Venezuela: Siempre lejos, siempre cerca

Escritor Invitado

Por Pompeyo Abreu Cardozo

Colaboración especial, Trujillo, Venezuela

Pompeyo Abreu es venezolano y se contactó con El Pueblo Católico para compartirnos el drama que viven tanto él como sus compatriotas con la crisis actual que vive su país.

Mi nombre es Pompeyo Abreu, venezolano; casado con Yuleyzi Carrillo con quien, desde hace ya 18 años, formo una bendecida familia con dos preciosos regalos de Dios. Yuliana Virginia de 15 años y Juan Pablo de 11 años.

Parte de mi corazón ha estado ligado a Denver.  Desde el año 1992 formé parte del Equipo Coordinador Diocesano de Pastoral Juvenil de la Diócesis de Trujillo, donde vivo, (al occidente de Venezuela) junto al entonces padre Carlos Cabezas, hoy obispo de la Diócesis de Punto Fijo (noreste de Venezuela). Me tocó participar en las reuniones de la Conferencia Episcopal Venezolana en el área de Pastoral juvenil y allí fui elegido para ir, en 1993, como representante de Venezuela, junto a otro joven, a la Jornada Mundial de la Juventud con el Papa Juan Pablo II en Denver.

Fue un acontecimiento muy importante en mi vida. Fuimos recibidos por un equipo organizativo muy dedicado. Compartí con hermanos de otros países, con lengua diversa, pero con una misma fe y eso hizo que ese encuentro me hiciera entender lo maravilloso del amor de Jesús. Dónde Él quiere estar y presentarse, allí está. Participé en una misa privada con San Juan Pablo II donde recibí la comunión de sus manos y luego un abrazo y un rosario. No pueden ni siquiera imaginarse tanta alegría y amor en un mismo momento. Pude entender, en ese encuentro, que el Señor me llamaba para servirle a través de la familia.

Desde que formé mi actual matrimonio, hace ya 18 bendecidos años, tuvimos un solo norte: construir una familia llena de amor, de fe, de alegría y todo desde el respeto mutuo, de la libertad, del compartir con todos aquellos que nos necesitaran. Siempre hemos sido una pareja emprendedora. Entendemos que es a través del trabajo que se forja una personalidad grande, llena de ambición por construirse y construir un país mejor.  Durante estos años pudimos llegar a obtener nuestra actual vivienda, un vehículo, los inmuebles necesarios y algunas comodidades. También darles a nuestros niños vacaciones merecidas por sus excelentes resultados académicos. Y ayudar a quienes pudimos.

Hoy, como nación, somos un vago recuerdo de un país en desarrollo. Durante estos años con el régimen actual, el país ha venido en un franco deterioro complicándose cada día más en los últimos años.

Los servicios básicos (agua, luz, aseo urbano, salud, educación seguridad social, alimentación) están prácticamente a un 20 por ciento. Todo se hace un calvario y suplicio para poder obtenerlo. De hecho, la educación de mis hijos ahora está complicada ya que no hay docentes y no podemos acceder a uniformes ni útiles escolares.

Me siento muy triste y frustrado. Muy mal como padre… no poder apoyar a mis hijos en lo que necesitan. Ambos están en la etapa de crecimiento y no puedo comprarle la ropa por su cambio constante de estatura. Van cambiando de tamaño y la ropa es la misma.

Ambos estamos con el corazón chiquito. Cada día es más y más cuesta arriba poder hacer cualquier cosa para subsistir. Todo lo que decidas comprar pasa por manos de los partidarios del régimen. Alimentos, calzado, repuesto. Todo.

Este régimen ha tenido, como mayor éxito, la deshumanización del venezolano. Sí. Nos volvimos insensibles o, mejor dicho, nos ha tocado volvernos así.

Nadie quiere ayudar a nadie por nada. Siempre hay un trasfondo de interés. De malicia.

Ver cómo se va arruinando el país lentamente hasta casi ya volverse una Cuba me asusta. Cuando estaba joven y veía en la televisión el caso de los famosos balseros cubanos no lo entendía. Me preguntaba ¿cómo unas personas se lanzan al mar a intentar salir de esa isla sin saber si van a tener éxito? ¿si van a llegar con vida a ese lugar?  ¡Hoy me siento igual! Quisiera tener una balsa, un avión, alas para sacar a mi gente de aquí y no que se queden a vivir como unos esclavos de un pensamiento y siempre arrodillados.

Lo peor es que, al no ser partidario del régimen, las limitaciones para acceder a cualquier bien arrecian cada día más. Somos señalados por no acompañarlos en lo que ellos todavía dicen que es el bien de nuestra tierra. Se nos limita poder recibir los beneficios complementarios. Solo la fe nos ha permitido mantenernos en una lucha activa y entusiasta. Saber que el amor de Dios está cerca, en mis hermanos, nos motiva a seguir de pie.

Es duro, como padres, sentir que tus proyectos familiares se van frustrando por otros. Que la posibilidad de brindarles a tus hijos los estudios necesarios para hacerse mejor personas y ayudar a otros se esfuman en tu cara. Que puedan crecer en una sociedad libre sin prejuicios ni limitaciones.

¡Necesitamos corazones amplios que nos permitan poder crecer y darles una vida mejor a mis hijos! ¡Ayúdennos por favor! Si quieres contactarte con Pompeyo escríbele a Pompeyoac1@gmail.com

Próximamente: ¿Por qué soy católico?: Por la Biblia

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Este artículo es parte de una serie de artículos publicado en la última edición de la nueva revisa de “El Pueblo Católico”. Para suscribirte y recibir la revista GRATIS, HAZ CLIC AQUÍ.

La Biblia es más católica de lo que creemos. Muchas personas no saben que no fue la Iglesia la que nació de la Biblia, sino la Biblia la que nació de la Iglesia, nuestra Iglesia Católica.

¿Por qué soy católico?: Por Jesús

En las primeras décadas del cristianismo, el Nuevo Testamento no existía. Los discípulos predicaban por palabra lo que habían aprendido de Jesús. No fue hasta décadas después de la resurrección que lo escribieron.

En ese tiempo había muchos evangelios y cartas que aseguraban tener inspiración divina.

¿Por qué soy católico?: Porque es la Iglesia que Cristo quiso fundar

¿Cómo es que unos sí llegaron a considerarse “divinamente inspirados” y se incluyeron en el Nuevo Testamento y otros no? ¿Quién decidió cuáles eran verdaderos y cuáles no?

Fue la Iglesia Católica, con la inspiración del Espíritu Santo y la autoridad que Jesús le dio, la que decidió la lista de 27 libros que eran divinamente inspirados del Nuevo Testamento en el año 382 d. C., bajo el Papa Dámaso.

¿Por qué soy católico?: Por el perdón de los pecados

¿Cómo lo hicieron? Los obispos y teólogos de ese tiempo investigaron cuáles evangelios y cartas tenían origen apostólico y compararon su contendido con la Tradición que habían recibido de los discípulos por medio de la palabra. Asimismo, construyeron la lista de 46 libros divinamente inspirados del Antiguo Testamento.

Esta colección de 73 libros, que llamamos “Biblia”, no es solo una colección histórica, sino que contiene el mensaje que todo humano debe saber.

Si no lees la Biblia regularmente, te invitamos a que lo hagas. En ella encontrarás la historia de amor más bella de todos los tiempos. Es como una carta de amor que está dirigida a ti personalmente. Léela si quieres conocer a Jesús y podrás decir con san Pablo: “(Cristo) me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2,20).

¿Por qué soy católico?: Porque Jesús está verdaderamente presente en la Eucaristía

Sabías que…

Esta lista de 73 libros se consideró divinamente inspirada por todo cristiano por más de 1,100 años, hasta que Martín Lutero y sus seguidores se deshicieron de siete libros del Antiguo Testamento en la Reforma Protestante en el siglo XVI. Los católicos aún conservan los 73 libros.