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domingo, septiembre 25, 2022
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“Creía que era un católico comprometido… hasta que Jesús me llamó”

Este artículo forma parte de una serie de publicaciones que explican cinco características claves de un verdadero discípulo de Cristo. Lee sobre las otras cuatro características aquí.

Ser un verdadero discípulo de Jesús no siempre es una tarea fácil. Aun así, es parte del plan maravilloso que Dios tiene para nosotros. El desafío es confiar en él y en su plan cuando no tenemos todas las respuestas. Cuando aceptamos a Jesús y seguimos su ejemplo, podemos vivir con mayor gozo y ser más como él, tal como le sucedió a Juan Cruz.

CATÓLICO A MEDIAS

Juan Cruz, miembro de Apóstoles de la Palabra, creció en una familia católica, cumpliendo con lo que él creía eran los mandatos y requisitos de Dios para ser un “buen católico”. Se casó por la Iglesia y siempre intentaba inculcar a sus hijos lo que él creía era la fe verdadera que le habían enseñado.

“¡Era un católico de los dientes pa’ fuera!”, recuerda Juan. “Yo creía que era católico y que hacía una labor humanitaria porque ayudaba en todas las parroquias, en quermeses, colectas, etc. Yo pensaba que, con ayudar a la iglesia a recaudar fondos, ya había cumplido”.

Él mismo reconoce que en verdad no era un católico compro[1]metido y su prioridad se la daba al trabajo y a un grupo musical al que pertenecía. Pero todo cambió hace siete años, cuando se vio obligado a asistir a un retiro como requisito para que sus hijos pudieran recibir la confirmación.

“Yo no quería ir, porque para mí primero era lo mundano. Yo le decía a mi esposa: ‘Pero es que tú y yo estamos bien como matrimonio’, y ponía miles de pretextos… Tenía mi mente cerrada, negativa, estaba renuente”.

PALABRAS DE VIDA

Juan recuerda cómo llegó a ese retiro cuestionando por qué Dios permitía que le sucedieran tantas cosas malas. “No las podía sacar de mi pasado porque no podía experimentar esa sanación”. No obstante, Dios tenía preparado mejores planes para él. En ese Curso Felipe, a pesar de la incomodidad que sentía, Dios comenzó a obrar en él y a entrar en su corazón.

“Dios me hizo vivir ese retiro, así como dice uno, ‘a jalón de orejas’”. Y cuenta que, durante el retiro, el predicador Abram León, dijo algo que lo marcó: “Dios le dice a Abram: ‘Deja tu país, a los de tu raza, a tu familia, a tu padre, y anda a la tierra que yo te mostraré’” (Gn 12,1).

“Esas palabras me golpearon mucho. Yo decía: ‘Esto no es para mí’, pero cuando escuché ese versículo me sentí peor que una basura, porque yo sentía que no merecía que Dios se fijara en mí y me dijera que soy su hijo. Porque el mundo te hace ver las cosas de una manera muy oscura, y no creemos que real[1]mente existe la luz de la misericordia de Dios”.

Fue así como, poco a poco, Juan comenzó a abrir su corazón y a escuchar a Dios. “El hermano Abram también habló sobre Juan 11,26, donde Dios nos dice: ‘Yo soy la resurrección y la vida. El que vive y cree en mí no morirá para siempre’. Yo decía: ‘¡Dios mío!, yo quisiera vivir esa vida que a todos estás prometiendo vivir y pisar esa tierra que tú nos estás diciendo’”.

ENTREGA Y TRANSFORMACIÓN

“Cuando el hermano Abram nos explicó esas dos citas bíblicas, yo empecé a poner más atención a lo que él estaba diciendo. Nos hablaba tanto del amor de Dios. Nos repetía en cada momento: ‘Ábrele tu corazón a Dios. Dios está ahorita aquí contigo, déjalo entrar’”.

Al final del retiro, Juan se rindió ante Dios. “Cerré mis ojos y dije: ‘Dios mío, si esto es tu voluntad, haz de mí lo que tú quieras; hoy mismo yo renuncio a todo. Pero yo quiero conocerte, yo quiero saber de ti’. Me incliné y le pedí a Dios que me hiciera una persona nueva. Le dije: ‘Dios mío, yo perdono a toda aquella persona que me haya hecho un mal. Y también pido perdón a todas esas personas a las que yo, verbal o físicamente, he ofendido, pero ya no quiero ser ese hombre que entró hoy en la mañana, yo quiero salir y conocer de ti’”.

Desde ese entonces, Juan y su esposa Sofía se han dedicado a vivir una vida entregados a Dios y sirviendo a la Iglesia como católicos comprometidos. A pesar de los altibajos que viven, como toda familia, ellos están conscientes de que, si tienen a Dios como prioridad, siempre saldrán adelante.

“El camino de la conversión hasta ahorita no ha sido fácil. He tenido muchos altibajos, hemos tenido problemas familiares como toda familia, hemos tenido problemas matrimoniales como todo matrimonio, pero siempre ponemos a Dios por delante. Ahorita no hay cosa que queramos hacer sin poner primero a Dios”, aseguró.

“Si quieres convertirte, debes querer ajustarte a los planes de Dios, mas no hacer un dios de tus planes»

MISIÓN

Además de dar testimonio de su conversión en retiros y otros eventos parroquiales, Juan ha logrado usar el talento que Dios le otorgó a través de Radio Fe Católica.

“Cuando escucho testimonios de otras personas, sé por qué realmente Dios me necesitaba en esta silla. Sé realmente por qué Dios quería que yo estuviera acá, no tanto por mis problemas personales, sino porque aquí, en este pueblo de Dios, hay mucha necesidad”.

Aunque después de su conversión decidió dejar atrás la tan deseada fama y el dinero, Juan está seguro de que lo que recibe en el camino de Dios es mucho más valioso que lo que el mundo le ofrecía.

“Donde yo ando, no gano dinero, pero ¿sabes qué es lo que gano? Bendiciones. Jalar a un hermano que anda como yo, perdido en el mundo. Y cuando de repente lo veo que ya está sirviendo en la iglesia con su familia, para mí es una satisfacción que ni todo el oro del mundo puede igualar”.

Al igual que a Juan, Dios nos llama a cada uno a la conversión y a seguirlo como verdaderos discípulos. Y aunque el camino sea difícil, es la única senda que nos ayudará a comprender el verdadero sentido de la vida. El testimonio de Juan muestra que, si en verdad estamos dispuestos a recibir a Dios en nuestro corazón, él mismo obrará para transformar nuestra vida.

“Pídele al Espíritu Santo la gracia de experimentar la conversión. Si no tienes la intención de convertirte en un buen católico, Dios no te obliga. Debes realmente querer la conversión para que esta fluya. Como dice en Mateo 7,7: ‘Pedid y se nos dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá’”, expresó. “Si quieres convertirte, debes querer ajustarte a los planes de Dios, mas no hacer un dios de tus planes», concluyó Juan.

Este artículo se publicó en la edición de la revista de El Pueblo Católico titulada “Aprende a ver como un discípulo”. Lee todos los artículos o la edición digital de la revista AQUÍ. Para suscribirte a la revista, haz clic AQUÍ.

Rocio Madera
Rocio Madera es especialista en comunicaciones y publicidad para la arquidiócesis de Denver.
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