Residentes de Colorado tienen la oportunidad de salvar la vida de los no nacidos

Arzobispo Samuel J. Aquila

Algunas personas en nuestras iglesias se acordarán de los tiempos en que el aborto no era legal. Pero el resto de ustedes que ocupan estos escaños en las iglesias, que trabajan en distintos lugares en el norte de Colorado y que viven al lado, son sobrevivientes. Puede que no lo parezca, pero más de 50 millones de personas que deberían estar vivas el día de hoy, no lo están porque fueron abortadas.

Cada uno de nosotros ha sido bendecido por el hecho de que nuestros padres eligieron la vida para nosotros, incluso cuando eso significaba que iba a ser una tarea muy difícil. El reciente descubrimiento de que el proveedor de servicios de aborto Ulrich Klopfer mantuvo los restos de 2,246 niños abortados en su hogar, o las escenas horripilantes que salieron a la luz en el juicio de Kermit Gosnell, dejaron al descubierto la realidad de lo que sucede con el aborto. El aborto es la toma violenta de vidas inocentes e indefensas, y el hecho de que esto sea legal en los Estados Unidos es repugnante.

Mucha gente me pregunta qué pueden hacer para responder a esta grave injusticia. Ante todo, debemos orar por las madres y los padres que creen que no tienen otra opción más que abortar. Debemos rezar para que sus corazones estén abiertos a la misericordia de Dios y experimentar su perdón, sin importar lo que hayan hecho. Al mismo tiempo, deberíamos estar listos para ayudar materialmente a aquellas mujeres que se encuentran considerando el aborto. Es por esto, que en los últimos años hemos estado trabajando para expandir nuestras clínicas de salud Marisol. Debemos utilizar todos los recursos que tenemos -atención médica, comida, refugio, asesoramiento y amistad- para amar a Jesús cuando viene a nosotros a través de los más necesitados.

Sí, deberíamos sentirnos conmovidos por la tragedia del número de vidas inocentes que están siendo apagadas por el aborto, pero no debemos permitir que esta injusticia nos deje pasar por alto el sufrimiento de las madres y los padres, que a menudo se ven impulsados ​​por miedo a considerar el aborto. Del mismo modo, no debemos perder de vista el hecho de que quienes trabajan en clínicas de aborto creen que lo que están haciendo está bien y que están ayudando a las personas necesitadas. ¿Estamos orando por los trabajadores de las clínicas? ¿Los estamos tratando con amabilidad, incluso si no lo aceptan?

Además de la asistencia física, emocional y de oración, podemos limitar el número de niños no nacidos amenazados por el aborto en el ámbito legal. Varios estados han avanzado en la aprobación de leyes que buscan proteger a las mujeres y los niños no nacidos. Por ejemplo, la Corte Suprema de los Estados Unidos escuchará el caso que desafía la Ley de Protección contra el Aborto Inseguro del estado de Louisiana, que exige que las personas que abortan tengan privilegios de admisión en un hospital local.

En Colorado, tenemos algunas de las leyes de aborto menos restrictivas del país. Actualmente, no hay ningún punto hasta el nacimiento en el que un bebé no pueda ser abortado. Afortunadamente, en los próximos meses los votantes de Colorado tendrán la oportunidad de ayudar a los niños cuyas vidas están en riesgo al firmar una petición para calificar la Propuesta 120 para la boleta electoral de noviembre del 2020. Esta propuesta restringirá el aborto después de las 22 semanas de gestación, el punto en el que es posible que un bebé sobreviva fuera del útero materno.

¡Insto a todos los católicos a involucrarse en este esfuerzo! Los obispos de Colorado y yo hemos dado permiso a todos los párrocos para que permitan a los recolectores de firmas capacitados solicitar firmas en cada iglesia católica del estado. Es importante que aquellos que solicitan firmas estén capacitados para que podamos obtener el máximo número posible de firmas válidas.

La lucha contra la cultura de la muerte es una batalla a largo plazo. Por alguna razón que solo Dios sabe, no se ganará hasta la segunda venida de Jesucristo. Sin embargo, no debemos ceder en nuestros esfuerzos para asegurar que la bondad de cada vida humana sea respetada en nuestras leyes, nuestras iglesias y nuestras familias. Oro con gran fervor, para que en las generaciones futuras ninguno de nosotros tenga que decir que fuimos sobrevivientes del aborto y que esta farsa sea reemplazada por una cultura de la vida.

Si tu o personas en tu parroquia están interesadas en participar en este esfuerzo y desean recibir la capacitación para recolectar firmas, favor de enviar un correo electrónico a: life@ccdenver.org.

Próximamente: La dignidad humana en el libro del Génesis

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Este artículo fue publicado en la edición de la revisa de El Pueblo Católico titulada “EL GRAN RESCATE”. Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

 

Por el diacono Pedro Reyes, Parroquia St. William, Ft. Lupton.

Todo ser humano tiene una dignidad que le fue otorgada por Dios. San Juan Pablo II en su teología del cuerpo nos dice lo siguiente:

“El hombre es creado sobre la tierra y al mismo tiempo que el mundo visible. Pero, a la vez, el Creador le ordena subyugar y dominar la tierra (cf. Gén 1, 28): está colocado, pues, por encima del mundo. Aunque  el hombre esté tan estrechamente unido al mundo visible, sin embargo la narración bíblica no habla de su semejanza con el resto de las criaturas, sino solamente con Dios”.

Lo que san Juan Pablo II nos está recordando es que el hombre no fue creado de la misma manera que los demás seres vivos. Esto, naturalmente, nos hace diferentes al resto de la creación. No podemos darle los mismos derechos a una mascota, como un perro o un gato, que a un ser humano. Es triste que hoy en día la dignidad del ser humano sea despreciada a tal grado que muchas personas le dan más amor y atenciones a las mascotas que a los propios familiares. Hoy en día hay algunas personas que tratan a los animales como seres humanos y a sus semejantes, que son seres humanos,] como animales.

San Juan Pablo II nos dice también esto:

“En el ciclo de los siete días de la creación es evidente una precisa gradualidad; el hombre en cambio no  es creado según una sucesión natural, sino que el Creador parece detenerse antes de llamarlo a la existencia, como si volviese a entrar en sí mismo para tomar una decisión: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza…’ (Gn 1,26)”.

Nuevamente, san Juan Pablo II nos recuerda la manera tan diferente en la que Dios creó al hombre. Y aquí nos recuerda la principal diferencia entre los seres humanos y el resto de la creación. El hombre, a diferencia de los demás seres vivos, fue creado a “imagen y semejanza” de Dios. O sea, el ser humano tiene una dignidad única e inigualable que le ha sido otorgada por Dios.

En todo lo que hemos visto, podemos darnos cuenta de lo siguiente: cuando el autor del libro del Génesis narra la creación de todo, al referirse al ser humano, especifica que lo creó y lo bendijo. Sin embargo, la creación del hombre se distingue de todo lo demás creado de tal manera que le da ese grado de dignidad superior al resto de la creación.

Esto se puede ver claramente porque antes de crear al ser humano, Dios es presentado como si estuviera deliberando sobre cómo lo creará, mostrando el acto de crear al hombre como un acto muy importante. Igualmente, la excepcional dignidad del ser humano se muestra en su totalidad por la ‘semejanza’ con Dios. Por lo tanto, todos los seres humanos, sin importar raza, color de piel, país de origen, etc., tenemos una dignidad específica que debe ser respetada por todos. Y esta dignidad viene por el hecho de haber sido creados “a imagen y semejanza de Dios”.

 

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