Un recorrido por las obras de Rembrandt

Carmen Elena Villa

Rostros expresivos, paisajes majestuosos, detalles minúsculos que realzan las obras son algunas características de las pinturas y grabados de Rembrandt Harmenszoon van Rijn, artista holandés de quien se conmemoran los 350 años de su muerte. Por ello el Denver Art Museum organiza la muestra denominada Rembrandt: Painter as Printmaker (Rembrandt pintor y grabador n.d.t), la cual exhibe hasta el próximo 6 de enero cerca de 130 grabados, dibujos y pinturas de las diversas etapas de la carrera del artista entre los años de 1625 y 1665. La mayoría de las obras provienen de la Bibliothèque nationale de France en París, la cual representa una de las colecciones más significativas de Rembrandt en el mundo.

“Las pinturas de Rembrandt apuntan a captar la esencia del evento histórico o religioso, la psicología del modelo que se retrata y la empatía con sus paisajes nativos holandeses que rodean la ciudad de Amsterdam”, dijo en diálogo con El Pueblo Católico Timothy J. Standring, curador de la Fundación Gates Family y experto en la obra de Rembrandt.

“(Rembrandt) Pintó estos lienzos con empaste pesado, con pinceladas bravas y con una  iluminación convincente. Era, después de todo, un dramaturgo consumado, capaz de dirigir sus escenas con la precisión de Alfred Hitchcock o de Francis Ford Coppola”, asegrura Standring.

En medio de la exposición, el espectador puede ver un video que enseña cómo se elabora un grabado, el cual resalta el detalle y la precisión que se requiere, así como la genialidad, el talento y el conocimiento del contexto histórico de cada obra para poder dejar grabados allí hasta los mínimos detalles como son las expresiones faciales de los personajes secundarios. “A diferencia de sus contemporáneos, Rembrandt produjo grabados que fueron considerados obras de arte por derecho propio”, indica el curador.

Adán y Eva, 1638.

Los temas que inspiraron a este artista fueron escenas bíblicas, paisajes, composiciones alegóricas y mitológicas, momentos cotidianos y autorretratos. “Lo que distingue a Rembrandt es que él comenzó a orquestar de manera aún más compleja las figuras multi dramáticas en ajustes definidos por divisiones dramáticas de pasajes claros y oscuros”, puntualiza Standring.

Escenas bíblicas

En la muestra de Rembandt pueden observarse decenas de grabados inspirados en pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento, así como momentos de la vida de santos como San Francisco de Asís o San Jerónimo. Algunas de sus obras como “Jesús curando al enfermo”, (ver foto) representan en un solo grabado varias escenas bíblicas y enseñanzas de Jesús.

Crsito ante Pilato. 1636. El hombre que tiene la boina es el mismo Rembrandt representado ante la multitud.

Otro de los grabados que presenta la muestra es “Cristo ante Pilato”, en el cual el artista se focaliza en el elemento dramático del abandono del gobernador de Judea a Cristo hacia la muchedumbre que lo declara culpable. “Ellos gritan que el ladrón Barrabás debe ser liberado, en lugar de Cristo, y Pilato ahora puede lavarse las manos con el jarrón y la cuenca que tiene el joven sirviente a su derecha y reunirse con su esposa, quien ve el drama que se desarrolla desde una ventana en la parte superior”, explica el curador.

Autorretrato con ojos grandes y boca abierta. 1630.

Autorotatos 

En la muestra se pueden apreciar también algunos de los 30 autorretratos que Rembrandt realizó los cuales, según Standring son “bastante singulares entre los elaborados por los artistas de grabado contemporáneos a él”.

“Él se pintó a sí mismo como un mendigo ya que los contemporáneos de Rembrandt miraron a los mendigos por sus cualidades pintorescas”, indica el curador. “También se disfrazó de artista renacentista para seguir los ejemplos de Rafael y Tiziano”, una representación que deja ver “sus aspiraciones sociales como un cortesano más que como un pintor. Era una forma de autopromoción, sin duda detectada por los conocedores contemporáneos”.

Así los amantes del arte y de las representaciones bíblicas podrán ver en Denver la muestra de Rembrandt, quien es considerado por muchos expertos como el mejor artista holandés por ser un “agudo observador de la condición humana”, según indica el curador. “Creó pinturas, dibujos y grabados originales que cubren un universo de temas extraídos del mundo que lo rodea, así como del pasado clásico, de textos religiosos, de ópera y teatro”, concluye Standring.

Cristo curando un enfermo. 1643 – 1649 Conocido también como el Grabado de los cien florines, precio por el cual fue vendido a un comerciante italiano. Para muchos esta obra es considerada el mejor logro de cómo el artista da continuidad a una historia. Rembrandt une en esta obra cuatro historias del Evangelio de San Mateo. Se encuentra Jesús en el centro, más alto que en otras figuras. Muestra cómo “lo seguía mucha gente y los curó allí”: (Mt. 19, 20). Ancianos, enfermos que esperaban curaciones milagrosas con expresiones faciales que muestran su estupor. También a mujeres y niños aproximándose al Mesías evocando la frase que pronuncia Jesús: “Dejad que los niños vengan a mí”: (Mt. 19, 14). Asimismo, la obra muestra a los fariseos que también querían conocer a Jesús (Mt. 19, 3 – 12) a quienes se les ve con expresión de incrédulos. Uno de ellos está subido en un camello, lo que indica que “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre en el reino de los cielos”: (Mt. 10, 25).

 

Próximamente: Santos fuertes para nuestros tiempos de duda

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“Declaro en verdad y con alegría en mi corazón – ante Dios y sus santos ángeles – que nunca he tenido ningún motivo en mi trabajo que el de predicar la Buena Noticia y sus promesas. Esta es la única razón por la que regresé aquí a Irlanda – lugar del que apenas escapé vivo”. Estas palabras del libro La Confesión de San Patricio reflejan la fuerza del Espíritu Santo que se desarrolló a través de Jesús cuando dio su vida en la cruz,  cuando inspiró a San Esteban, el primer mártir, y cuando continúa moviendo a personas alrededor del mundo para ser testigos de Cristo, sin importar el costo.

Esta semana celebramos las fiestas de dos hombres fuertes: San Patricio y San José. Ambos vivieron durante tiempos difíciles y buscaron vivir plenamente la fe. El ejemplo de estos hombres, nuestros predecesores en la fe nos proveen un modelo de una Cuaresma provechosa y también de una labor evangelizadora en una cultura que duda de todo.

San José era, de acuerdo con el evangelio de San Mateo, un “hombre justo” (Mt. 1:19) cuyo deseo de seguir a Dios en todo lo que hacía era evidente en sus acciones. Bajo la ley judía, José debía divorciarse de María porque la había encontrado embarazada luego de que ellos se habían comprometido, pero antes de que vivieran juntos. Y así, José vio cuán pura y buena era María.

Cuando un ángel apareció a San José en un sueño y le dijo que María estaba embarazada por obra del Espíritu Santo, él no dudó en traerla a su casa, aún cuando sus compañeros creyentes ciertamente cuestionaran su integridad y la de ella. Esta es una lección muy valiosa para las personas de fe de hoy. Es mucho mejor seguir el plan de Dios para nosotros que estar de acuerdo con lo que la sociedad considera sabio.

Esto lo vemos también en la disposición de San José de huir a Egipto a instancias de otro sueño angelical. Quizás él tendría que conformar su corazón con el del plan del Padre cuando escuchó al profeta Simeón predecir que una espada atravesaría el corazón de María y que Jesús sería un “signo de contradicción” (Lc. 2: 22 – 36). Seguramente su corazón pudo haber estado movido por el deseo de proteger a su esposa y a su hijo adoptivo, pero él también pudo ver que Dios estaba en sus obras y en las de su familia.

Cuando San Patricio tenía unos 15 años, fue capturado de su casa en Gran Bretaña occidental por piratas irlandeses y fue vendido en esclavitud. Pasó seis años como esclavo cuidando los rebaños de su amo, pero durante este tiempo se fue acercando progresivamente a Dios y a la fe que previamente había desechado.

Después de regresar a casa cuando escapó de la esclavitud en Irlanda, Patricio tuvo una visión en la cual los irlandeses lo llamaron para que regresara. “¡Niño santo!”, clamaron usando el apodo con el que se burlaron de él cuando eran esclavos: “Ven y camina con nosotros”. Curiosamente, en lugar de enojarse, San Patricio dijo que su corazón se conmovió con estas plegarias.

San Patricio supo lo que estaba enfrentando. Una tierra poblada de 150 tribus cada una liderada por un rey, una sociedad influenciada por los druidas (clase sacerdotal que tenían una gran influencia en la sociedad celta n.d.t) y otras religiones paganas y la Iglesia cristiana contaban probablemente solo en cientos. Pero San Patricio no se desanimó y con fe y alegría se dirigió a Irlanda.

En las mentes y corazones de Irlanda había muchas ideas en conflicto (muchas de ellas dañinas) compitiendo como ocurre ahora. Mientras recorremos nuestro camino a lo largo de la Cuaresma y buscamos una intimidad más grande con Dios – quien es el camino, la verdad y la vida – pidamos la fe fuerte de San José y San Patricio que nos ayude en nuestro caminar. Escuchemos la voz de Dios, la voz de Jesús y no la del mundo, o lo que es peor, la del diablo.

Con el don de la fe y la fuerza del Espíritu Santo, digamos como San Patricio: “Dios escuchó mis plegarias para que yo, por tonto que fuera, pudiera atreverme a emprender una misión tan santa y maravillosa en estos últimos días – que, a mi manera, podría ser como aquellos que Dios dijo que vendrían a predicar y ser testigos de las buenas nuevas para todos los no creyentes … “.

Traducido del original en inglés por Carmen Elena Villa @CalenVilla