Por Tracy Seul
Respuesta a una oración
“¡Guarda tu teléfono! ¡No puedes estar en el celular durante la adoración!”
Normalmente, Viviana Chávez, gerente de operaciones de la academia católica Blessed Miguel Pro en Westminster, no habría estado usando su teléfono. Pero ese día sintió que debía hacerlo.
Viviana conocía bien al patrono de la escuela. El beato Miguel Pro, sacerdote jesuita en México, fue conocido por su servicio clandestino a la Iglesia durante una época de persecución. Fue ejecutado por su fidelidad a Dios. Antes de morir, extendió los brazos en forma de cruz y gritó: “¡Viva Cristo Rey!”. Su ejemplo y su martirio han inspirado a muchos en todo el mundo, incluida la comunidad escolar que lleva su nombre.
Durante años, Viviana había rezado con el beato Miguel Pro por la escuela y la comunidad, pero ese día, durante la adoración, sintió que debía pedir algo más.
Mientras oraba, una palabra seguía resonando en su corazón: “visita”.
“Le hablé y le dije: ‘Ya visité tu lugar de nacimiento. ¿Visitar? ¿A dónde debo ir? ¿A quién debo visitar?’ Hice una búsqueda con su nombre durante la adoración, y apareció la Ciudad de México como el lugar donde murió”, recordó.
Esa fue la respuesta a su oración: ya tenía planeado un viaje a la Ciudad de México durante las vacaciones de otoño.
“Busqué la dirección de la iglesia desde donde nos íbamos a hospedar, y estaba a solo 0.777 millas de distancia”, compartió.
Con eso, Viviana tomó la decisión.
“Eso es”, dijo. “¡Vamos a visitar al beato Miguel Pro!”
La visita
El plan original era visitar la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México. Pero después de aquella adoración providencial, Viviana supo que debía hacer una parada especial. Al volver a la oficina, llamó a la parroquia de la Sagrada Familia, donde descansan los restos del beato Miguel Pro.
Contó que trabajaba en una escuela católica que lleva su nombre, en la Arquidiócesis de Denver, una comunidad con gran devoción al beato. Nunca imaginó que le ofrecerían una reliquia para la escuela, además de una Misa especial y un recorrido privado por la parroquia.
Su entusiasmo crecía cada día que se acercaba el viaje.

“El día que confirmaron que íbamos a recibir una reliquia, decidí que las niñas debían ir vestidas con sus uniformes más bonitos para verlo”, compartió. “No podía pensar en una ropa más adecuada para una ocasión así que su uniforme de Misa”.
Al entrar en la iglesia, Viviana se sintió sobrecogida por la belleza y los detalles del lugar.
“Desde que subes los escalones hasta las puertas de madera, las abres y ves el arte del templo… fue una sensación distinta. Se sentía algo muy santo. Estaba tan agradecida y en paz”, expresó.
Aún más, notó que justo sobre el beato Miguel Pro estaba la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, la razón original de su viaje y a quien la comunidad escolar se había consagrado el año anterior.
“No puedo poner en palabras lo que sentí al caminar por el pasillo y ver a la Sagrada Familia, al beato Miguel Pro en medio, y detrás de él a la Virgen de Guadalupe”, compartió. “Fue algo increíble”.
Durante la Misa, solo podía pensar: “¿Por qué yo? De entre millones, ¿por qué yo? ¿Por qué nuestra familia?”
“Él necesitaba que yo lo trajera aquí —a la escuela—, y ahora sé que proveerá por nuestra escuela y nuestra comunidad”, dijo Viviana.

Mientras recibían el recorrido privado por la iglesia y el museo, su esposo, Joel, notó que su hija menor, Juliana, llevaba la mochila abultada. La alumna de tercer grado había empacado su estatua de casi dos metros del Santo Niño de Atocha “para que nos cuidara y visitara al beato Miguel Pro”, le dijo a su papá.
El regreso a casa
Al salir del templo del beato Miguel Pro en la Ciudad de México, la familia comprendió el peso de su responsabilidad: traer una reliquia a casa no era cualquier cosa.
“Quería que regresara en algo digno. Me sentí culpable por no haberme preparado mejor”, confesó.

Para remediarlo, durante su visita a la basílica encontró una caja hermosa y pidió que la bendijeran para el viaje de regreso. Pero al empacar cuidadosamente la reliquia, la tapa no cerraba: el relicario era apenas un poco más grande.
“Bajé corriendo con el conserje a las 10 de la noche, cuando ya nada estaba abierto, y le rogué que me ayudara a encontrar algo digno para llevar al beato Miguel Pro”, recordó.
Él regresó con una simple caja de cartón y unas hojas de periódico.
“Pensé: ‘¡No puedo llevarlo en esto!’”, compartió.
Decepcionada, subió con la caja al cuarto. Cuando le contó a su esposo, disgustada por tener que transportar algo tan sagrado en una caja de cartón, Joel le respondió: “Está bien. Él era una persona humilde. No le importaría”.
Tenía razón. Viviana colocó cuidadosamente la reliquia sobre un suéter del uniforme de una de las niñas, y otro encima como protección. Aquello le recordó los humildes comienzos de Jesús en el pesebre de Belén.

“Creo que él quiso regresar a casa en una caja así, en lugar de una lujosa”, dijo Viviana. “Ahora la llamo mi ‘caja santa’ y la tengo en casa como recuerdo de cómo traje al beato Miguel en una caja tan sencilla que, sin embargo, llevaba un regalo muy grande”.
La presentación
“Es una bendición enorme traer una reliquia de primera clase a nuestra escuela. Somos la única escuela en Estados Unidos con él como patrono, y es una manera maravillosa de unir su historia con la nuestra”, dijo el director, Jim Schoepflin.
Para las familias de la academia católica Blessed Miguel Pro, la comunidad ya era un refugio seguro donde los alumnos son formados para ser “discípulos alegremente valientes”. Ahora, con la presencia de su patrono entre ellos, están seguros de que las gracias apenas comienzan a fluir.
“Mi esposo y yo todavía no lo podemos creer”, dijo Viviana. “Siguen ocurriendo cosas maravillosas gracias a su presencia, y no damos nada por sentado. ¡No tenemos idea del tesoro que tenemos en nuestras manos!”

