Por la doctora Michelle Connor Harris
Directora ejecutiva y psicóloga clínica certificada
St. Raphael Counseling, un ministerio de Caridades Católicas
Trae a tu memoria tu mejor recuerdo de Navidad. ¿Fue recibir ese regalo que tanto deseabas? ¿Decorar el árbol de Navidad? Tal vez fue hornear galletas navideñas con tu mamá y saborear el último poco de betún de la espátula. Si eres papá o mamá, quizá recuerdes la emoción de tus hijos en Nochebuena y su alegría al abrir los regalos la mañana de Navidad.
De adultos, muchas veces perdemos ese asombro y esa alegría. Las miradas llenas de ilusión de la infancia se sustituyen fácilmente por la falsedad de la “vida real”. Nos dejamos atrapar por la mentalidad consumista y de logro que la sociedad promueve: comprar los regalos “correctos”, asistir a las fiestas “adecuadas” con los atuendos “perfectos” y llevar el postre casero ideal (o disculparte porque compraste uno en la tienda… ¡imperdonable!). Si tienes hijos, sabes que la lista de pendientes navideños crece exponencialmente con cada uno: ¿cuántas galletas, palitos de paleta, limpiapipas, bastones de caramelo, plumones con diamantina y cascabeles puede una familia llevar a la escuela sin perder la cabeza?
Para cuando terminamos de comprar los materiales para las manualidades escolares, los atuendos navideños y los regalos para todos —desde el cartero hasta la suegra—, más del 35 % de los estadounidenses habrán contraído deudas durante la temporada navideña. Esto solo aumenta el estrés, sobre todo después de las fiestas… Pero de eso podemos preocuparnos después.
A veces, en nuestro deseo de ser católicos fieles nos presionamos por “vivir bien el Adviento”, convirtiendo una oportunidad de alegría en más tareas por cumplir: leer el libro adecuado, rezar las oraciones correctas en el momento preciso, asistir a los eventos parroquiales indicados. Aunque la oración y la preparación interior siempre son buenas, nuestra motivación y actitud no siempre ayudan; incluso pueden generar sentimientos innecesarios de culpa.
Como cristianos, debemos resistir la tentación de convertir la temporada en una lista interminable de actividades, incluso las religiosas. ¡Somos nosotros quienes debemos dar ejemplo de cómo vivirla con alegría! Somos los que vivimos a contracorriente durante todo el año (¿quién más tiene cajas llenas de disfraces de santos?), así que ¿por qué no vivir esta Navidad con la alegría que naturalmente inspira el nacimiento de Jesús?
Si estás dispuesto a abrazar la alegría de una manera nueva este año, aquí tienes algunas sugerencias para hacerlo realidad.
Recupera el sentido del asombro
Ve el mundo con ojos de niño. Si creciste en un lugar donde caía nieve, no había nada más emocionante que escuchar las palabras “¡día de nieve!”. Paradójicamente, cuando los adultos decidían que hacía demasiado frío para ir a la escuela, lo único que queríamos era salir a jugar en la nieve. Construir iglús, lanzarnos en trineo o tener guerras de bolas de nieve era lo máximo. Cuando el frío o el cansancio nos vencían, regresábamos a casa por una taza de chocolate caliente, mejor aún si tenía esos pedacitos de malvavisco secos. En esos días, nadie pensaba en las tareas ni en el plan de matemáticas: simplemente disfrutábamos el regalo recibido.
Si no sabes cómo recuperar ese asombro, observa a tus hijos, a tus alumnos o mira una película como Quisiera ser grande o El duende. Los niños se maravillan de muchas cosas porque casi todo es nuevo para ellos. Si alguna vez has viajado y te has sentido impresionado ante la belleza de una catedral construida durante siglos o ante una maravilla natural como el Gran Cañón, recuerda esa sensación y deja que penetre tu corazón. Todo puede verse como una muestra del amor infinito de Dios si lo contemplamos con mirada de niño.
Recuerda que los bebés traen alegría
Cuando alguien anuncia un embarazo, la reacción natural es de felicitación y entusiasmo. Es un milagro que una nueva vida comience en el vientre de una madre. Cuando nace el bebé, no podemos evitar maravillarnos: los padres pueden pasar horas mirando a su recién nacido dormir. La gente sonríe de manera instintiva al ver a un bebé; estamos hechos para reaccionar con alegría ante la vida nueva.
El hecho de que Jesús, ¡nuestro Salvador!, venga al mundo en forma de un niño, un verdadero regalo del Padre, debería hacernos sonreír y llenarnos de felicidad.
Deja a un lado cualquier “problema” que tengas con Dios e imagina a Jesús como un bebé. Si necesitas ayuda, ve una foto tuya de cuando eras pequeño, de tus hijos o algún video gracioso de bebés. Permite que esa sensación pura de alegría al ver la carita de un bebé te llene el corazón.
Sé intencional y plenamente presente
Lleva esa mirada de asombro y la alegría del Niño Jesús al momento presente y compártela con quienes te rodean. Elige con cuidado cómo pasarás tu tiempo esta temporada y procura llevar una actitud de alegría a cada encuentro, dentro y fuera de casa. Requiere intención y esfuerzo, pero hará que tus momentos sean más plenos y agradables para todos.
Enfócate en la gratitud
¡Todos tenemos tantas cosas por las cuales estar agradecidos! ¿Qué tal si una oración en esta temporada sonara así:
«Padre celestial, gracias por el don del nacimiento de tu Hijo, mi hermano y Salvador, Jesús. Ayúdame a experimentar más profundamente la alegría de este regalo y a compartirla con cada persona que encuentre hoy».
Un regalo lleno de alegría
Dios, como Padre, quiere darnos el precioso regalo de su Hijo. Y como todo buen padre, desea vernos disfrutarlo con alegría. Te invito a adoptar de manera intencional un corazón agradecido, una actitud alegre y un sentido de asombro infantil esta temporada. Imagina si todos lo hiciéramos, si cada uno optara por la alegría… ¡seguro sucederían cosas maravillosas!
Ideas para disfrutar una Navidad más divertida y menos materialista
- Organiza una competencia de casas de jengibre con familiares o amigos. Elige un tema que les divierta, como Star Wars. ¡Nombra jueces y entrega premios a los ganadores!
- Sugiere en tu familia o grupo de amigos que todos los regalos sean hechos en casa y descubre el talento y la creatividad escondidos.
- Planea una búsqueda del tesoro donde los niños sigan pistas hasta encontrar su regalo final. ¡Más diversión y menos cosas!
- En lugar de intercambiar regalos entre ustedes, únanse para adoptar a una familia necesitada. En la clínica St. Raphael, el personal participa cada año en esta iniciativa a través del programa Adopt-a-Family de Caridades Católicas, y resulta profundamente gratificante.

