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lunes, diciembre 5, 2022
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Volviendo a la primera Navidad este 2020

Esta Navidad será diferente a cualquier otra que recordemos, ya que celebramos el nacimiento de Jesús en medio de la pandemia. Y a pesar de que esta situación ha hecho las cosas difíciles, hay algunas formas en las que nuestro tiempo refleja la sencillez y la experiencia de la primera Navidad, formas en las que vale la pena reflexionar.

Jesús nació en un momento de tensión política y religiosa. La Tierra Santa estaba ocupada por los romanos, quienes eligieron a Herodes para gobernar como rey de Judea. Bajo el rey Herodes, los rivales fueron asesinados sin piedad, como se aprecia en su reacción al nacimiento de Jesús con la matanza de los santos inocentes.

Jesús entró en esta delicada situación como hijo de padres pobres. José y María viajaban obedientemente a Belén para participar en el censo que había decretado César Augusto, pero es poco probable que estuvieran planeando que Jesús naciera en Belén. Eran de Nazaret y solo estaban en Belén porque José venía de ese pueblo.

Seguramente sabían que María estaba cerca de dar a luz, pero como cualquier madre o padre dirá, cuando eso sucede, rara vez es predecible. Para cumplir la profecía de Miqueas, la labor de dar a luz de María comenzó en Belén y José tuvo que encontrar un lugar donde quedarse. De manera similar, muchos de nosotros nos encontramos hoy en circunstancias imprevistas, ya sea por estar desempleados, enfermos, aislados o mentalmente afligidos. Como cristianos, estamos llamados a responder a estos desafíos con fe, como lo hicieron María y José.

Después que José intentara alojarse en una posada, y posiblemente en cualquier otro lugar adecuado para la condición de María, José solo pudo encontrar un establo para animales en las afueras de la ciudad, ciertamente un lugar simple para que el creador del universo naciera.

Dios usa las circunstancias de nuestras vidas para enseñarnos y formarnos, y ahora lo está haciendo en cada uno de nosotros. La primera Navidad fue sencilla, y las dificultades que trae la Navidad del 2020 nos ofrecen la oportunidad de volver a esa sencillez. Nos brindan la oportunidad de volver y celebrar el hecho de que Dios, tan poderoso y trascendente como es, eligió un pesebre como cama. Llegó entre nosotros como un pobre niño inocente.

En un artículo llamado «Los sentidos de la navidad» (“The Senses of Christmas”), el teólogo y autor Mike Aquilina expresa bellamente la verdad simple pero revolucionaria de la Natividad: “Dios vivió en una familia como nosotros. Se estremeció por el frío como lo hacemos nosotros. El Verbo hecho carne se amamantó del pecho de su madre como cualquier otro bebé humano. De repente, Dios no era un relojero, un mecánico remoto que le dio cuerda al mundo y lo dejó ir. Dios era un bebé que lloraba para que lo levantaran».

Esta es la simple y profunda verdad en la que cada uno de nosotros debería concentrarse durante estos días santos. Pase lo que pase en el mundo, Dios se hizo hombre, “y la palabra se hizo carne” (Jn 1,14). Se acercó a nosotros y permanece con nosotros.

Hay otra lección en la historia de la Navidad con la que podríamos orar este año. Escuchamos en la historia de Lucas sobre la Natividad que cuando los pastores en los campos cercanos escucharon el anuncio de los ángeles de que Jesús, el Mesías, había nacido, se apresuraron a encontrarlo.

En su libro Jesús de Nazaret: La infancia de Jesús, el Papa Benedicto XVI explica que esta rapidez para responder es un ejemplo de cómo debemos recibir hoy la buena noticia del nacimiento de Jesús. “Los pastores se apresuraron, sin duda en parte por curiosidad humana, para ver esta gran cosa que les había sido anunciada. Pero seguramente, también se sintieron impulsados ​​por su alegría al escuchar que ahora, verdaderamente, había nacido el Salvador, el Mesías, el Señor, el que tanto se esperaba, y serían los primeros en verlo. ¿Cuántos cristianos se apresuran hoy, en lo que respecta a las cosas de Dios?”.

Cada uno de nosotros puede reflexionar en el corazón la pregunta: “¿Hemos recibido la Buena Nueva de Jesús transmitida por el ángel a María (Lc 1, 26-38), a José (Mt 1, 18-25) y a los Pastores? (Lc 2: 8-20)?» Los animo a tomar 15 minutos en oración silenciosa con cada uno de estos pasajes y abrir su corazón para recibir a Jesús.

En su homilía de 2019 en la Misa de la Vigilia de Navidad, el Papa Francisco nos recordó: “Pongamos nuestra mirada en el Niño y dejémonos envolver por su ternura. Ya no tendremos más excusas para no dejarnos amar por Él: Lo que sale mal en la vida, lo que no funciona en la Iglesia, lo que no va bien en el mundo ya no será una justificación. Pasará a un segundo plano, porque frente al amor excesivo de Jesús, que es todo mansedumbre y cercanía, no hay excusas”.

“La pregunta que surge en Navidad”, dijo el Papa, “es: ¿Me dejo amar por Dios? ¿Me abandono a su amor que viene a salvarme?”. Mi oración por ti es que en esta Navidad respondas estas preguntas en lo más profundo de tu corazón, encuentres a Jesús y le entregues tu corazón.

Arzobispo Samuel J. Aquila
Mons. Samuel J. Aquila es el octavo obispo de Denver y el quinto arzobispo. Su lema es "Haced lo que él les diga" (Jn 2,5).
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