Tú puedes ayudar a formar la futura generación de líderes católicos

Rocio Madera

La Colecta Anual del Arzobispo (ACA por sus siglas en inglés), es la fuente principal de financiamiento para muchas oficinas, parroquias y ministerios de la Arquidiócesis de Denver. Beneficia y provee servicios no solamente a la arquidiócesis en sí, sino a toda la comunidad.

Gracias a la generosidad y apoyo de los donantes del ACA, ministerios como la Oficina de Evangelización y Ministerios de Vida Familiar, pueden mantenerse activos, especialmente durante estos tiempos de crisis, y seguir sirviendo a nuestra comunidad.

Una de las misiones de la Oficina de Evangelización y Ministerios de Vida Familiar es acercar a los jóvenes a un encuentro con Jesús de manera real y poderosa. Es por eso que la oficina ofrece una amplia gama de eventos, capacitación y apoyo a través de ministerios juveniles, y recursos para parroquias y padres de familia, que no serían posibles sin las contribuciones de la ACA.

“Nuestra contribución a la colecta anual juega un papel importante no solo en el ministerio hispano pero en todos los ministerios de la Arquidiócesis de Denver ya que nos permite continuar con nuestra misión de Evangelizar por medio de formación, programas y acompañamiento; y apoyar tanto a las parroquias como a los apostolados y movimientos de la diócesis”, dijo Alejandra Bravo, Directora de Evangelización Hispana.

Bravo también resaltó que a pesar de que, por ahora, no han podido reunirse en persona con grupos y movimientos debido a la pandemia de coronavirus, continúan trabajando desde casa para llegar a los hogares de los jóvenes durante estos tiempos difíciles.

“Continuamos proveyendo nuestros servicios a través de videoconferencias, llamadas, mensajes y proyectos virtuales. Pero este continuo apoyo es posible gracias a la colecta anual. No importa que tan grande sea la contribución esta marca la diferencia.”, agregó.

Grandes conferencias juveniles como Steubenville of the Rockies, que atiende a más de 2,500 estudiantes de preparatoria, National Catholic Youth Conference con más de 20,000 jóvenes asistentes cada año, el programa Tutus Tuus, Mountain Madness (con más de 1,000 estudiantes de secundaria al año) y muchos más se llevan a cabo gracias a la contribución anual de la ACA.

“Hemos podido desarrollar y publicar el primer plan de preparación sacramental de su clase para la Orden Restaurada de los Sacramentos de Iniciación. Más de la mitad de las parroquias de la Arquidiócesis usa este plan de estudios, que es gratuito para las parroquias digitalmente y está disponible para su compra impresa, y también se usa en varias otras diócesis de todo el país”, dijo Scott Elmer, Director Ejecutivo de la Oficina de Evangelización y Familia Ministerios de Vida.

Elmer también destacó la importancia de la ACA cuando se trata de ofrecer becas anuales para capacitar a los facilitadores de Planificación Familiar Natural (NFP por sus siglas en inglés).

“Tenemos la suerte de tener cuatro métodos de NFP disponibles para los fieles y facilitadores que ofrecen estos cursos en inglés, español y vietnamita”, dijo Elmer. “Si bien la capacitación es increíblemente valiosa, también es muy costosa, y la ACA ayuda enormemente a hacer que sea asequible para las personas que desean servir en esta área”.

La Oficina de Escuelas Católicas ayuda a formar estudiantes como discípulos de Cristo.

Otro de los grandes ministerios que reciben apoyo por las contribuciones de la ACA, es la Oficina de Escuelas Católicas. La Oficina de Escuelas Católicas proporciona visión, dirección y supervisión a 37 comunidades escolares católicas arquidiocesanas para ayudarlas a cumplir su misión de proclamar a Cristo y formar auténticos discípulos.

“Nuestro objetivo es ayudar a todas nuestras escuelas a alinear todas las prácticas hacia el discipulado, de modo que los académicos no estén separados de la espiritualidad, no solo que la formación de un alumno sea ir a misa, sino que lo que estudian les señale la verdad del trabajo de Dios en la historia, la historia humana al responder a Dios y a los demás en la literatura, las verdades del universo ordenado en matemáticas y ciencias, y la belleza en el arte y la música”, dijo Abriana Chilelli, Directora de Plan de Estudios e Instrucción de la Oficina de Escuelas Católicas .

Debido a la propagación del coronavirus y las órdenes estatales de cerrar las escuelas y quedarse en casa, la Oficina de Escuelas Católicas tuvo que adaptarse a una nueva realidad y poner en práctica un plan de aprendizaje a distancia de emergencia en un corto plazo.

“Confiamos en que Dios nos invitó a todos a este momento para acercarnos más a Él, para continuar ayudando a los padres en la formación de sus hijos y para ser santos ofreciéndole nuestros mejores esfuerzos individuales y colectivos en este trabajo adaptado”, agregó Chilelli.

La Oficina de Escuelas Católicas ha trabajado duro detrás de escena para garantizar que cada escuela esté equipada para ofrecer una experiencia de aprendizaje a distancia hacia la formación de la mente, el cuerpo, el alma y las emociones del estudiante.

“Nuestras oportunidades de aprendizaje a distancia apuntan a formar a los estudiantes en la verdad, de modo que todos los niños en nuestras escuelas continúen creciendo en los hábitos intelectuales, morales y espirituales necesarios para ser discípulos fieles y virtuosos de Jesucristo”, concluyó Chilelli.

Las donaciones a la Colecta Anual del Arzobispo tienen un impacto en toda la Arquidiócesis de Denver al apoyar estas y muchas más oficinas y ministerios. Tu donación marca la diferencia en el futuro de la Iglesia en el norte de Colorado y ayuda a formar nuestra próxima generación de líderes católicos.

Para hacer tu donativo HOY, visita archden.org/donar

¡Gracias por tu generosidad!

Próximamente: Cómo responder a la violencia y confusión en el Capitolio

¡Regístrese en una suscripción digital a Denver Catholic En Español!

En estos tiempos turbulentos, todos se están haciendo la misma pregunta: “¿Cuál es la verdad?”. Según se conteste esta pregunta, y dado el relativismo de nuestro día, nos dividimos en bandos. La división se hizo totalmente manifiesta cuando un grupo de personas irrumpió en el Capitolio en Washington D.C. el pasado 6 de enero. En ese momento, vimos estallar claramente la ira y la violencia, generados por sentimientos de supresión de derechos, justo como lo habíamos visto los meses anteriores en muchas de nuestras ciudades más grandes. Tanto la derecha como la izquierda han recurrido a la violencia, lo cual es inaceptable en una sociedad civil y democrática.

¿Cuál es la raíz de esta agitación? Nuestro país está sufriendo de la descomposición de la integridad moral común y las verdades que la constituyen y que nos han permanecido unidos por unos 245 años. Ahora, cuando las personas buscan la verdad sobre casi cualquier tema, no encuentran una sola respuesta. En cambio, se encuentran con una multitud de voces contrapuestas, cada una con su propia agenda. Cada vez es más difícil encontrar una persona o una organización que busque el bien común.

Pero ¿qué debería un católico hacer durante este tiempo? ¿Cómo deberíamos responder a los constantes ataques a nuestros valores nacionales y religiosos y el deterioro de la buena intención hacia nuestro prójimo?

La única solución que reparará la debilitada integridad moral de la sociedad es la búsqueda de Jesús, el Camino, la Verdad y la Vida. Recuerdo ahora mismo ese verso del salmista que dice “Aunque braman las naciones y tiemblan los reinos, él lanza su voz y la tierra se deshace. El Señor de los Ejércitos está con nosotros; nuestro baluarte es el Dios de Jacob” (Sal 46,7-8). Él es el único que puede penetrar nuestra postura y retórica y disipar la tiniebla de la confusión. Jesús, la Palabra de Dios, nos revela a nosotros mismos y nos muestra el camino a la felicidad verdadera, como individuos y como sociedad.

Para permitir que Dios haga esto, debemos redescubrir el valor del silencio y pasar tiempo con él en su Palabra y los sacramentos. Tal como Dios se mostró a Elías en el monte Horeb, no estaba en el gran viento, en el terremoto o en el fuego; estaba en “el susurro de una brisa suave” (cf. 1 Reyes 19,9-12). Esto significa que debemos poner nuestra confianza de salvación en Cristo y buscar su sabiduría sobre cómo vivir, en vez de convertirnos en comentaristas, políticos o partidos políticos. Ellos pueden promover legislaciones o dar discursos que contienen verdad, y eso es loable y debe apoyarse cuando suceda. Pero no debemos olvidar que estamos hechos para el cielo y estamos llamados a construir el reino de Dios, no una utopía en la tierra. Jesús nos recuerda que primero debemos buscar “el reino de Dios” y “la voluntad del Padre”. San Pablo les recordó a los romanos, y hoy nos recuerda a nosotros, “No os acomodéis a la forma de pensar del mundo presente; antes bien, transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto” (Rom 12,2).

Esto significa ver tanto a nuestros amigos como a nuestros enemigos como hijos e hijas del Padre, sin importar sus creencias, etnias o afiliación política. Esto implica adoptar la visión de la Madre Teresa, de San Francisco o de Julia Greeley. Vieron a otros como Jesús lo hace.

Cuando Jesús se encontró con la mujer sorprendida en adulterio, no la condenó, sino que la llamó al arrepentimiento. Tanto San Francisco como la Madre Teresa experimentaron un llamado a cuidar de los despreciados, lo que ciertamente aplica a nuestro ambiente sobrepartidista. En vez de los leprosos o enfermos abandonados a su muerte en los desagües que San Francisco y la Madre Teresa cuidaron, se nos está pidiendo a cada uno de nosotros que veamos a nuestros vecinos, familiares, amigos o enemigos con los ojos de Jesús. San Francisco se conmovió y besó a un leproso y después se dedicó a cuidarlos. La Madre Teresa fue llamada a recoger a los enfermos y moribundos y defender a los no nacidos. Nosotros estamos llamados a hacer las mismas obras de misericordia, pero también a amar a otros como Cristo no ha amado. No podremos hacer esto al menos que recibamos el amor de Dios y reconozcamos que él es real.

Que nuestra Santa Madre, Reina de la Paz, interceda por nosotros y nuestro país, para que nos arraigamos más completamente a la Verdad, que nuestra mente se convierta en la mente de Cristo, y que nuestro corazón sea más como el Sagrado Corazón de Jesús.