¿Se acerca el fin del mundo?

Últimamente se ha corrido mucho la voz de que el mundo va a acabarse y hasta pusieron por fecha el 23 de septiembre, hecho que asustó a muchos porque pensaron que iba a llegar la destrucción.

Primero: la fecha llegó y no sucedió la tan temida destrucción del mundo. Eso demuestra la mentira de aquellos que difunden estas alarmas sin fundamento, o manejando equivocadamente las Sagradas Escrituras y manipulando según sus criterios el mensaje bíblico. Al mismo tiempo, comprueba la verdad que la Iglesia Católica predica basada en los mismos Evangelios, palabras del mismo Señor Jesucristo: “Nadie sabe el día ni la hora”.

Segundo: Esto muestra la falta de fe de tantas personas a quienes les es más fácil creer a los charlatanes que difunden sus mentiras en lugar de creer al mismo Jesucristo, el Hijo de Dios, quien afirma claramente que solo Dios conoce el momento del final de los tiempos; ningún hombre puede pretender saberlo. ¿Te es más fácil creerle a Dios o a un impostor?

 

El tiempo llegará a su fin. Esta es una verdad de fe católica. En ese día los muertos resucitarán y Cristo aparecerá en todo esplendor y majestad para culminar su obra salvadora. El término “fin de los tiempos” se aplica a la primera venida del Señor. (Heb 1,2. 9,26 y 1 Cor 10,11) y también a los eventos que preceden a su segunda venida (Mt 24,13, 2 Tim 2,1 y 2 P 3,3). Sobre cuándo y cómo sucederán estas cosas, no sabemos nada definitivo. (Ver el Catecismo de la Iglesia Católica 1042s.: “La esperanza de los cielos nuevos y de la tierra nueva”).

Es inútil especular la fecha del fin del mundo. “De aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre” (Mt 24,36). Nuestra misión no es investigar cuándo será el fin de mundo; más bien debemos estar preparados siempre para que la segunda venida del Hijo de Dios no nos encuentre desprevenidos, y la forma de estar preparados es trabajar intensamente para propagar el Reino de Dios. “Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora” (Mt 25,13).

 

Muchos tienen miedo cuando oyen hablar del final de los tiempos porque lo identifican con destrucción y condenación. Recordemos que Jesucristo vino a salvar al mundo y no a destruirlo. Por lo tanto, el final de los tiempos nosotros lo identificamos con la culminación de la obra salvadora de Nuestro Señor Jesucristo, quien dio su vida para rescatarnos del pecado que nos separa de Dios, dio su vida para reconciliarnos con el Padre, Él mismo dice que no ha venido al mundo para condenarlo sino para salvarlo, Él ha venido para que el mundo tenga vida y la tenga en abundancia. Así es que lejos de pensar en la destrucción, las Sagradas Escrituras nos hablan de un Cielo Nuevo y una Tierra nueva; entonces no se trata de una destrucción sino de una renovación. Dios no nos quiere hacer daño, sino que en su infinito amor por nosotros quiere lo mejor para sus hijos. El que ama, siempre piensa en hacer el bien nunca en hacer el mal a la persona amada. Todo lo que Dios ha preparado para quienes Él ama lo ha hecho pensando en términos de amor, felicidad, paz, armonía, belleza, etc.

Entre nosotros católicos, no debe haber cabida para el temor, sino para la confianza basada en la fe, en la esperanza y en el amor. El fin de los tiempos no es la destrucción y el daño sino es la plena realización del plan de salvación trazado por Dios desde antiguo y que lo lleva a pleno cumplimiento en la persona de su Hijo Jesucristo. Pero recordemos que todo este plan de salvación para nosotros, el Señor lo he ideado de forma tal que requiere de nuestra participación y esto es lo que verdaderamente nos debe de ocupar y no el estar sumidos en el temor, dando cabida a mentiras que pretenden solo desviarnos de nuestra verdadera vocación que es el caminar siempre hacia Dios siguiendo los pasos de Jesús el Salvador. Tenemos la gran oportunidad de estar preparados para la venida del Señor por medio de la “Nueva Evangelización” haciendo realidad la “civilización del amor”, esto es una nueva primavera para la Iglesia que somos nosotros.
¡No tengan miedo, tengan fe en Dios!

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Ge´la: Tras padecer de cáncer en la garganta, hoy le canta a Jesús

Ángela Sandoval, más conocida como Ge´la estuvo en de gira en Colorado

Carmen Elena Villa

La cantante Ge’la

La cantante Ge’la estuvo de visita en Colorado y visitó la Arquidiócesis de Denver. Aquí les presentamos esta entrevista.

Posted by El Pueblo Católico on Thursday, August 16, 2018

La cantante Ángela Sandoval, más conocida como “Ge’la” canta mariachis y baladas para Jesús. Y lo hace desde casi desde que empezó a hablar. Su madre le cuenta que se sentaba en una piedrita a entonar sus primeras melodías.

Su carrera como cantante comenzó a tomar forma cuando ella, a los 14 años, se integró en el coro de la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Ontario, California donde vive desde hace 40 años. “Ahí empecé a descubrir que Dios me había dado un don para compartirlo”, dice en diálogo con El Pueblo Católico.

Y como buena mexicana, oriunda de Michoacán, el ritmo de Mariachi fue el que eligió. “Es otra forma de pescar a nuestro pueblo latino con la música de nuestra cultura”, dice.

Además de cantar, a Ge´la le gusta hacer breves prédicas introductorias. La primera vez que se lanzó a hacerlas, fue en un concierto en Oregón. “Le dije al Señor: ‘¡Ayúdame!’ y Él me invitó a contar el testimonio de mi niñez. Mi padre era un alcohólico y, no sé por qué, el Espíritu de Dios me iluminó para que diera ese testimonio entreverando el canto. Vi a mucha gente llorando, niños, jóvenes, varones, es raro ver a un varón llorar en nuestra cultura latina y ver cómo esos corazones fueron tocados a través del canto a través del testimonio”, recuerda.

Cantar para Dios, dice Ge´la, le ha traído frutos que quizás ella nunca se hubiera imaginado: Una mujer, quien acababa de ser abandonada por su esposo, le escribió un correo diciéndole que estaba decidida a quitarse la vida aventándose en su carro a un tráiler. Pero al escuchar la canción de alabanza “No estoy sola”, decidió voltear el timón y evitar el golpe que la hubiera matado instantáneamente.

 

Y Jesús probó su fe

La prueba más difícil de su vida la pasó en el año 2002 cuando, después de unas altas fiebres y una pérdida repentina de peso, le fue diagnosticado un carcinoma en la garganta. Al recibir el diagnóstico ella dijo: “No puedo tener cáncer en mi garganta si yo le canto a mi Señor y a mi Madre santa”. Antes de que fuera operada quiso ofrecer sus últimos conciertos en Wisconsin y Virginia. Era como la despedida de su vida musical. El padre Juan Díaz, sacerdote jesuita y amigo muy cercano de Ge´la, la acompañó a los que serían sus últimos conciertos: “No pude contener mis lágrimas al ver con qué amor Ge´la cantaba y alababa al Señor cuando estaba condenada, quizás a morir muda en unos meses”, recuerda el sacerdote.

El día antes de la operación se fue con su esposo y sus dos hijos a la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe donde había misa y exposición al Santísimo. Ella le dijo en la oración: “Señor, no te pregunto por qué a mí si yo te canto, no Señor, te doy gracias por esta enfermedad que me une un poquito a esta santa cruz de dolor. Lo único que te pido es que sigas iluminando a mis hijos por el buen camino como hasta ahora y haz de mi vida lo que quieras”. Y dijo que después de ese momento se sintió mucho mejor. Al día siguiente sería la cirugía. Pero el médico, el doctor Julio Torres, la sorprendió diciéndole: “Dice la radiografía que el cáncer no está en tu garganta”.

Cuenta Ge´la que al escuchar estas palabras “lloraba como una niña”. Para confirmar que el cáncer había desaparecido ingresaron dos veces con una aguja a la garganta y, comparte la cantante que lo único que salió fue “sangre molida”. “Jesus Sacramentado había hecho un milagro en mi garganta”, asegura. El médico le dijo: “Es como si alguien hubiera entrado y apachurrado el tumor” y Ge´la asegura que fue Jesús quien lo apachurró. “Como médico te digo que la curación ha sido un milagro”, le dijo el doctor Julio Torres.

Recientemente visitó varias parroquias del norte de Colorado cantando, predicando y transmitiendo esa fe en Jesús vivo que ni si quiera el cáncer le arrebataron.