Separación de familias. Pastores muestran su solidaridad

Carmen Elena Villa

Líderes mundiales alrededor del mundo reaccionaron frente a la política de Separación de Familias que se implementó desde el pasado mes de abril cuando el Fiscal General de Estados Unidos, Jeff Sessions, anunciara algunas medidas de la política de “tolerancia cero” para impedir el paso de inmigrantes indocumentados.

El mundo conoció el pasado 18 de junio las imágenes de los niños recluidos en un antiguo supermercado cuando la patrulla fronteriza permitió que un grupo de periodistas ingresara a las celdas donde encontraron, en pleno Día del Padre, 1.469 menores durmiendo en el suelo y en celdas poco adecuadas.

Ante las protestas el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva el pasado 20 de junio para poner fin a la separación de las familias.

Sin embargo cuatro días después el mandatario escribió en su cuenta e Twitter: “No podemos impedir que estas personas invadan nuestro país”.

“Cuando alguien entra, debemos inmediatamente, sin jueces o casos judiciales, enviarlos de vuelta por donde vinieron”, expresó el Presidente.

Además, continúa la incertidumbre de cuándo y de qué manera cada uno de estos 1.469 menores podrá regresar con sus padres, dado que en muchos casos no se recopiló la información necesaria en el momento de la detención. Muchos de ellos son bebés sin identificación.

“Tenemos miles de niños en instalaciones que están a cientos de kilómetros de distancia de sus padres”, denunció el arzobispo de Los Ángeles, monseñor José Gomez durante su homilía en una misa celebrada en la catedral angelina el pasado 24 de junio.

“Nuestro gobierno dice que pasarán meses antes de que estos pequeños se reúnan con sus madres y padres. Necesitamos rezar por esos niños y sus padres. Y especialmente por nuestros políticos y ciudadanos”, indicó el prelado

En nuestra edición del pasado mes de abril, un artículo escrito por la periodista Mavi Barraza evidenció cómo los psicólogos han detectado un síndrome del que sufren muchos de estos niños, llamado Ansiedad por Separación y Abandono, en el cual ellos desarrollan, incluso a largo plazo, consecuencias como depresión, dificultad en sus relaciones personales, problemas de aprendizaje, trastornos de sueño y apetito y en algunos casos, pensamientos suicidas. Muchos niños y jóvenes hijos de inmigrantes sufren de este mal por separaciones que han sufrido en el pasado.

 

Pastores se pronuncian

El Papa Francisco dijo el pasado 20 de junio en una entrevista a la Agencia Reuters que la política de separación de familias es una medida “contraria a nuestros valores” y que es “inmoral”.

Sin embargo, el Pontífice recordó que el problema ya existía antes de que Trump llegara a la presidencia de los Estados Unidos: “En los tiempos de Obama he celebrado una misa en Ciudad Juárez (México), en la frontera, y en la otra parte concelebraban 50 obispos, y en el estadio había muchísimas personas. Ahí existía ya el problema, no es solo de Trump, sino también de los gobiernos anteriores”.

De otro lado el cardenal Daniel N. DiNardo (Arzobispo de  Galveston-Houston) y presidente de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos dijo en un comunicado publicado el pasado 13 de junio:

“Queda a discreción de las leyes de nuestros gobernantes asegurar que estos niños no se separen de sus padres ni sean expuestos a daños ni traumas irreparables. La familia es el elemento fundamental de la sociedad y sus miembros deben poder permanecer juntos”.

Por su parte el arzobispo de Denver monseñor Samuel J. Aquila y el obispo auxiliar monseñor Jorge Rodríguez dijeron en una declaración conjunta: “Estos niños y sus padres a menudo están huyendo de la violencia y nuestro país no debería sumarse a esta situación inhumana. Si bien entendemos el deseo de proteger nuestras fronteras, hacemos un llamado a todos los legisladores (…) a que busquen soluciones que apoyen la cohesión familiar”.

Y los obispos de México dijeron en un comunicado el pasado 20 de junio: “Queremos ver y acompañar a todos aquellos niños niñas y adolescentes que tienen que migrar en busca de un lugar seguro y necesitan ser acogidos, protegidos, promovidos e incorporados al país adonde pueden llegar”.

Indicaron también que en los niños refugiados “queremos mirar a Jesús”, quien también tuvo que “huir a un país extraño en donde, de por sí, el pueblo de Israel no era bien visto”.

Próximamente: El seminario de Denver tiene un riguroso proceso de selección y formación de sus sacerdotes

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Debido a los escándalos de abuso sexual ocurridos en Estados Unidos mucha gente se pregunta con qué criterio se admiten a los jóvenes en los seminarios. Por ello ofrecemos este artículo en el que explicamos cómo los seminarios de la Arquidiócesis de Denver evalúan a aquellos jóvenes que vienen con la inquietud sobre la vocación al sacerdocio.

La Arquidiócesis de Denver cuenta con dos seminarios: Saint John Vianney y Redemptoris Mater han liderado durante casi 30 años la investigación diligente de seminaristas y la formación de futuros sacerdotes sanos.

“Nuestra tarea consiste en formar hombres virtuosos con el corazón de Jesús, que mueran a ellos mismos, que estén dispuestos a servir donde estén llamados y que sirvan a los fieles confiados a su cuidado con caridad pastoral”, dijo el arzobispo Samuel Aquila. “El sacerdocio no se trata de uno mismo, sino de servir a Cristo y a la Iglesia, donando la propia vida como Cristo donó su vida por nosotros”, aseguró.

Por su parte el padre Daniel Leonard indicó que “la generación actual de seminaristas es la más estudiada”. Christina Lynch, quien ha trabajado durante 12 años como directora de servicios psicológicos del seminario, asegura que las pautas para examinar candidatos han evolucionado con el tiempo y siguen siendo cada vez más estrictas. “Lo que ocurrió en el pasado nos muestra que si tú no quieres ver algo no lo ves”, dice. “Esto ha cambiado en los seminarios”.

“Creo que la diferencia no es solo el espíritu de transparencia sino que funciona en ambos sentidos”, asegura. “Los hombres sienten que sus formadores están ahí para su mejor interés.

 

 

Selección

El proceso de selección en el seminario comienza en el momento en que los hombres están interesados en seguir el sacerdocio.

Para el St. John Vianney, los candidatos deben tener un encuentro primero con el director de vocaciones, el padre Ryan O´Neill, quien busca conocer la vida personal, espiritual y familiar de cada hombre durante un período de tiempo.

El siguiente paso consiste en llenar una aplicación que consta de aproximadamente 20 páginas, el certificado de no antecedentes penales, una autobiografía, cuatro cartas de referencia y, si se aplica, el certificado de inscripción a la universidad.

De otro lado, para aquellos interesados en ingresar al Redemptoris Mater deben someterse a un doble proceso de admisión que vienen del Camino Neocatecumenal y que “incluye la selección de candidatos en un proceso que consta de cuatro partes, entre ellos, una selección por parte de sacerdotes y laicos antes de que ellos sean recomendados por una admisión al seminario tanto a nivel local como regional y nacional”, dice el padre Tobias Rodriguez-Lasa, rector de este seminario.

“Si estos procesos de selección culminan de manera exitosa y si los candidatos se sienten preparados, ellos son invitados a participar en el retiro vocacional internacional en el que son analizados una cuarta vez”, dice.

Después los candidatos pasan por un el proceso estándar que tiene la Arquidiócesis.

Quienes aspiran ingresar a ambos seminarios deben pasar por un proceso psicológico integral donde se evalúa si tienen la capacidad para ingresar al seminario. La evaluación cubre una variedad de áreas, incluyendo el desarrollo psico-sexual y la historia familiar. Los análisis también detectan si tiene algún tipo de adicción que el candidato pueda tener o si sufre de atracción al mismo sexo.

“Hacemos preguntas muy rigurosas en esta entrevista y luego elaboramos una serie de pruebas como personalidad y pruebas de proyección”, dice la doctora Lynch. “Es una entrevista extremadamente profunda”.

Finalmente el comité de admisiones (que incluye rectores y otros miembros del equipo del seminario) elabora una entrevista al candidato.

Los aspirantes pueden ser rechazados en cualquier momento del proceso de selección. De acuerdo con la doctora Lynch y el padre O’Neill, los problemas comunes que impiden que los hombres sean aceptados son adicciones, tendencias homosexuales profundamente arraigadas o trastornos de personalidad que pueden incluir la inhabilidad para controlar las inclinaciones sexuales poco saludables.

“La Iglesia católica es para todos”, dice el padre O’Neill, “pero el seminario no. El hecho de que un joven quiera ser sacerdote no quiere decir que necesariamente llegará a serlo”.

 

Dentro del seminario

La selección no termina cuando se entra al seminario. “Una vez ellos son admitidos, son evaluados constantemente por un equipo de formación, por supervisores de apostolado y por sus mismos compañeros”, dice el padre Leonard.

Una mayor parte de la vida del seminario es la formación la cual, en el St. John Vianney, tiene cuatro pilares: humano, intelectual, pastoral y espiritual. Además los seminaristas realizan  un año de espiritualidad dedicado a la oración y el discernimiento.

“Es un año en el cual los candidatos están verdaderamente desconectados del mundo para que puedan así sumergirse en las partes más profundas y misteriosas de su corazón”, dice el padre O´Neill.

“El año de oración enseña al candidato cuál es la prioridad en su vida cristiana”, agrega “y permite un honesto discernimiento en el celibato sacerdotal”.

La formación en el seminario Redemptoris Mater de Denver dura alrededor de diez años, los cuales incluyen dos o tres años experiencia misionera. Durante este tiempo los seminaristas son monitoreados por los sacerdotes y laicos en diferentes situaciones fuera del seminario.

“El hecho de que sea un tiempo más largo y exista una variedad de lugares no institucionales la experiencia de los seminaristas le da al equipo de formación más y mejores oportunidades para identificar y actuar sobre cualquier potencial problema que puede aparecer en la evaluación psicológica inicial, durante la formación o los años de estudio o durante la experiencia misionera”, dice el padre Rodríguez-Lasa.

El doctor David Kovacs, psicólogo clínico del seminario St. John Vianney, dijo que el vivir en el seminario hace que sea difícil que permanezcan ocultas aquellas dificultades más profundas que pueda presentar el candidato.

Las evaluaciones son una gran herramienta para ver lo que sucede debajo de la superficie, aquello que la gente no puede ver”, dice el Dr. Kovacs. “Y una vez ellos ingresan ahí hay muchos ojos observando a ese muchacho”.

Los dos seminarios de Denver tienen como formadores a personas que los acompañan y que monitorean su comportamiento, así como evaluaciones rutinarias.

El equipo del St. John Vianney y del Redemptoris Mater continúa así esforzándose por alcanzar la transparencia, el análisis riguroso de los seminarios y, especialmente la excelencia para formar a los sacerdotes de la mejor manera posible – los que están comprometidos a servir al pueblo de Dios y llevarlos a un encuentro con Jesucristo.

 Traducido del original en inglés por Carmen Elena Villa