¿Son ciertos actos morales más graves que otros?

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Como católicos, es importante preguntarnos si algunos actos morales son más graves que otros. La respuesta es sí. Esto no significa que los demás problemas no tengan importancia. Tampoco significa que la dignidad humana de algunos valga más que la de otros. Solamente quiere decir que hay faltas que tienen un nivel de gravedad más alto por su naturaleza. Incluso entre los pecados mortales, unos son más serios que otros. Esta lista no es exhaustiva, pero sí muestra algunos temas morales que los católicos deberían considerar y saber sopesar.

La santidad de la vida

El papa san Juan Pablo II en su encíclica Evangelium Vitae no dudó en categorizar el aborto y la eutanasia en un nivel único con respecto a otros temas. Su intención no era ignorar otros temas importantes que afectaban la dignidad humana, pero sí dejar claro que estos eran más serios por la naturaleza del acto y que por ello eran “no negociables”, por así decirlo, para los cristianos. Aquí algunas razones:

  1. Porque se trata del asesinato directo e intencional de un inocente. Hay muchos pecados en contra de la dignidad humana, pero en este caso, es la vida misma la que está en juego.
  2. Por la víctima: un ser humano frágil e inocente.
  3. Por la gravedad de quien lo hace. En el aborto, es el médico, el padre o la madre; en la eutanasia, los hijos, el cónyuge: las personas que fueron encomendadas con el cuidado de ese= ser humano. En ambos casos, el vínculo de relaciones en la familia es destruido.
  4. Porque es un daño grave al bien común. Al destruir los vínculos familiares que forman la base de la sociedad, el aborto y la eutanasia terminan por dañarla.
  5. Porque son malos en sí: nunca se pueden justificar. Como dice san Juan Pablo II: “Ninguna circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo podrá jamás hacer lícito un acto que es intrínsecamente ilícito, por ser contrario a la Ley de Dios, escrita en el corazón de cada hombre, reconocible por la misma razón y proclamada por la Iglesia” (EV, 62).
  6. Por la Biblia. Las Sangradas Escrituras claramente se refieren al no nacido como a un ser humano, como una persona que Dios ha creado y elegido. Además de la condenación del pecado en Ex 21, 22-23, otros pasajes lo atestiguan: “Me has tejido en el vientre de mi madre” (Sal 139,13); “El señor me llamó desde el ceno de mi madre” (Is 49, 1); “En cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno” (Lc 1, 41) (ver también Is 44, 2; Jer 1, 5; Jer 20, 17; Job 10, 18-19).

En esta categoría también se incluyen otras amenazas intencionales y directas a la vida como la destrucción de embriones a causa de experimentos o vacunas, el suicidio asistido, la pena de muerte cuando existen otras maneras fiables de proteger a la sociedad de una amenaza y el genocidio.

¿Y qué de otros temas importantes?

Como se dijo anteriormente, el hecho de que el aborto, la eutanasia y los temas mencionados sean más graves por la naturaleza del acto, no quiere decir que otros temas no merezcan atención o que no sean graves. Los mencionados anteriormente representan el extremo del daño que se puede causar a la dignidad de la persona y por eso requieren de una atención especial y urgente, por lo que tienen más peso. Pero al ser “provida”, el católico debe buscar defender la dignidad de la persona en cada etapa, y hay otras injusticias contra las que se debe luchar. Estas, aunque no siempre al nivel de las anteriores, siguen siendo muy importantes.

Matrimonio y la familia

La familia es el pilar fundamental de la sociedad. Es en ella donde, con el amor y la dirección de los padres, el ser humano está llamado a formarse y convertirse en un buen ciudadano que aporte al bien común de la sociedad. Por eso, el gobierno debe apoyar a la familia y a los matrimonios con sus leyes. Como católicos –y con base no solo en la Biblia, sino en la misma biología y naturaleza del ser humano–, creemos que un matrimonio como tal solo puede existir con la unión de un hombre y una mujer; y que se debe fomentar el derecho del hijo de tener un padre y una madre.

Actualmente, hay un gran intento por definir el matrimonio y la familia en una forma que contradice tanto la visión cristiana del ser humano como su realidad biológica. Por ello, es importante que el católico luche por proteger el matrimonio y la familia.

Libertad religiosa

Este es un tema de creciente importancia en todo el mundo. En los últimos años se ha visto en Estados Unidos un intento más intenso por querer definir varias creencias cristianas como algo “inaceptable”, “intolerante” y que proviene del odio. Esto no solo se ha hecho evidente en los últimos ataques de vandalismo a iglesias católicas, sino también en la aplicación de la ley (ver p. 7).

La lucha por la libertad religiosa tiene que ver con la libertad del ser humano de practicar su fe sin la intervención del gobierno. El gobierno no debería forzar prácticas contrarias a la fe de los ciudadanos, y  debería respetar sus decisiones y convicciones, como permitir a los padres elegir la escuela de preferencia para sus hijos y permitir la educación privada y religiosa al igual que la pública.

Racismo

Este es un tema que resalta para los hispanos en Estados Unidos. “El racismo surge cuando… una persona sostiene que su propia raza o etnia es superior y, por lo tanto, juzga a las personas de otras razas u orígenes étnicos como inferiores e indignas de igual consideración” (USCCB). Claramente, el racismo es un ataque a la dignidad de la persona, ya que la persona es juzgada o maltratada solo por pertenecer a cierta raza y sin ser culpable.

Los casos de racismo pueden variar en nivel de gravedad. Por ejemplo, aunque ambos casos son malos en sí, es más serio asesinar a una persona por odio o prejuicios a su raza que negarle un servicio. De cualquier forma, es algo por lo que los católicos se deben preocupar y luchar porque implica al bien común y a la sociedad.

 

TEMAS PRUDENCIALES

En la moral católica también existen los temas considerados “prudenciales”, es decir, temas que pueden admitir diferentes opiniones válidas en cuanto a los detalles de una ley o la mejor manera de proceder en una ocasión (siempre y cuando no violen la dignidad de la persona). La Iglesia no ha de entrometerse en esos detalles, pues son la responsabilidad del laico.

Sin embargo, sí se ve obligada a llamar a que las leyes respeten la dignidad humana y a luchar contra aquellas que no lo hagan. Aquí algunos temas morales que están en juego dentro de varios ámbitos.

Justicia económica, pobreza y ayuda social

Según la Doctrina Social de la Iglesia, es importante que las propuestas y leyes de ayuda social busquen reducir la pobreza y la dependencia, que fortalezcan la vida familiar y que ayuden a las familias a salir de la pobreza por medio de programas como la asistencia con el cuidado de niños, atención de la salud, vivienda y transporte. El salario debe permitir que los trabajadores puedan proveer para su familia, y debe haber asistencia pública para que las familias vivan con dignidad. Igualmente, la Iglesia llama a que se busque una solución para que las viviendas sean asequibles.

Atención sanitaria

La atención de la salud debe estar enraizada en valores que respeten la dignidad humana y la vida; que atiendan las necesidades de los pobres, especialmente de los niños nacidos y no nacidos, las embarazadas y otras poblaciones en riesgo. Los empleadores deben tener la oportunidad de proveer atención sanitaria sin comprometer sus convicciones morales o religiosas. Igualmente, mandatos de anticoncepción y aborto son contrarios a la libertad religiosa, pues imponen prácticas contrarias a la fe.

Inmigración

La Iglesia pide y lucha por que las leyes de inmigración respeten la dignidad de la persona. Pide, por ejemplo, que el racismo o la discriminación no sean el impulso de estas, que los ciudadanos consideren la caridad y la solidaridad con el extranjero, que las familias no sean separadas, que los inmigrantes no sean maltratados, que se implemente una reforma migratoria justa que respete la dignidad del inmigrante y a la vez el bien común y la seguridad del país. Pide una reforma que incluya un programa de legalización con un camino a la ciudadanía, un programa de trabajo con protección del trabajador, etc.

Todos estos aspectos tienen que ver con la dignidad humana, pero los asuntos que conciernen a los detalles de las leyes y los procesos son de categoría “prudencial”. En estos se admiten diferentes opiniones, siempre y cuando no se viole la dignidad de la persona. No se puede ignorar que se han cometido injusticias serias contra inmigrantes y que merecen atención: la separación de familias, el maltrato y el abuso en los centros de detención, etc. Por eso este es un tema por el que el católico se debe preocupar.

Medio ambiente y energía

Es responsabilidad religiosa de cada católico preocuparse por las generaciones futuras en cuanto al cuidado del medio ambiente y el acceso a la energía. Las medidas públicas deben promover la conservación de energía y el desarrollo de otros recursos de energía limpia y renovable, sin que estas sean dañinas para los ciudadanos en el ámbito financiero y laboral. La Iglesia llama a una solución de los problemas de medio ambiente y energía basada en la prudencia, la búsqueda del bien común, el impacto a los pobres y la vulnerabilidad de los trabajadores.

Promoción de la paz

Aunque la tradición católica acepta que es legítima una guerra justa para defender a inocentes frente a un gran mal, no se debe perder de vista su costo y su daño a la vida. Los gobiernos deben buscar maneras efectivas para prevenir y resolver conflictos de forma pacífica o promover la reconciliación cuando estos surjan. Las naciones tienen la obligación de defender a sus ciudadanos del terrorismo, la agresión y otras amenazas.

Justicia restaurativa

Se debe buscar una reforma al sistema de justicia que se centre en la rehabilitación de personas sentenciadas por un crimen a la sociedad. Igualmente se debe apoyar a las víctimas de tales crímenes con políticas basadas en el entendimiento, la compasión y la sanación.

Tecnología

La tecnología ha de ser acogida e impulsada a que promueva la dignidad humana y el bien común. También se han de apoyar legislaciones que protejan a los niños y la dignidad de todo ser humano.

 

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Próximamente: Arzobispo Aquila: Carta sobre la finalización del proceso de revisión independiente y el programa de reparación

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A los fieles de la Arquidiócesis de Denver:

En el verano del 2018, las revelaciones sobre el excardenal Theodore McCarrick y la publicación del informe del gran jurado de Pensilvania iniciaron otra observación extensa de la historia de abuso sexual de menores en la Iglesia Católica de Estados Unidos.

Sé lo desalentador que esto fue para muchos fieles católicos, porque había una sensación de que ya se había abordado este tema, y a pesar de no haber casos actuales, ¿por qué volvió a aparecer en las noticias?

La realidad es que, a pesar de que hemos pasado décadas tomando medidas para asegurarnos de que nuestros niños estén protegidos y que los sobrevivientes de abuso reciban cuidado, el proceso de sanación sigue y el trabajo continúa.

Hoy, al concluir un proceso de revisión y reparación independiente de casi dos años, quiero ofrecer mis pensamientos y reflexiones sobre lo que hemos aprendido y hacia dónde iremos de aquí en adelante.

Cuando entablamos conversaciones con la fiscal general Cynthia Coffman y luego con Phil Weiser sobre cómo juntos podríamos examinar a la Iglesia aquí en Colorado, sometí a nuestra arquidiócesis a un acuerdo estatal para lograr las siguientes tres metas:

  1. Ofrecer un relato transparente de la historia de abuso sexual de menores por parte de sacerdotes en nuestras parroquias, incluyendo una revisión de cómo respondió la arquidiócesis.
  2. Brindar un medio seguro y simple para que los sobrevivientes se presenten y reciban apoyo en su sanación.
  3. Obtener una revisión y crítica exhaustivas de nuestras políticas de prevención y respuesta actuales para asegurarnos de que cumplan con los más altos estándares.

Creo que hemos logrado esos objetivos.

Transparencia

El informe complementario de hoy identificó a cinco sacerdotes diocesanos adicionales con una acusación fundamentada de abuso sexual hacia un menor. Estas acusaciones se recibieron como parte del programa de reparación independiente que invitaba a los sobrevivientes de abuso de cualquier época a presentarse y recibir una compensación de la Iglesia. Se le pidió al perito judicial Robert Troyer que revisara estas acusaciones y se le encargó redactar un informe complementario.

Los sacerdotes identificados hoy, con la fecha del primer abuso, son: P. Kenneth Funk (1959), P. David Kelleher (1962), P. James Moreno (1978), P. Gregory Smith (1971), P. Charles Woodrich (1976).

El informe complementario también identificó acusaciones adicionales contra ocho de los sacerdotes nombrados en el informe inicial para un total de 23 acusaciones fundamentadas recientemente en nuestra arquidiócesis. De ambos informes, nuestra arquidiócesis tuvo un total de 150 incidentes fundamentados cometidos por 27 sacerdotes diocesanos.

Sin embargo, cabe resaltar que las acusaciones fundamentadas adicionales van de acuerdo con el mismo patrón histórico del primer informe, específicamente, que más del 85 por ciento de los incidentes ocurrieron hace más de 40 años durante las décadas de 1950, 1960 y 1970, y ninguno ocurrió en los últimos 20 años. Tampoco hay acusaciones fundamentadas contra ningún sacerdote actualmente activo en ministerio.

Sigue siendo cierto que casi la mitad de los incidentes totales fueron cometidos por un hombre, Harold White, y el 70 por ciento de los incidentes cometidos por cuatro exsacerdotes (White, Abercrombie, Holloway, Hewitt).

No ofrezco excusas por estos pecados del pasado o por la histórica falta de respuesta a las acusaciones contra Harold White y otros, pero el contexto de cuándo el abuso ocurrió es importante.

Si bien no podemos descartar por completo la posibilidad de que haya casos más recientes que no nos hayan sido informados, el incidente más reciente conocido en nuestra Arquidiócesis sigue siendo del año 1999. Aún través de una amplia cobertura de este proceso por parte de los medios, múltiples oportunidades para que los sobrevivientes se presentaran y el trabajo de investigadores independientes, no hemos descubierto ningún abuso fundamentado por parte de nuestros sacerdotes diocesanos en más de 20 años. Además, cualquier persona que participó en el programa de reparación primero tuvo que presentar su acusación a las autoridades policiales. Por lo tanto, tenemos la confianza de que no hay sacerdotes activos en ministerio con acusaciones fundamentadas en su contra.

Como he dicho muchas veces anteriormente, debemos permanecer vigilantes, pero este proceso extenso e independiente debería eliminar cualquier duda o sospecha injusta de nuestros sacerdotes actuales.

Justicia y sanación

Aunque no puedo hablar en nombre de todos los sobrevivientes de abuso, tengo la esperanza de que este proceso les haya ayudado en su proceso de sanación.

Sé que para muchas personas el tener que volver a recordar cualquier aspecto de su abuso fue profundamente doloroso, pero espero que la lista de nombres haya proporcionado una medida de reivindicación al reconocer públicamente los horribles males que fueron cometidos.

Además, espero que el programa independiente de reparación haya proporcionado recursos y compensación valiosos, con un proceso que fue diseñado para proteger la dignidad de los sobrevivientes de abuso al darles el control.

El programa fue completamente confidencial para aquellos que desearon mantenerse en privado, así como no conflictivo, sin deposiciones ni requisitos legales prolongados y realizado completamente de manera independiente de la Iglesia.

Me seguiré reuniendo con cualquier sobreviviente de abuso que lo desee, y aunque estos programas específicos han terminado, seguiremos ofreciendo apoyo a cualquier persona que se presente.

Protegiendo a los niños hoy

Finalmente, un aspecto crítico de este proceso consistió en asegurar que estamos haciendo todo lo posible para proteger a los niños bajo nuestro cuidado.

Comenzando con el arzobispo Stafford en los primeros años de la década de 1990, y continuando con el arzobispo Chaput y un servidor, hemos tomado muchos pasos en los últimos 30 años para asegurar que nuestras parroquias y escuelas sean un lugar seguro para los niños.

Hemos progresado considerablemente, como lo demuestra la disminución significativa de casos, a través de procesos de revisión mejorados, capacitaciones obligatorias sobre la responsabilidad de denuncia y prevención de abusos, y políticas de tolerancia cero en el código de conducta.

Sin embargo, recibir una revisión independiente y a fondo de nuestras políticas de ambiente seguro ha sido una experiencia invaluable.  Las recomendaciones proporcionadas por el perito judicial nos han permitido fortalecer y construir sobre décadas de trabajo, y asegurar que estamos usando las mejores prácticas y que estamos sujetos a los estándares más altos. Nuestros niños no merecen nada menos.

Seguir avanzando

La conclusión de este proceso no significa que nuestro trabajo haya concluido. Como católicos, debemos reafirmar nuestro compromiso a nunca caer en la complacencia, y como Iglesia, que seguiremos apoyando a cualquier sobreviviente que se presente.

Les sobrevivientes de abuso que se han presentado deben saber que sus voces han ayudado a asegurar que la arquidiócesis sea un lugar seguro. Nos hemos esforzado por que nuestras medidas de protección de niños formen parte del tejido de la arquidiócesis y continuaremos trabajando para ser un líder entre todas las organizaciones que sirven a los jóvenes.

Igualmente, agradecemos al fiscal general por alentar a otras organizaciones que sirven a los jóvenes a considerar la revisión y los procesos de reparación que hemos usado como un modelo para abordar asuntos similares. El abuso sexual es un problema presente en toda la sociedad, y estamos listos para compartir nuestra experiencia y asociarnos con cualquiera que busque mejorar sus propios esfuerzos en cuestión de la protección de niños y el apoyo a los sobrevivientes de abuso.

Que la atención dada a nuestro pasado sea una luz que guíe a otros adelante.

Sinceramente suyo en Cristo,

Arzobispo Samuel J. Aquila

Leer la declaración conjunta de los obispos de Colorado

Leer el informe complementario del perito judicial (inglés)

Leer el informe de reconciliación independiente y el programa de reparación de nuestro Comité de Supervisión Independiente (inglés)