Respondamos con fe a la crisis actual de la Iglesia

Vladimir Mauricio-Perez

“La Iglesia es como una barca que navega por el mar de este mundo y que se ve sacudida por las olas de las tentaciones. Nuestro deber no es abandonar la barca sino mantenerla en su curso.” Estas palabras de San Bonifacio son tan relevantes hoy como lo fueron para el santo hace más de mil años.

En medio de la crisis actual de la Iglesia, generada por la revelación de los numerosos casos de abuso sexual por parte de clérigos y el encubrimiento de estos por varios obispos, tres sacerdotes brindan consejo para navegar en la tormenta y permanecer fieles a Cristo: Mons. Peter Quang Nguyen, párroco de la parroquia All Saints en Denver; el padre Ryan O’Neill, Director de Vocaciones de la Arquidiócesis de Denver; y el padre Samuel Morehead, párroco de la parroquia de All Souls en Denver.

Reaccionando a la crisis actual

Los sacerdotes mencionaron aspectos fundamentales dirigidos a los fieles católicos para ayudarlos a interpretar fielmente los problemas presentes en la Iglesia: reconocer las propias emociones, llevarlas a la oración y orar por las víctimas.

“Lo primero que recomiendo es reconocer lo que uno está sintiendo interiormente porque ese es el motor que impulsa nuestros pensamientos, palabras y acciones”, dice el padre Ryan. “Es una habilidad sana y madura porque a veces la ira se manifiesta cuando no reconocemos que nos sentimos enfadados”.

En segundo lugar, el padre Samuel anima a los fieles a no dejarse enredar por esos sentimientos sino llevarlos a la oración: “Hay un llamado a llevar toda pesadumbre, frustración, decepción e ira e identificarla con la de nuestro Señor, rogándole por la sanación que solo Él puede brindar”.

Aún más, el padre Ryan recuerda que, aunque el católico experimente dolor, “debemos mantener como prioridad a las víctimas” porque “es sano el recordar que al final las personas que sufrieron de abuso son por las que más debemos orar”.

Acompañar al Señor al Calvario

“Podemos condenar los errores cometidos por clérigos y pedir por su conversión, pero no podemos dejar que sus pecados formen una ocasión próxima de pecado para nosotros y alejarnos de Jesús”, Asegura el padre Samuel. “[En la última cena], Jesús encomendó a obispos y sacerdotes en la sucesión apostólica de su Iglesia Católica el don de su cuerpo y sangre en la Eucaristía. Donde no hay Eucaristía no hay Iglesia. Así que necesitamos a Jesús y para tenerlo necesitamos a la Iglesia”.

Mons. Peter también advirtió a los fieles de los planes del demonio de alejar a los católicos de Cristo y su Iglesia.

“No queremos caer en la trampa del diablo, quien planta dudas y sentimientos negativos en el pueblo de Dios en contra de todos los sacerdotes y obispos, incluso los que viven fiel y santamente”, dice el sacerdote. “Las personas están heridas y el diablo querrá hacernos pelear unos con otros. Sin embargo, debemos permanecer y buscar sanación”.

“Aliento a las personas a que interpreten esta crisis en el espíritu de San Francisco de Asís, cuando el Señor le dio esa misión: ‘Francisco, reconstruye mi Iglesia’”, dice Mons. Peter. “Hoy cada uno de nosotros tenemos la misma invitación por parte de nuestro Señor… Y podemos comenzar acompañando y acercándonos a la persona más cercana”

Conversaciones difíciles

Tener que responder a las preguntas, comentarios y acusaciones de compañeros, amigos o familiares sobre el escándalo de abuso sexual en la Iglesia es otro reto para muchos católicos.

“Creo que este es un momento precioso para todas las personas en la Iglesia para estar con humildad cerca de Jesús en la cruz. Es un tiempo para ser honestos con todos sobre lo que está pasando en la Iglesia y cómo nos hace sentir”, asegura.

Para ayudar a prevenir confrontaciones o discusiones acaloradas, el padre Ryan recomienda mantenerse en calma y ayudar a la otra persona a reconocer sus emociones.

“Debemos aspirar a perdonar hasta a aquellos que han fracasado en su servicio al pueblo, de lo contrario los sentimientos de ira y traición nos pueden llevar a reaccionar en vez de interactuar”, dice Mons. Peter.

Llamados a la acción

Tanto obispos como sacerdotes han llamado a todos los católicos a hacer actos de reparación por los pecados cometidos por clérigos.

“Cristo es puro, santo y perfecto pero la Iglesia ha sido afectada y sigue siendo afectada por las ramificaciones de los pecados de sus miembros,” dice el padre Samuel.

Por ello, los cristianos están llamados a hacer actos de reparación.

“Lo que pasa en la reparación es que estamos participando en la reparación de Jesucristo en la cruz”, explica el padre Ryan. “Lo que podemos hacer es recibir ese acto de reparación que Jesús lleva a cabo en la cruz y agregarle nuestros propios sufrimientos como dice San Pablo: ‘Completo en mi cuerpo lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su cuerpo, que es la Iglesia’” (Col 1,24).

“Así que no significa que estoy enmendando las cosas yo solo. Pero sí puedo hacer pequeños sacrificios para negarme a mí mismo y unirme a Jesús en la cruz… para que su sangre repare los pecados del mundo”.

Otro aspecto de la reparación es que la unión con Cristo en su sufrimiento se vuelve transformador, asegura Mons. Peter.

“La penitencia nos ayuda a experimentar el dolor y sufrimiento de Cristo en la cruz, quien puede levantarnos de esta situación estresante con su amor y sus palabras: ‘Padre, perdónalos, porque nos aben lo que hacen’” (Lc 23,34).

“No somos católicos por ningún miembro del clero”, recuerda el padre Samuel. “No somos católicos por una enseñanza o práctica particular de la Iglesia. Somos católicos por Jesucristo y lo que hizo para fundar su Iglesia hace 2.000 años y, además, porque prometió quedarse y obrar en su Iglesia a través de los siglos, aun en sus pruebas. Ese es el testimonio que aliento a todos los fieles que den con alegría en este tiempo”.

 

Próximamente: Un estudio de Harvard revela los múltiples beneficios de llevar a los niños a la iglesia

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Un estudio de Harvard revela los múltiples beneficios de llevar a los niños a la iglesia

Una educación religiosa se relaciona directamente con un desarrollo positivo en los años de juventud adulta.

Escritor Invitado

Por: Cerith Gardiner | Aleteia

Criar a nuestros hijos con fe les da, obviamente, muchos beneficios espirituales, pero un estudio reciente de Harvard ha mostrado que los niños con una educación religiosa reciben también beneficios físicos y mentales, en especial en su juventud adulta.

Llevan un estilo de vida más saludable

El estudio, publicado en 2018 por la Escuela de Salud Pública de Harvard, encontró que los niños que asistían a misa semanalmente o que tenían una activa vida de oración eran más positivos y tenían una mayor satisfacción vital cuando llegaban a la veintena. Estos jóvenes adultos tenían tendencia a escoger un estilo de vida más saludable, evitando las bebidas, el tabaco, el consumo de drogas y la promiscuidad sexual.

Utilizando una muestra de 5.000 niños durante un periodo de 8 a 14 años, el estudio reveló unos descubrimientos sorprendentes: al menos el 18 % de los que asistían a misa con regularidad informaron de niveles más altos de felicidad a partir de los 20 años que sus pares no religiosos. Y lo que es más importante, de esa misma muestra, el 29 % tendía a unirse a causas en beneficio de la comunidad y el 33 % se mantuvo alejado de drogas ilegales.

Una de las autoras del estudio, Ying Chen, se refirió a los descubrimientos en una rueda de prensa diciendo: “Muchos niños reciben una educación religiosa y nuestro estudio muestra que esto puede tener consecuencias significativas sobre sus comportamientos relacionados con la salud, su salud mental y su felicidad y bienestar generales”.

Les aporta fortalezas

No se trata del primer estudio que demuestra las ventajas de una educación religiosa. Emilie Kao, directora del Centro DeVos para la Religión y la Sociedad Civil de la Fundación Heritage, comparte en la web Stream.org que “las creencias religiosas dan a las personas fortalezas espirituales que conducen a hábitos saludables y construyen sus redes sociales y les dan la capacidad de superar obstáculos en la vida”.

Estos resultados son especialmente alentadores en un tiempo en que el número de asistentes regulares a misa parece estar en declive. El estudio podría servir como motivador para los padres que tienen dificultades para que sus hijos reticentes vayan a la iglesia, sobre todo durante los años de adolescencia.