¿Qué tan importante es la Virgen María en la Biblia y en el plan de Dios?

La Biblia presenta a la Madre de Jesús como la nueva Eva

Este artículo fue publicado en la edición de la revisa de El Pueblo Católico titulada “María: ¿Por qué la amamos?” Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

Por Rocio Madera y Vladimir Mauricio-Pérez

¿Qué papel juega María en la historia de la salvación? ¿Acaso quiso Dios simplemente utilizarla para dar a luz a su Hijo y eligió no prestarle más atención? Claramente no. Desde la antigüedad a María ya se le llamaba la “nueva Eva”, y esto venía precisamente de su papel en la historia de la salvación y en la Buena Nueva del Evangelio.

La Buena Nueva va más allá del perdón de nuestros pecados personales, pues también trata del perdón del primer pecado, el de Adán y Eva, y de su reparación. Por eso, el Nuevo Testamento considera a Jesús el “nuevo Adán”, quien con su obediencia redime la desobediencia del primer Adán (Rom 5,18-19; 1 Cor 15,45-47). Pero tenemos que recordar que el primer Adán no pecó solo, también Eva estuvo presente y tuvo una parte esencial. Entonces, si Jesús es el nuevo Adán, ¿puede haber una nueva Eva? La Biblia nos dice que es María.

(Lee: Según la Biblia, María es el “Arca de la Nueva Alianza”)

MARÍA Y EVA: LA “MUJER”

Para entender cómo María es la nueva Eva, es importante comparar el libro del Génesis con el Evangelio de san Juan. El mismo san Juan presenta su Evangelio como un “nuevo Génesis”, una nueva creación. Esto se ve en el hecho de que comienza su Evangelio con las mismas palabras del Génesis: “En el principio…” (Gen 1,1; Jn 1,1), entre otras referencias.

Entre estas alusiones al Génesis san Juan también presenta a María como la nueva Eva en la nueva creación. Hay dos pasajes importantes que lo demuestran: cuando Jesús llama a María “mujer”.  Jesús llama a María “mujer” en dos ocasiones en la Biblia: en las bodas de Caná (Jn 2,4) y al pie de la cruz (Jn 19,26). Muchos no católicos usan estos pasajes como “prueba” para decir que Jesús puso a su madre al lado y hasta la despreció. Pero ¿acaso sería Jesús tan cruel para tomarse el tiempo de despreciar a su madre cuando estaba muriendo en la cruz? Si interpretamos estos dos pasajes a la luz de lo que san Juan quiere comunicar en su Evangelio, nos damos cuenta de todo lo contrario. Las palabras de Jesús hacen referencia a Eva, quien recibió de Adán el nombre de “mujer” (Gen 2,23). También hay otros paralelos, como se ve en la tabla.

LA MUJER Y EL DRAGÓN

Pero hay más. Después que Adán y Eva caen en el pecado por la tentación de la serpiente, Dios hace una promesa muy importante: “Haré que haya enemistad entre ti (la serpiente) y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Ella te pisará la cabeza mientras tú herirás su talón” (Gen 3,15).

Este pasaje ha sido conocido como el primer anuncio del evangelio, la primera promesa del Mesías, del Salvador que habría de venir a salvar al hombre de esta falta grave: Jesús.

Hay tres individuos que se mencionan en esta promesa:

  1. la serpiente,
  2. la descendencia (literalmente, “la semilla”) y
  3. la mujer.

El Apocalipsis hace referencia a este mismo pasaje cuando describe a la mujer embarazada vestida del sol que es acechada por el dragón (Ap 12,1-13). También aquí encontramos a:

  1. el dragón, al que se la llama “la antigua serpiente” o “Satanás” (Ap 12,9);
  2. al niño que está por nacer o “la semilla”; y
  3. a la mujer o madre del niño.

¿Quién es esa “semilla”, ese niño que regirá al mundo? Claramente es Jesús. Él pisará la cabeza de la serpiente y Satanás en cambio le morderá el talón, es decir, lo herirá: una referencia a su pasión y crucifixión.

Si entonces esa “semilla” es un individuo: Jesús, también la “mujer” a la que Dios se refiere en el Génesis y san Juan en el Apocalipsis, representa un individuo: María. María es parte del cumplimiento de la promesa de Génesis 3,15. Ella es la nueva mujer, la nueva Eva.

LOS PRIMEROS CRISTIANOS

Si esto no es suficiente para comprobar cómo la Biblia nos dice que María forma parte esencial de la historia de la salvación como la nueva Eva, aquí mostramos solo algunos escritos de los primeros cristianos que lo indican.

“El nudo de la desobediencia de Eva fue deshecho por la obediencia de María. Pues lo que la virgen Eva ató con su falta de fe, la Virgen María desató con su fe”. San Ireneo, Contra los herejes 3, siglo II. “La muerte vino por Eva, pero la vida vino por María”. San Jerónimo, Cartas 22, siglo IV.

“Por medio de una mujer, el veneno fue vertido sobre la humanidad… pero por medio de una mujer también fue la salvación vertida sobre la humanidad para que pudiera renacer en gracia”. San Agustín, Sermones 51, siglos IV-V.

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Este artículo fue publicado en la edición de la revisa de El Pueblo Católico titulada El asombro de la Navidad”. Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

La espera de la Navidad es uno de los recuerdos más preciados para muchos de nosotros, y con razón: ¿quién no recuerda las bellas tradiciones que se celebraban en este tiempo cuando éramos niños?

Un autor decía que en nuestra vida hay “tres momentos de encanto” en la Navidad.

El primero es cuando somos niños. Muchos de nosotros quizá́ podemos recordar con ilusión el gran sentido de asombro que había en todo lo que se hacía: los cantos, las posadas, la celebración, el nacimiento, el niñito Jesús… Era algo casi místico que dejaba una huella en el corazón y nos abría a un misterio hermoso.

El segundo momento de encanto es cuando crecemos y podemos crear la misma experiencia para nuestros hijos. Al intentar recrear la realidad que nosotros vivimos en nuestra niñez, descubrimos el gran número de detalles y actos de amor que conlleva hacer algo hermoso y memorable. Pero, además, es un momento en el que los papás vuelven a ser como “niños”, al recordar y experimentar de nuevo el entusiasmo y la alegría de lo que se avecina. No es fácil hacerlo, pues requiere de sacrificios, pero en realidad es esencial que un adulto vuelva a ser como niño, que de nuevo sea capaz de asombrarse ante el misterio del nacimiento de Cristo.

El tercer momento es cuando pasamos a ser abuelos y observamos a nuestros hijos suscitar el asombro navideño en nuestros nietos. Para un abuelo, los nietos son una de las alegrías más grandes. Ahora que sus hijos cargan con la mayor parte del peso de la celebración, los abuelos pueden volver a ser como niños, aunque ahora experimentando el asombro y la alegría a través de sus nietos.

En realidad, la Navidad se trata de volver a ser como niños, de permitir que Dios nos llene de asombro y alegría con las bendiciones simples de nuestra vida. El corazón y la mente de un niño son capaces de alegrarse y apreciar las cosas pequeñas. Al final, ellos nos recuerdan que debemos ser como niños para poder ser verdaderos discípulos de Cristo.

La Navidad es entonces una oportunidad para dejarnos asombrar por Cristo y ayudar a nuestros hijos a hacer lo mismo.

Por eso es importante recuperar el sentido cristiano profundo de muchas de las tradiciones propias del Adviento y la Navidad, para así transmitir a nuestros hijos la fe y el asombro que debe suscitar en nosotros el plan maravilloso de Dios.

Si los papás no creamos una cultura de encuentro con Dios en nuestro hogar, ¿quién lo hará? Son precisamente las prácticas palpables que nos abren al misterio de Cristo y las que hacen posible que un niño se enamore de Dios y que un adulto renueve su amor por él.

Descubramos, pues, el sentido cristiano de las prácticas navideñas y asegurémonos de que nuestros hijos lo conozcan.

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