Una guía para elegir la mejor resolución cuaresmal

Vladimir Mauricio-Perez

Esta cuaresma no solo sacrifiques el chocolate. Te invitamos a examinar tu vida y preguntarte qué es lo que te está alejando de Jesús. Los pecados capitales o mortales no fueron nombrados por ser imperdonables o por su gravedad, sino, más bien, porque son los pecados que dan origen a otros pecados.

Una manera de hacer una buena resolución cuaresmal es identificando uno o dos de tus mayores pecados y hacer una resolución concreta para practicar su virtud opuesta. Las siguientes ideas están destinadas a acompañar las prácticas recomendadas de oración, ayuno, limosna, confesión y comunión.

Aunque es cierto que somos débiles y solo podemos avanzar en la santidad con la gracia de Dios, es necesario cooperar con esa gracia y esforzarnos por alcanzar a Cristo.

Orgullo

Podemos describir el orgullo como una apreciación desordenada de nosotros mismos. Este pecado puede hacerse evidente en actos de vanidad o al jactarnos de nuestra apariencia, inteligencia, posesiones, etc., para mostrarnos superiores a los demás.

Su virtud opuesta es la humildad. La humildad no se trata de tener un bajo autoestima o ignorar nuestros dones y habilidades. Se trata de la verdad, de reconocer quién es Dios y quiénes somos nosotros, y ponerlo en el centro de nuestras vidas. Aquí algunas resoluciones de la Madre Teresa:

  • Habla lo menos posible sobre ti.
  • Acepta pequeños inconvenientes con buen humor.
  • No hables para ser admirado o amado.
  • No te enfoques en las faltas de los demás.
  • Cede, en discusiones, incluso si tienes razón.
Lujuria

En una sociedad que ha sido grandemente sexualizada y que ha facilitado el acceso a contenido explícito, abundan las acciones desordenadas de la sexualidad. La castidad es su virtud opuesta, y se define como “la integración exitosa de la sexualidad dentro de la persona y, por lo tanto, la unidad interna del hombre en su cuerpo y ser espiritual”. ¿Cómo alcanzamos esa integración y unidad? Aquí algunas resoluciones que te pueden ayudar en el proceso:

  • Sé fiel a la oración: establece un horario específico todos los días y considéralo una prioridad.
  • Adquiere dominio propio ayunando de algo que realmente te gusta.
  • Escribe las ocasiones que te han llevado a pecar y trabaja para evitarlas.
  • Nunca estés inactivo, elije un pasatiempo favorito: un deporte, un instrumento, la escritura, algo práctico.
  • Solo usa tu teléfono cuando sea necesario, limita las redes sociales significativamente (¿a 10 minutos por día?)
Avaricia

También conocido como avaricia y codicia, este pecado es un deseo desordenado por las posesiones materiales, incluyendo el poder. Sus virtudes opuestas son la liberalidad y la generosidad; en otras palabras, dar de nosotros mismos. Entonces, ¿cómo podemos hacer más de eso en esta Cuaresma? Aquí algunas recomendaciones simples.

  • Hacer una donación a una parroquia o institución caritativa “hasta que duela”, como solía decir la Madre Teresa.
  • No cortes atajos o responsabilidades en tu trabajo.
  • Llena tu corazón con Jesús: visita al Santísimo al menos una hora por semana.
  • Se hospitalario con tus visitantes: encuentra alegría al dar.
Ira

El Catecismo define la ira como “un deseo de venganza”, es decir, desear venganza para hacer el mal a alguien. Por supuesto, hay ira justa, que no es mala, pero a menudo luchamos con la que no es tan justa. Su virtud opuesta es la mansedumbre, que no es lo mismo que la debilidad; más bien, es la virtud que nos ayuda a mantenernos en posesión de nosotros mismos durante las adversidades. Aquí algunas maneras de aumentar nuestra propia mansedumbre en esta Cuaresma:

  • No te dejes atrapar por la ira de otras personas: concéntrate en ti mismo y en cómo puedes responder.
  • Usa tu ira para superarte y fortalece tu determinación de crecer en virtud.
  • Trata de evitar las redes sociales y otras ocasiones que den lugar a una ira no saludable.
  • Si te enojas, tómate un minuto; no reacciones de inmediato, pídele paciencia al Señor y visualízate respondiendo de la manera que te gustaría.
Envidia

La envidia es el pecado de entristecerse o sentirse afligido por el bienestar de otra persona, porque creemos que nos quita nuestra propia excelencia o valor. Esto, por supuesto, es una mentira, y se vence con el amor y la gratitud:

  • Entra en la presencia de Dios y recuerda que él te ama de manera única e incondicional.
  • Abre los ojos a la abundancia de bendiciones en tu propia vida: haz una lista y revísala a diario.
  • Cuenta las bendiciones que tienes todos los días y agradece a Dios por cada una.
  • Trabaja en señalar, felicitar y alegrarte por los logros y esfuerzos de los demás.
  • Ora por la persona hacia la que sientes envidia, para que Dios pueda guiarte a ti y a esa persona a la santidad.
Gula

Aunque no es malo encontrar placer en una comida deliciosa, sí es un defecto “comer como bestias”, como lo dijo San Alfonso Liguori. Esto, por supuesto, incluye el consumo excesivo de alimentos o bebidas, pero también hacerlo demasiado rápido, demasiado caro o demasiado ansiosa o delicadamente, según Santo Tomás de Aquino. Este vicio es derrotado por la virtud de la moderación, que nos permite controlar nuestro apetito natural por el placer y disfrutar de lo que hacemos de acuerdo con la razón. Algunas ideas para adquirirlo:

  • Practica el ayuno dos veces por semana, comiendo una comida completa y dos comidas más pequeñas que no equivalen a la comida grande.
  • Modera tu consumo de alimentos: no comas entre comidas.
  • Abstenerse del ingrediente / alimento que más te guste.
  • Acostúmbrate a decir “no” a las cosas que en realidad no necesitas -comida o cosas materiales- especialmente cuando estés de compras.
  • Come despacio y reza antes y después de las comidas.
Pereza

Este pecado, a menudo denominado como acedia, pereza o aburrimiento, es un tipo de tristeza o falta de voluntad para hacer algo que es bueno física o espiritualmente, debido al trabajo que requiere. Algunas cosas que pueden ayudarnos a superar este vicio son encontrar el amor (que, en última instancia, es el remedio para todos estos pecados), practicar el ocio y trabajar en la consistencia. Un joven enamorado hace cualquier cosa por su amada, y rápido. Los santos lograron lo que hicieron porque amaron.

  • A menudo imaginamos lo que deseamos, y deseamos lo que imaginamos. Por lo tanto, trabaja para dejar que Jesús se convierta en el centro de tu imaginación y la dulzura de tu vida. Imagina que te llama por tu nombre.
  • Planifica tu tiempo libre (el ocio), especialmente los domingos. El ocio no es inactividad o pereza, sino que se trata de disfrutar de una actividad que nutra tu humanidad y no es útil. Por ejemplo, aprende a tocar un instrumento, lee un libro que realmente disfrutes, haz una actividad familiar, ve al museo, etc.
  • Ofrece tu sufrimiento por una intención, especialmente cuando sientes que tienes que arrastrarte para lograr algo.
  • Despierta tan pronto como suene la alarma.

Próximamente: Una profesión a puerta cerrada: “Dios me pidió desprenderme de todo”

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Estaba postrada frente al altar con su vestido blanco, pero no en la iglesia que había soñado ni del modo que ella había imaginado. Aun así, después de tantos años de espera e innumerables noches de oscuridad, Lara estaba a punto de realizar el sueño más profundo de su corazón: entregarse a Jesús por toda la eternidad.

Fue así como Lara Montoya hizo su profesión perpetua en la Fraternidad Mariana de la Reconciliación el pasado 31 de mayo, Domingo de Pentecostés: en una humilde capillita en Perú y con pocas hermanas de comunidad presentes debido a las restricciones por la pandemia del coronavirus.

La nueva profesa -que en sus años de formación ejerció varios oficios apostólicos en Denver, incluyendo 10 años como periodista en El Pueblo Católico-, siempre imaginó que se entregaría completamente a Jesús en una bella catedral, ante la presencia de sus familiares, amigos y el obispo local, por ser ese un día tan especial. Sin embargo, Dios tenía otros planes, y la llevó por un camino de desprendimiento que le ayudaría a entregarse completamente a él y experimentar cómo Dios siempre cumple sus promesas.

Lara Montoya, quien del 2005 al 2015 ejerció como periodista en El Pueblo Católico, hizo su profesión perpetua en la Fraternidad Mariana de la Reconciliación el pasado 31 de mayo en Perú. (Foto provista)

El primer desprendimiento con relación a su profesión perpetua llegó a solo tres semanas de esta. “Se me heló el corazón”, afirmó Lara al escuchar que Perú había ordenado el confinamiento por el coronavirus. “Una de las cosas que siempre le pedía era que mis papás estuvieran presentes, y eso significaba que quizá mis papás no podrían venir.”

A los pocos días se anunció el cierre de los aeropuertos, lo que confirmó su temor, y al poco tiempo se le comunicó que tendría que celebrarse con muy poca gente: habría que elegir a solo 20 personas. Así llegó el segundo desprendimiento, pues ella siempre había soñado hacer su profesión rodeada de todos sus seres queridos.

Aunque era doloroso aplazar este evento que había esperado con ansias por tantos años, un rayo de esperanza de poder tener a su familia presente aparecería brevemente cuando le avisaron que su profesión tendría que esperar. No obstante, la situación no mejoraba, lo que al final la llevó a hacer su profesión en la humilde capilla del pueblo donde vive con su comunidad, sin el obispo y sin familiares o amigos. Ese fue el tercer gran desprendimiento que Jesús le pidió antes de su profesión.

Debido a la pandemia del coronavirus, Lara tuvo que hacer su profesión perpetua en la humilde capilla del pueblo donde vive con su comunidad. (Foto provista)

“Cuando esto pasó me quedé solita y dije: ‘Señor, ¿qué quieres de mí? ¿Por qué has permitido que esto se prolongue tanto? ¿Qué estás haciendo en mi corazón?”

Fue entonces que recordó un sueño que tuvo años atrás cuando contemplaba pedir la profesión perpetua por primera vez. Este sueño profético le ayudaría a ver todo lo acontecido desde la Divina Providencia.

Un sueño con Cristo

“Soñé que escribía mi carta a la superiora para pedir la profesión perpetua, y ella me decía: ‘Sí, pero la harás en tres días’. Y yo decía: ‘¡Qué hago!’ No tenía ni iglesia, ni vestido, ni anillo, nada”, recordó Lara. Entonces tuvo que conseguir a otro sacerdote y hacerla en la pequeña iglesia de su pueblo natal. Por si fuera poco, en su sueño nadie asistió a la ceremonia; después de la profesión no había una sola persona para felicitarla.

“Yo estaba sola en una esquina de una iglesia sencilla y estaba triste. En eso se me acercó el Señor y me preguntó con mucha ternura: ‘Lara, ¿por qué estás tan triste?’ Yo empecé a quejarme: ‘Mira esta iglesia sencilla, no tengo vestido, no hay obispo, no hay nadie; este día es tan horrible…’ Entonces él me miró y me dijo solamente esto que atravesó mi alma hasta el día de hoy: ‘¿Por qué estás haciendo esto, por todas estas cosas o por mí?’”.

Lara aseguró que todos los contratiempos y dificultades que experimentó an su camino hacia la profesión perpetua le mostraron que Dios siempre escucha las súplicas de su pueblo. (Foto provista)

Al despertar, Lara se dio cuenta de que no estaba lista para hacer su profesión perpetua: “Me importaban mucho esas cosas”, aseguró, “y a mí siempre me ha dado mucho miedo no darle un corazón puro a Jesús”. Pero nunca se imaginó que ese sueño de muchas maneras se convertiría en realidad. Sus largos años de espera hasta finalmente poder hacer su profesión perpetua y las largas noches de sufrimiento por enfermedad y muchas otras razones la llevarían por un camino de “desprendimiento tras desprendimiento”, hasta dejarla solo con los más profundo y esencial en el día de su profesión: el deseo de comunión con Jesús.

“El corazón es como una cebolla y conforme vas pelando la cebolla, vas entrando cada vez más a lo que esconde las huellas de divinidad en tu alma. El Señor me obligó a pelar la cebolla,” dijo Lara con una sonrisa. “Así me fui quedando con lo más hondo, y eso quedó al desnudo”.

El gran día

Así se presentó Lara el día de su profesión: con la inmensa alegría de al final hacer su sueño realidad, de unir su corazón al de Cristo, realidad que se manifestó en su deslumbrante sonrisa.

A pesar de haberse realizado en una humilde capilla y sin la presencia de sus familiares, para Lara lo más esencial era entregarse completamente a Jesús. (Foto provista)

“En el día de mi profesión perpetua todo se ha aclarado; la luz del Espíritu Santo me ha permitido leer mi recorrido vocacional con una nueva perspectiva,” aseguró Lara. “Ese día entendí el gran ‘para qué’: ¿para qué tan larga espera que comprendió un largo costo de sufrimiento, no solo por la espera, sino porque en ese tiempo de espera todo se puso a prueba?”

“Y esto es lo que pienso: el gozo que sentí en ese día fue tan, pero tan profundo y enorme que creo que no lo hubiera sentido de ese modo si antes no hubiera saboreado las aristas más amargas de mi vocación”.

Por ello en el discurso después de su profesión pudo decir: “Hoy siento que el Señor ha cumplido todas sus promesas… El Señor cumple tus sueños y hoy a cumplido los míos de una manera muy misteriosa.”

Jesús la llevo de “desprendimiento en desprendimiento” hasta que lo único que quedó fue su verdadero deseo de comunión con Cristo. (Foto provista)

No era un día soleado, como ella había pedido, pero aún así el verdadero sol que es Jesús “ardía” en su pecho. No estaban sus padres, familiares y amigos, pero aún así habían visto la ceremonia “en primera fila”, junto a más de mil personas de diversas partes del mundo que se unieron a la transmisión en vivo, y a las que Lara dirigió unas palabras de agradecimiento, incluyendo a las personas de Denver que recuerda con tanto afecto.

“Señor, cómo deseo ser un libro abierto… un libro que cante tus maravillas, un libro que esté a disposición de los demás”, concluyó Lara, refiriéndose a la historia de su vida. “Que quien desee pueda acercarse a leer tus maravillas y cantarte también himnos de alabanza, porque inmensa es tu misericordia”.

Lara agradeció a todas las personas que han marcado su vida, incluyendo a las personas de Denver, a quienes recuerda con un cariño especial. (Foto provista)

De esta manera, con el anhelo de unirse definitivamente a su Amado después de esta vida, Lara se dio cuenta de que en medio de tantas pruebas Cristo la había transformado para ese día de su profesión, en el que lo más esencial estuvo presente: Jesús mismo y su ardiente deseo de entregarse completamente a él.