual Basílica. Con el tiempo se han hecho remodelaciones, restauraciones, ampliaciones y nuevas edificaciones, pero todo en honor a la Santísima Virgen.

Los fieles para conmemorar el famoso milagro, en cada aniversario lanzan pétalos de rosas blancas desde la bóveda de la Basílica durante la Misa de fiesta.

Nuestra Señora de las Nieves se conmemora cada 5 de agosto. Esta festividad se extendió en el siglo XIV a toda Roma y luego San Pío V la declaró fiesta universal en el siglo XVII.

Redacción ACI Prensa