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Una madre forma a adolescentes en el amor propio y al prójimo a través de la Teología del Cuerpo 

Desde hace más de dos décadas, Sally Ivers ha acompañado a jóvenes, ayudándolos a descubrir su dignidad y el propósito que Dios ha puesto en sus vidas. Lo que comenzó como un club de liderazgo para su hija la llevó finalmente a enseñar Teen Star, un programa basado en la Teología del Cuerpo de san Juan Pablo II, en la parroquia St. Mary en Littleton. 

“He trabajado con jóvenes por tanto tiempo que, cuando la parroquia quiso implementar Teen Star en 2017, me pidieron capacitarme”, recuerda Sally. “Desde entonces lo he enseñado a estudiantes de secundaria, así como a familias que educan en casa e incluso a grupos no católicos, lo cual es hermoso porque cuando uno escucha la verdad, la reconoce y la acoge de verdad”. 

Teen Star fue fundado a inicios de los ochentas por la hermana Hanna Klaus, misionera médica y ginecóloga. Durante su trabajo en comunidades marginadas, se encontró con mujeres que no comprendían su propio cuerpo, lo que provocaba problemas de salud y relaciones rotas. De esa necesidad nació Teen Star. 

En su esencia, el programa ayuda a los estudiantes a comprenderse como personas integrales: físicas, sociales, emocionales, intelectuales y espirituales  

“Cada parte de la educación en Teen Star tiene una visión holística de quién eres”, explicó Sally. “Cada una de las cinco puntas de la estrella representa un aspecto de tu persona. No puedes quitar una cuando estás descubriendo y entendiendo tu propósito en la vida”. 

A lo largo de 12 sesiones, los estudiantes aprenden desde la biología de la fertilidad y el desarrollo del cerebro, hasta el sentido de las relaciones y el significado del amor verdadero. Todo acompañado por un trabajo cercano a los padres, quienes reciben materiales de seguimiento y sugerencias para dialogar en casa. Sally asegura que ha visto transformaciones profundas. 

“Al inicio de la clase son de una manera, y al final de otra”, dijo. “El acoso escolar se detiene, las burlas disminuyen muchísimo. Empiezan a comprenderse de otra manera. Los niños aprenden a respetar los ciclos de las niñas e incluso a llevar registros de ellos. Es algo hermoso de ver”. 

El año pasado, Sally representó a Estados Unidos en el Congreso Internacional de Teen Star en París, donde delegados de 22 países compartieron experiencias de cómo están llevando el programa a sus comunidades. En algunos países incluso se imparte en escuelas públicas. 

“Fue muy conmovedor ver la belleza de las diferencias y semejanzas entre culturas. Las enseñanzas de san Juan Pablo II son universales, y la Iglesia es verdaderamente católica. Si Teen Star se enseñara en todas las escuelas católicas de Estados Unidos, creo que la Iglesia y nuestros jóvenes serían muy distintos”, añadió. 

Sally trabaja en estrecha colaboración con otros líderes de Teen Star en Estados Unidos y asegura que la cooperación con facilitadores internacionales es una fuente de ánimo. A pesar de la resistencia cultural, permanece convencida de la fuerza del programa. 

“No es fácil. Todo lo que hacemos en la Iglesia va contra la corriente”, explicó. “Pero cuando los papás vienen a nuestras sesiones informativas, muchos terminan con lágrimas en los ojos, preguntándose por qué nunca les hablaron de esto antes”. 

Para Sally, este apostolado es más que educación: es tierra de misión. Ella describe Teen Star como una “preparación matrimonial en quinto grado”, no porque los estudiantes se preparen de inmediato para el sacramento, sino porque están aprendiendo los cimientos del amor, el respeto y el conocimiento de sí mismos que los acompañarán en la adultez, cualquiera que sea su vocación. 

“Mi propósito es ayudarlos a llegar a la universidad sin vergüenza”, expresó. “Que vean la belleza de quienes son, que comprendan el sentido de su vida y que vivan con esa conciencia como un don. Ese es el corazón del programa, y lo que me impulsa a seguir adelante”. 

Por su entrega al servicio, especialmente a los jóvenes de su comunidad, Sally Ivers ha sido reconocida como la Discípula del Mes. 

¡Felicidades, Sally, por haber sido nombrada Discípula del Mes de la Colecta Anual del Arzobispo! 

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