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domingo, junio 16, 2024
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Tomemos un paso drástico para proteger a nuestros hijos de la tecnología

Por el Dr. R. Jared Staudt
Director de contenido de Exodus 90

Cuando trabajaba en la administración de una escuela católica, surgió una tendencia desastrosa entre los alumnos. Vimos un aumento alarmante de problemas relacionados con la sexualidad en los niños, comenzando incluso desde preescolar. Y tenían un denominador común: la tecnología. Sin duda, el hecho de que los niños pequeños usen teléfonos inteligentes con regularidad ha llevado a una exposición frecuente a imágenes y mensajes sexuales que han hecho que algunos niños cuestionen su propia identidad dada por Dios. Después de escuchar el problema semana tras semana, quería gritarles urgentemente a todos los padres: «Por favor, quítenles los dispositivos a sus hijos, porque realmente los están dañando». Debemos ser más vigilantes.

Esta no es solo la reacción exagerada de un educador católico. Incluso las escuelas públicas de Denver ofrecieron un taller al que asistí sobre “Adolescentes y pantallas”, en el que se habló sobre una emergencia de salud pública debido al impacto de las redes sociales en la salud mental de los adolescentes. La plataforma de TikTok, que ha estado bajo constante investigación, recientemente impuso un límite de uso de 60 minutos por día para menores de 18 años (aunque se puede seguir usando después de ingresar un código de acceso). Asimismo, el jefe de su departamento de «confianza y seguridad» declaró: «Creemos que las experiencias digitales deberían traer alegría y jugar un papel positivo en la forma en que las personas se expresan, descubren ideas y se conectan”. Sin embargo, está ocurriendo lo contrario, ya que los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en ingles) descubrieron que casi el 60 % de las chicas adolescentes lucha contra la depresión y casi un tercio ha considerado el suicidio. El aumento en la depresión y el suicidio comenzó en el 2012, al mismo tiempo que salieron a la venta los teléfonos inteligentes. A medida que aumenta el uso de la tecnología cada año, también aumentan los problemas de salud mental.

No podemos quedarnos con los brazos cruzados mientras se desarrolla esta gran crisis. Los jóvenes están experimentando una crisis de identidad impulsada por fuerzas ideológicas que utilizan las redes sociales y el entretenimiento para cuestionar su identidad sexual a edades tempranas. En las escuelas católicas llegamos a ver a niños de preescolar y de primer grado imitar cosas inapropiadas que habían visto en las pantallas. Oímos a una alumna de tercer grado decir que se identificaba como asexual después de ser acosada por un adulto a través de un iPad que le dieron sus padres. A menudo escuchamos hablar de acoso y sexteo por teléfono, incluso entre estudiantes de primaria. Estos son los casos que me llevan a insistir: “Padres, no les den un teléfono a sus hijos. ¡Por favor, quítenles sus teléfonos!”.

Soy padre de seis hijos, tres de ellos adolescentes, y por eso intento estar alerta. Nuestros adolescentes solo tienen teléfonos que no permiten el acceso al internet. Nuestros niños más pequeños nunca han necesitado un teléfono. En las escuelas católicas a menudo teníamos que recordarles a los padres de familia que siempre podían llamarles a sus hijos a la escuela y que sus hijos también podían llamarles si era necesario. Con el deseo de proteger a sus hijos al tener acceso constante a ellos a través de un teléfono, los padres terminan por dañarlos sin darse cuenta al exponerlos frecuentemente a influencias dañinas en el internet y las redes sociales.

Es necesario también que los padres examinen su propio uso de la tecnología. Hace tres años tuve que dar un paso drástico al destruir mi teléfono inteligente con un martillo. Fue uno de los momentos más liberadores de mi vida, ya que sentí una mayor tranquilidad y me quité un gran peso de encima. Esto eliminó muchas distracciones y me dio más libertad para leer y orar. También me dio la oportunidad de demostrarles a mis hijos que ellos también pueden vivir sin un teléfono inteligente, que habíamos perdido demasiado a cambio de las comodidades de las aplicaciones: es decir, la tranquilidad y el tiempo para los demás, ¡incluyendo a Dios! ¡Es difícil proteger a nuestros hijos si no nos protegemos nosotros mismos!

Quizá sea un buen momento para intentar un experimento. Mantén tu teléfono apagado durante ciertas horas. En cambio, intenta pasar más tiempo en oración o leyendo un libro espiritual. Analiza si puedes mantenerte enfocado, creciendo un poco cada día en tu capacidad para desconectarte de las distracciones y aumentar tu capacidad para atender a Dios. Crea espacios libres de tecnología en tu vida y dedica más tiempo tanto a Dios como a la presencia tangible de las personas que tienes frente a ti.

Si vamos a proteger a nuestros hijos de los efectos negativos de la tecnología, especialmente de la saturación de las redes sociales, tenemos que modelar un camino alternativo. Necesitamos la gracia de Dios para hacer el sacrificio de alejarnos de la comodidad que brinda la tecnología. A cambio, hay mucho que ganar: una mayor tranquilidad y la capacidad de enfocarse en los demás. Sin la barrera de las pantallas, también puedes estar más presente para los adolescentes que necesitan de tu ayuda para salir de la red en la que están atrapados.

Este artículo fue traducido del original en inglés por El Pueblo Católico.

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