Santidad: Aquello que más deseas

Obispo Jorge Rodríguez

(Dibujo de Ana María Muñoz)

En nuestra tradición católica tenemos en mucha estima a los santos del cielo y les pedimos que nos ayuden con sus oraciones. Pero sobre todo estos hermanos nuestros despiertan en nosotros ese sueño, a veces dormido, que todos tenemos: ser santos como ellos.

Los santos forman parte de esa muchedumbre de hombres y mujeres que el libro del Apocalipsis describe como incontable, de toda raza y nación que vestidos con túnicas blancas adoran al Cordero en la liturgia celeste. Sólo Dios sabe el nombre de cada uno de ellos. Muchos incluso son, a lo mejor, conocidos o seres queridos nuestros.

Todos ellos nos mueven a mirar a lo alto y nos hacen sentir en lo más hondo del corazón el anhelo más sincero y auténtico que tenemos: ser santos.  ¿Por qué no podemos apagar ese deseo de ser santos? Porque así nos creó Dios: para ser santos. Ese anhelo lo llevamos sellado en cada “célula” espiritual de nuestra alma. Porque como dice san Agustín: “nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti”.

La santidad es aquello que únicamente corresponde a Dios. Él es el solo Santo. La santidad es la belleza, la bondad y el resplandor del Dios que es amor. Sólo por contacto con Él uno puede ser santo. Por eso la santidad se puede entender como una relación de amor. Es lo que también entendemos como la “vida de gracia”, es decir, la vida vivida en el amor de Dios. Nuestro corazón fue hecho para amar y para nada más. El odio es una violencia para el corazón. Por eso, si tú le preguntaras a tu corazón que es lo que más sinceramente desea, te respondería seguramente, que sólo quiere amar, pero que su sed de amor no se apagará hasta que esté lleno del Amor mismo, que es Dios.

San Agustín tiene una frase algo atrevida cuando dice: “Ama, y haz lo que quieras”, pero añade enseguida: “pero ama”. Él está convencido de que, si amas a Dios de verdad, no querrás hacer nada que pudiera ofenderlo. Por eso la vida cristiana no debe vivirse a la defensiva, concentrándola en no pecar, sino en modo muy activo, buscando amar a Dios cada día más. Vivir cada día, como diría santa Teresa de Ávila, “buscando dar contento en todo a mi Capitán”.

Los santos son aquellos hombres y mujeres que aman a Dios con toda el alma. Y yo estoy seguro que conoces personalmente a algunas de estas personas. Y también estoy convencido de que tú quieres ser una de ellas.

Si alguna vez vas a Los Ángeles, visita la catedral. A lo largo de sus paredes interiores hay unos tapices preciosos que presentan la Comunión de los Santos. Ahí se representan 135 santos de todo el mundo, incluyendo los santos canonizados de Norteamérica, y doce figuras no identificadas, incluyendo niños de todas las edades, que representan esa cantidad de santos anónimos que viven entre nosotros. Esos con los que te cruzas en la calle todos los días. ¡Quién quita que ese santo o santa por identificar seas tú! En el fondo esto es lo que tú más deseas en lo profundo de tu alma.

Próximamente: ¿Por qué soy católico?: Por la Biblia

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La Biblia es más católica de lo que creemos. Muchas personas no saben que no fue la Iglesia la que nació de la Biblia, sino la Biblia la que nació de la Iglesia, nuestra Iglesia Católica.

¿Por qué soy católico?: Por Jesús

En las primeras décadas del cristianismo, el Nuevo Testamento no existía. Los discípulos predicaban por palabra lo que habían aprendido de Jesús. No fue hasta décadas después de la resurrección que lo escribieron.

En ese tiempo había muchos evangelios y cartas que aseguraban tener inspiración divina.

¿Por qué soy católico?: Porque es la Iglesia que Cristo quiso fundar

¿Cómo es que unos sí llegaron a considerarse “divinamente inspirados” y se incluyeron en el Nuevo Testamento y otros no? ¿Quién decidió cuáles eran verdaderos y cuáles no?

Fue la Iglesia Católica, con la inspiración del Espíritu Santo y la autoridad que Jesús le dio, la que decidió la lista de 27 libros que eran divinamente inspirados del Nuevo Testamento en el año 382 d. C., bajo el Papa Dámaso.

¿Por qué soy católico?: Por el perdón de los pecados

¿Cómo lo hicieron? Los obispos y teólogos de ese tiempo investigaron cuáles evangelios y cartas tenían origen apostólico y compararon su contendido con la Tradición que habían recibido de los discípulos por medio de la palabra. Asimismo, construyeron la lista de 46 libros divinamente inspirados del Antiguo Testamento.

Esta colección de 73 libros, que llamamos “Biblia”, no es solo una colección histórica, sino que contiene el mensaje que todo humano debe saber.

Si no lees la Biblia regularmente, te invitamos a que lo hagas. En ella encontrarás la historia de amor más bella de todos los tiempos. Es como una carta de amor que está dirigida a ti personalmente. Léela si quieres conocer a Jesús y podrás decir con san Pablo: “(Cristo) me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2,20).

¿Por qué soy católico?: Porque Jesús está verdaderamente presente en la Eucaristía

Sabías que…

Esta lista de 73 libros se consideró divinamente inspirada por todo cristiano por más de 1,100 años, hasta que Martín Lutero y sus seguidores se deshicieron de siete libros del Antiguo Testamento en la Reforma Protestante en el siglo XVI. Los católicos aún conservan los 73 libros.