52.1 F
Denver
lunes, enero 26, 2026
InicioLocalesArquidiócesis de Denver“Reconozcan su dignidad”: Mensaje de esperanza del arzobispo a los migrantes en...

“Reconozcan su dignidad”: Mensaje de esperanza del arzobispo a los migrantes en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción

En una Misa especial de la Inmaculada Concepción celebrada para los migrantes, el arzobispo Samuel instó a los fieles a rechazar la retórica política y a recuperar una visión bíblica de la dignidad humana.

Por Grant Whitty

Las campanas de la iglesia resonaron por el vecindario de Capitol Hill mientras religiosos, seminaristas y laicos entraban por las puertas de la iglesia madre de la Arquidiócesis en la tarde de su fiesta patronal. A lo largo del día se celebraron Misas por la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, ahí y en toda la arquidiócesis, pero esta Misa era distinta.

Ante los retos migratorios que enfrenta el país, el arzobispo Samuel J. Aquila quiso celebrar una Misa especial por los inmigrantes. Después de un viacrucis público y una procesión, se eligió la Solemnidad de la Inmaculada Concepción como un día oportuno para esta Misa. La fiesta patronal de Estados Unidos y de la Arquidiócesis de Denver cae en el tiempo de Adviento, cuando el corazón y la mente de los fieles caminan espiritualmente con la Sagrada Familia en su búsqueda de refugio fuera de su tierra y de un lugar seguro para traer al mundo al Niño Jesús.

En el altar, el arzobispo estuvo acompañado por el obispo Jorge Rodríguez y varios sacerdotes del seminario teológico St. John Vianney de Denver y de la arquidiócesis. Entre los presentes, estuvo personal de Centro San Juan Diego, junto con miembros del Centro de los Trabajadores y los líderes comunitarios Thomas Weiler y Sandra Cardoza, quienes sirvieron como lectores.

El arzobispo abrió su homilía predicando sobre la primera lectura de Génesis 3, que relata la caída de Adán y Eva. Después de esa caída, la humanidad ya no está unida a la mente de Dios, a la mente de Cristo. Tendemos a enfocarnos en nosotros mismos y no en Dios, pero continuamente somos llamados a “revestirnos” de la mente de Dios, como más adelante escribe el apóstol Pablo en sus cartas a los Corintios.

Una vez que el pecado entró en el mundo, comenzó la batalla por la dignidad de la persona humana. Sin embargo, en medio de esa batalla, no todo está perdido, aún hay esperanza, exhortó el arzobispo. De hecho, el primer signo de esperanza se encuentra en la Santísima Madre, cuya concepción celebramos en esta solemnidad, afirmó.

“El Señor sigue amando a la humanidad, y le recuerda a la serpiente: ‘Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Él te aplastará la cabeza mientras tú le acechas el talón’ (Génesis 3, 15). Los primeros padres de la Iglesia siempre vieron esto como una promesa de María, como una promesa dada a la mujer, que una mujer recibiría al Cristo que realmente destruiría al maligno”, compartió el arzobispo Samuel, explicando que Dios envió estas palabras proféticas y la multitud de profetas del Antiguo Testamento para recordar a su pueblo su dignidad.

Aun así, tanto para los israelitas como para nosotros hoy, puede ser difícil ver el plan de Dios. Ya sea vagando por el desierto, atrapados en la esclavitud del pecado o golpeados por las dificultades de nuestra época, discernir la voz de Dios puede ser un desafío.

“¿A quién escuchamos hoy? Y especialmente cuando se trata del tema de inmigración y de cómo tratamos a los seres humanos. ¿Cómo acogemos al forastero?”, preguntó el arzobispo Samuel. “Este país, esta sociedad, ya no cree en Dios y ha perdido su sentido de la dignidad humana. Entonces, ¿quién se convierte en Dios?”

En medio de tanta confusión y dificultad, el arzobispo recordó a los presentes que Dios Padre es quien da a la humanidad su dignidad, no las demás personas, no los políticos y ciertamente no los gobiernos.

“Ambos partidos políticos en Estados Unidos han fallado completamente en el tema de la inmigración. Han usado a los inmigrantes como peones para obtener poder”, afirmó.

“En lugar de ver a [las personas] desde la óptica de la escritura y de Dios, [la sociedad] solo ve si [las personas] son morenas, asiáticas, negras o blancas; si vienen de distintos países; si son pobres o ricas. Esto demuestra lo bajo que ha caído nuestro país en toda la retórica y el lenguaje infantil que, en ocasiones, se escucha de ambos lados del pasillo. Los insultos son inaceptables”, continuó.

“Hay inmigrantes que han llegado a este país pobres y necesitados, y que han forjado una vida. Y aunque quizá no tengan todos los documentos que necesitan, están viviendo bien. Están contribuyendo a la sociedad. Debe haber un modo, un camino para que puedan volverse ciudadanos”, dijo el arzobispo Samuel, reconociendo al mismo tiempo el derecho del país a proteger sus fronteras, aunque siempre con una mirada puesta en acoger al refugiado y a quienes están en necesidad.

Si no se reconoce a Dios como el dador de la dignidad humana, exclamó el arzobispo, “Veremos el caos que vemos hoy en nuestro país. Es porque ponemos una visión política o ideológica por encima de una visión bíblica”.

Finalmente, dirigiéndose a las personas de origen hispano que son las más afectadas por la crisis migratoria, el arzobispo instó:

“Hermanos y hermanas hispanos, reconozcan su dignidad. No dejen que el miedo los domine; sepan que, en este tiempo de prueba, Dios está con ustedes. Puede que los políticos no lo estén. Puede que los políticos solo les den palabras vacías. Puede que los políticos, lamentablemente, los insulten. Pero ustedes tienen dignidad como seres humanos. Son personas muy buenas, con un corazón maravilloso, que aman a Dios y aman a nuestra Madre. Conserven esa dignidad”.

Al concluir, invitó a la congregación a unirse a él en oración por el país, el gobierno y los funcionarios políticos.

“Oremos por la conversión de todos nuestros políticos,” dijo. “Oremos para que dejen de comportarse como niños, para que lleguen a reconocer la dignidad de cada persona y abran su corazón a los demás».

Artículos relacionados

Lo último