Venciendo la oscuridad: Notre Dame y los actos de fe

Cuando la famosa catedral de Notre Dame de Paris se envolvió en llamas el mes pasado, se podía percibir el dolor en los rostros y voces de los observadores. Muchas personas se reunieron espontáneamente a orillas del río Sena para cantar el Ave María y rendir homenaje a la importancia de Nuestra Señora y del don de la fe.

Yo también recuerdo las veces que oré y celebré Misa en esta catedral, sobre todo en la capilla de adoración. La auténtica belleza de Notre Dame y las proezas y maestría presentes en su construcción hace más de 800 años siempre me han llenado de asombro.

El padre Jean-Marc Fournier, capellán de bomberos de Paris, también dio testimonio del don de la fe al rescatar las reliquias de la corona de espinas, el santísimo sacramento y varios objetos sagrados. Le dijo a la revista francesa Famille Chrétienne que el rescate del santísimo sacramento fue “un acto de fe… Le pedí a Jesús – y verdaderamente creo que está presente en estas hostias – que combatiera las llamas para preservar este edificio dedicado a su madre”. La tragedia del incendio de Notre Dame ha hecho surgir estos testimonios de fe.

La efusión de promesas monetarias para reconstruir Notre Dame tras el incendio fue igualmente inspiradora. En conjunto, este apoyo espiritual y económico muestra que a pesar de que muchas personas estén lejos de la fe o no sean cristianas, todos hemos sido hechos para la belleza y, por lo tanto, para la fuente última de todo lo verdadero, bueno y bello: Dios mismo.

El fin de semana del 4 y 5 de mayo pondremos en marcha la Colecta Anual del Arzobispo en todas las parroquias de la arquidiócesis. Esta colecta les brinda una oportunidad a los feligreses del norte de Colorado de dar un testimonio de fe y ser una luz para el mundo.

La caridad de miles de personas en nuestra arquidiócesis ya es patente. Por medio de nuestros centros para indigentes, miles de personas tuvieron un lugar dónde dormir en más de 200.000 ocasiones en el año 2018. Nuestro sistema de viviendas asequibles ayudó a restaurar la dignidad de muchas personas al proporcionar viviendas por un total de cerca de 1 millón de noches. También hemos dado de comer al hambriento, proporcionando 612.158 comidas. Nuestro ministerio de consejería profesional St. Raphael Counseling ayudó a 667 clientes a comenzar un proceso de sanación, brindando miles de horas de servicio.

Estos esfuerzos muestran nuestro amor por Cristo en los más necesitados. Sin embargo, la Colecta Anual del Arzobispo, también lleva el don de la fe a un sinnúmero de personas en nuestras parroquias y comunidades locales. La Oficina de Evangelización y Ministerio Familiar capacita a catequistas, coordinadores de grupos de jóvenes y personal de parroquias para poder evangelizar efectivamente, proporciona retiros y ayuda a parejas comprometidas a preparase para un matrimonio feliz y para toda la vida. El Leadership institute y otras iniciativas de esta oficina aportan contribuciones valiosas que ayudan a crear una cultura de discípulos misioneros en nuestra arquidiócesis.

Quizá los dos ministerios que más influyen directamente en nuestras parroquias y que son financiados por la colecta son los seminarios St. John Vianney y Redemptoris Mater. Con frecuencia escucho comentarios de personas que dicen estar asombradas con nuestros seminaristas y su testimonio de fe. Esto es un elogio a los esfuerzos realizados por los respectivos formadores y profesores.

Alrededor de 40 ministerios se benefician de la colecta, por lo que el impacto de su testimonio es mucho más extenso de lo que he descrito brevemente. Así como el suceso del incendio de la catedral de Notre Dame demostró el impacto que la fe y la belleza tienen en tantas personas, también el fruto de esta colecta anual resplandece. El fruto que damos nos recuerda constantemente que Jesús verdaderamente ha resucitado y vive entre nosotros. Por medio de su generosidad, somos capaces de llevar el amor de Jesucristo a cientos de miles de personas en un mundo que lo busca desesperadamente. Los invito a que reflexionen en oración sobre cómo Dios los puede estar llamando a unirse a este esfuerzo.

Gracias por su sacrificio y apoyo generoso a la Colecta Anual del Arzobispo. ¡Que Dios los bendiga en este tiempo pascual y los ayude a ser una luz para el mundo!

Traducido del original en inglés por Vladimir Mauricio-Pérez.

Próximamente: La dignidad humana en el libro del Génesis

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Este artículo fue publicado en la edición de la revisa de El Pueblo Católico titulada “EL GRAN RESCATE”. Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

 

Por el diacono Pedro Reyes, Parroquia St. William, Ft. Lupton.

Todo ser humano tiene una dignidad que le fue otorgada por Dios. San Juan Pablo II en su teología del cuerpo nos dice lo siguiente:

“El hombre es creado sobre la tierra y al mismo tiempo que el mundo visible. Pero, a la vez, el Creador le ordena subyugar y dominar la tierra (cf. Gén 1, 28): está colocado, pues, por encima del mundo. Aunque  el hombre esté tan estrechamente unido al mundo visible, sin embargo la narración bíblica no habla de su semejanza con el resto de las criaturas, sino solamente con Dios”.

Lo que san Juan Pablo II nos está recordando es que el hombre no fue creado de la misma manera que los demás seres vivos. Esto, naturalmente, nos hace diferentes al resto de la creación. No podemos darle los mismos derechos a una mascota, como un perro o un gato, que a un ser humano. Es triste que hoy en día la dignidad del ser humano sea despreciada a tal grado que muchas personas le dan más amor y atenciones a las mascotas que a los propios familiares. Hoy en día hay algunas personas que tratan a los animales como seres humanos y a sus semejantes, que son seres humanos,] como animales.

San Juan Pablo II nos dice también esto:

“En el ciclo de los siete días de la creación es evidente una precisa gradualidad; el hombre en cambio no  es creado según una sucesión natural, sino que el Creador parece detenerse antes de llamarlo a la existencia, como si volviese a entrar en sí mismo para tomar una decisión: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza…’ (Gn 1,26)”.

Nuevamente, san Juan Pablo II nos recuerda la manera tan diferente en la que Dios creó al hombre. Y aquí nos recuerda la principal diferencia entre los seres humanos y el resto de la creación. El hombre, a diferencia de los demás seres vivos, fue creado a “imagen y semejanza” de Dios. O sea, el ser humano tiene una dignidad única e inigualable que le ha sido otorgada por Dios.

En todo lo que hemos visto, podemos darnos cuenta de lo siguiente: cuando el autor del libro del Génesis narra la creación de todo, al referirse al ser humano, especifica que lo creó y lo bendijo. Sin embargo, la creación del hombre se distingue de todo lo demás creado de tal manera que le da ese grado de dignidad superior al resto de la creación.

Esto se puede ver claramente porque antes de crear al ser humano, Dios es presentado como si estuviera deliberando sobre cómo lo creará, mostrando el acto de crear al hombre como un acto muy importante. Igualmente, la excepcional dignidad del ser humano se muestra en su totalidad por la ‘semejanza’ con Dios. Por lo tanto, todos los seres humanos, sin importar raza, color de piel, país de origen, etc., tenemos una dignidad específica que debe ser respetada por todos. Y esta dignidad viene por el hecho de haber sido creados “a imagen y semejanza de Dios”.

 

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