Por Ryan Brady
Cuando un hombre ingresa al Denver Reception and Diagnostic Center (DRDC), una instalación penitenciaria del estado de Colorado, lleva consigo lo poco o lo mucho con lo que llegó a la cárcel. Con frecuencia, eso es casi nada.
La instalación central de ingreso del estado procesa entre 30 y 40 nuevos internos al día, evalúa sus necesidades y asigna clasificaciones. Muchos llegan sin artículos básicos de higiene y otras necesidades, o sin dinero para adquirirlos. La falta de estos insumos puede parecer algo menor para el mundo exterior, pero dentro de los muros de la prisión puede significar la diferencia entre mantenerse sano y enfermarse rápidamente.
Para Brent Snook, residente permanente de DRDC, todo comenzó como un llamado de Dios.
Brent pasa parte de sus días trabajando en la unidad de ingreso, donde observa cómo los recién llegados dan sus primeros pasos en la vida carcelaria, a menudo sin estar preparados.
“Noté que muchos internos nuevos no tenían lo que necesitaban”, recordó durante una entrevista en la instalación.
Para él, la experiencia no fue meramente administrativa. Fue espiritual.
“El Espíritu Santo inspiró el proyecto. Fue el Espíritu Santo”, dijo, señalando Santiago 2, 14-18, el pasaje famoso que afirma que la fe sin obras está muerta. Ese texto, explicó, lo impulsó a actuar.
Ese desafío bíblico se convirtió en la semilla del Proyecto Santiago, un programa liderado por internos que arma y distribuye kits de higiene, incluidos jabón, desodorante y sandalias para la ducha, a los hombres que ingresan al DRDC sin ellos o que no pueden pagarlos. Brent señaló que también guía la misión Mateo 25, 34-40, la exhortación de Cristo de que todo lo que hacemos por los más pequeños se lo hacemos a él.
“¿Quiénes son los más pequeños entre nosotros? Los leprosos, en la escritura. Nosotros somos los leprosos para el público en general, y los más pequeños entre nosotros son los leprosos de los leprosos”, compartió.
La idea creció en silencio al principio, Brent redactó una propuesta con el apoyo del mayor Davis, un miembro del personal que ayudó a acompañar la iniciativa a través de los canales de aprobación, primero con la dirección de la instalación y luego con la sede del Departamento de Correcciones de Colorado.
En noviembre del 2024, poco antes de Acción de Gracias, el proyecto recibió la aprobación total del Departamento de Correcciones de Colorado y del DRDC. Brent no puede evitar ver el momento como una señal.
“Eucaristía significa acción de gracias”, señaló. “Eso se sintió providencial”.
Lo que siguió fueron meses de trabajo logístico. El financiamiento llegó a través de los Caballeros de Malta, una orden católica con una larga historia de caridad y servicio. Los suministros tuvieron que buscarse, ordenarse y almacenarse. Se colocaron avisos en el centro de ingreso que explicaban cómo solicitar un paquete. Los internos que necesitaban ayuda podían enviar un “kite”, un formulario interno de correo de la prisión, al personal que trabaja en el proyecto, tanto para pedir artículos como, en ocasiones, para expresar su agradecimiento.
A veces, el artículo más valioso del paquete es el más sencillo: las sandalias para la ducha. Puede que no parezcan gran cosa, pero son una necesidad diaria. Usarlas es la forma más sencilla de cuidar la salud personal y practicar una buena higiene en un entorno de convivencia compartida.
“Se trata de dignidad”, dijo varias veces.
El 10 de marzo del 2025, después de meses de trabajo, el Proyecto Santiago comenzó discretamente, con el apoyo continuo de DRDC. Solo dos internos recibieron suministros el primer día.
No hubo ceremonia: solo Brent y uno de los capellanes católicos, que llegó con una pequeña bolsa de plástico. El impacto fue inmediato. Brent compartió la historia de un hombre de dos metros de estatura que llegó prácticamente sin nada. Cuando Brent llegó a su celda con un kit en la mano, el hombre, abrumado, lo abrazó.
“Tenía lágrimas en los ojos y simplemente se me echó encima. No me lo esperaba”, dijo entre risas.
Hoy, el proyecto funciona a diario, con la misma constancia que cualquier servicio interno de la instalación. Antes de que comenzara, Brent calcula que al menos el 25 % de los nuevos internos carecían de artículos esenciales de higiene. Ahora, cada uno de ellos, hombres, mujeres y jóvenes, tiene un lugar al que acudir. Pero Brent insiste en que no quiere atención.
“Esto se trata del proyecto. No se trata de mí”, repitió en varias ocasiones, presentando el trabajo no como un logro personal, sino como una colaboración de muchas personas diferentes. “Si quitas una sola pieza, esto no existe”.
El Proyecto Santiago depende de residentes de la prisión, del personal, de voluntarios y del servicio de ministerio católico.
Aunque Brent prefiere no ponerse en el centro, quienes lo conocen dicen que el proyecto brota de una fe profundamente arraigada.
El padre Jason Moore, capuchino y capellán de DRDC, recordó sus primeros días en la instalación y relató que Brent fue el único que asistió a Misa cuando él recién comenzó. Pero la constancia silenciosa de Brent era inconfundible.
“Brent siempre escucha al Espíritu Santo cuando es llamado”, compartió.
La rutina diaria de Brent es estructurada, casi monástica. Se levanta a las 4:45 a.m. y se acuesta a las 8:30 p.m., llenando las horas intermedias con trabajo, ejercicio y una intensa vida de oración. Reza regularmente la Liturgia de las Horas y dedica varias horas a la lectura de la Sagrada Escritura. Cuando puede, también escucha el pódcast «La Biblia en un año» con el padre Mike Schmitz.
Cada mañana comienza de la misma manera, con una oración en silencio, mientras Brent se dispone interiormente.
“Señor, por favor, hazme tu servidor hoy”, reza. “Dame la fuerza para atravesar este día difícil y, si no puedes, llévame a casa contigo”.
Además de sus propios estudios, ayuda a facilitar el grupo de estudio bíblico católico los miércoles y permanece firmemente comprometido con el crecimiento espiritual, tanto el suyo como el de los demás. Dice que a menudo “lleva a los otros hombres de vuelta al griego, de vuelta al hebreo” mientras leen juntos.
Cuando se le preguntó qué figuras espirituales lo influyen, no dudó.
“Mira a los santos”, dijo. “Yo admiro a Madre Teresa de Calcuta”, quien está representada en un mural en el pasillo justo afuera de la biblioteca donde nos reunimos, junto a otros que ayudaron a los más pequeños y olvidados de la sociedad.
Citó a la famosa santa con palabras bien conocidas: “Nunca te preocupes por los números. Ayuda a una persona a la vez y empieza siempre con la persona más cercana”.
Sonrió ligeramente después de repetir la frase.
“Soy un hombre de números”, admitió. “Me gustan las estadísticas”.
Pero, como sabía la Madre Teresa, el trabajo no se trata de métricas. Se trata de la persona humana que tienes enfrente.
Dentro de DRDC, el Proyecto Santiago ha evolucionado hasta convertirse en algo más que un simple sistema de distribución. Se ha transformado en un discreto ministerio de presencia, una forma en la que los hombres encarcelados pueden encontrarse con el amor de Dios a través de los demás. En un lugar donde la esperanza puede escasear y los pequeños gestos tienen un peso inmenso, el regalo de unas sandalias y de un jabón se convierte en un signo de dignidad. Ayuda a que los hombres ingresen al sistema penitenciario no como personas olvidadas, sino como seres humanos dignos de cuidado.
Y para quienes reciben los kits, el efecto puede ser profundo. Muchos envían kites de regreso a Brent, expresando una gratitud inmensa. Él los lee en silencio y continúa preparando el siguiente paquete. El trabajo sigue, un hombre a la vez.
El Proyecto Santiago continúa todos los días, impulsado por la oración, la colaboración y el deseo humilde de un interno de “ayudar a la persona más cercana”. En un entorno a menudo marcado por la carencia, se ha convertido en una fuente pequeña pero poderosa de gracia.
Y al final, quizá las propias palabras de Brent captan mejor el corazón palpitante del ministerio que ayudó a hacer realidad:
“Se trata del amor ágape. El amor del Padre”.

