Renovando nuestra función como pastores

Arzobispo Aquila

Jesús les dice a sus discípulos en el Evangelio de San Juan: “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas”, contrastando su bondad con los rateros que solo llegan para robar y destruir. El mes pasado mis compañeros obispos de los Estados Unidos y yo buscamos actuar como buenos pastores al aprobar tres medidas para aumentar nuestra vigilancia y prevención del mal de abuso sexual perpetrado por obispos, pastores que han traicionado al rebaño que les fue encomendado.

Este mes celebramos el Día del Padre, el cual debería recordar tanto a padres biológicos como espirituales sobre su responsabilidad de proteger y criar nuevas vidas. El Rito de Ordenación Episcopal destaca esta misión, pues dice: “Cuida y orienta la Iglesia que se te confía, y sé fiel dispensador de los misterios de Cristo.  Elegido por el Padre para gobernar su familia, ten siempre ante tus ojos al Buen Pastor, que conoce a sus ovejas y es conocido por ellas, y quien no dudó en dar su vida por el rebaño”. Este es el modelo para todos los obispos.

Sin embargo, los escándalos de Theodore McCarrick, el obispo Brandsfield y otros han dejado claro que nuestra vigilancia no ha sido la adecuada. He de citar del reciente comunicado “Afirmando nuestro compromiso episcopal”: “Nosotros, los obispos de los Estados Unidos, hemos escuchado la indignación de tantas personas de dentro y fuera de la Iglesia sobre estas faltas. La indignación es justificada; nos ha hecho más humildes, impulsándonos a la autorreflexión, al arrepentimiento y al deseo de mejorar”. Este sentimiento se hizo evidente en mi interacción con mis compañeros obispos en Baltimore hace unas semanas.

Como prueba de nuestro compromiso, aprobamos por gran mayoría una serie de normas para que la conferencia de obispos ponga en práctica el documento del Papa Francisco “Vos estis lux mundo” sobre el manejo de abusos perpetrados por sacerdotes y obispos. Entre estas normas, que deberán llevarse a cabo antes del 31 de mayo de 2020, está la creación de un sistema independiente que reciba acusaciones posibles por parte de obispos por teléfono o en línea, el establecimiento de un protocolo en el que la Santa Sede designe y autorice a arzobispos metropolitanos a investigar casos de presuntos abusos por obispos, y la expectativa de que el obispo que investigue incorpore a laicos expertos para asistir con estas investigaciones. Me aseguraré de que haya laicos expertos en cada investigación que esté a mi cargo, como lo he hecho en mi tiempo como obispo. Como indican las nuevas normas, también designaré a un laico que reciba las denuncias del sistema independiente, promocione cómo hacer acusaciones, determine la credibilidad de las acusaciones y recolecte cualquier información adicional necesaria para dar comienzo a la investigación.

También quiero destacar que los obispos aprobamos, por gran mayoría, protocolos para imponer limitaciones a exobispos que fueron removidos de su oficio debido a razones graves, y que adoptamos un código de conducta para obispos, el cual especifica que el Estatuto de Dallas para la protección de niños y jóvenes ahora incluirá a estos.

Todas estas medias se suman a aquellas que hemos estado aplicando desde el 2002 respecto a la prevención de abuso sexual a menores por parte de sacerdotes. La Arquidiócesis de Denver tiene un largo historial de trabajo activo para proteger a los niños, incluyendo auditorías anuales, verificación de antecedentes para los empleados y clérigos, un código de conducta que los obispos anteriores y yo hemos firmado, y un programa sólido de capacitación que procura fomentar ambientes seguros para los niños. La eficacia de estas medidas en los últimos 20 años nos ha hecho un modelo para otras instituciones que buscan combatir el abuso.

El Papa Francisco dijo acertadamente en una carta personal a los obispos de los Estados Unidos escrita en enero de 2019, que las consecuencias de nuestros fallos no se pueden reparar siendo administradores de nuevos programas o comités. Solo se pueden resolver con humildad, escucha, autorreflexión y conversión.

Mis hermanos obispos y yo esperamos que, obedeciendo la Palabra de Dios, buscando la voluntad del Padre y aceptando lo que la Iglesia espera de nosotros, podamos imitar a Cristo, el Buen Pastor.

Lee la carta apostólica en forma de “Motu proprio” titulada “Vos estis lux mundi”.

Para enterarte de lo que hace la Arquidiócesis de Denver para proteger a menores, visita archden.org/promesa

Informes:

Alex Kwan es asistente de la oficina de Protección al Menor de la Arquidiócesis de Denver. Para contactarla, llame al (303) 715-2085 o envíele un correo electrónico a Alex.Kwan@Archden.org.

 

Próximamente: Un estudio de Harvard revela los múltiples beneficios de llevar a los niños a la iglesia

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Un estudio de Harvard revela los múltiples beneficios de llevar a los niños a la iglesia

Una educación religiosa se relaciona directamente con un desarrollo positivo en los años de juventud adulta.

Escritor Invitado

Por: Cerith Gardiner | Aleteia

Criar a nuestros hijos con fe les da, obviamente, muchos beneficios espirituales, pero un estudio reciente de Harvard ha mostrado que los niños con una educación religiosa reciben también beneficios físicos y mentales, en especial en su juventud adulta.

Llevan un estilo de vida más saludable

El estudio, publicado en 2018 por la Escuela de Salud Pública de Harvard, encontró que los niños que asistían a misa semanalmente o que tenían una activa vida de oración eran más positivos y tenían una mayor satisfacción vital cuando llegaban a la veintena. Estos jóvenes adultos tenían tendencia a escoger un estilo de vida más saludable, evitando las bebidas, el tabaco, el consumo de drogas y la promiscuidad sexual.

Utilizando una muestra de 5.000 niños durante un periodo de 8 a 14 años, el estudio reveló unos descubrimientos sorprendentes: al menos el 18 % de los que asistían a misa con regularidad informaron de niveles más altos de felicidad a partir de los 20 años que sus pares no religiosos. Y lo que es más importante, de esa misma muestra, el 29 % tendía a unirse a causas en beneficio de la comunidad y el 33 % se mantuvo alejado de drogas ilegales.

Una de las autoras del estudio, Ying Chen, se refirió a los descubrimientos en una rueda de prensa diciendo: “Muchos niños reciben una educación religiosa y nuestro estudio muestra que esto puede tener consecuencias significativas sobre sus comportamientos relacionados con la salud, su salud mental y su felicidad y bienestar generales”.

Les aporta fortalezas

No se trata del primer estudio que demuestra las ventajas de una educación religiosa. Emilie Kao, directora del Centro DeVos para la Religión y la Sociedad Civil de la Fundación Heritage, comparte en la web Stream.org que “las creencias religiosas dan a las personas fortalezas espirituales que conducen a hábitos saludables y construyen sus redes sociales y les dan la capacidad de superar obstáculos en la vida”.

Estos resultados son especialmente alentadores en un tiempo en que el número de asistentes regulares a misa parece estar en declive. El estudio podría servir como motivador para los padres que tienen dificultades para que sus hijos reticentes vayan a la iglesia, sobre todo durante los años de adolescencia.