(Foto cortesía de Holy Family High School)
Una educación católica sólida debería estar al alcance de todas las personas que la desean. Sin embargo, durante mucho tiempo, las familias de estudiantes con discapacidades educativas moderadas o severas han tenido dificultades para encontrar su lugar en las escuelas católicas. Gracias a Dios, muchos hombres y mujeres comprometidos han dado un paso al frente para cambiar esta realidad, movidos por la convicción de que la educación católica debe ser accesible para todos. El Equipo de Apoyo al Estudiante de la preparatoria Holy Family, en Broomfield, es uno de esos grupos.
Un lugar para florecer
“El Departamento de Apoyo al Estudiante no es solo un programa”, afirmó Emily Baier, nueva integrante del equipo, “sino una expresión de nuestra convicción de que cada niño ha sido creado a imagen y semejanza de Dios y está llamado a pertenecer plenamente al Cuerpo de Cristo y a la educación católica”.
Durante el ciclo escolar 2025-2026, Holy Family recibió nuevamente a 89 estudiantes con discapacidades y admitió a 46 alumnos nuevos. De estos nuevos estudiantes, 26 provienen de escuelas primarias arquidiocesanas, 15 de escuelas públicas y algunos más de otras preparatorias cristianas. Estas cifras, especialmente las de quienes provienen de escuelas públicas, dicen mucho del buen trabajo que realiza el Equipo de Servicios de Apoyo al Estudiante en Holy Family. Con frecuencia, los estudiantes con dificultades de aprendizaje sienten que no pueden considerar una escuela católica, ya que las escuelas públicas suelen superar a las católicas en la cantidad y calidad de los apoyos que ofrecen.
Pero el equipo de Holy Family está decidido a garantizar que todo estudiante que desee una educación católica pueda encontrar un lugar en nuestras escuelas.
“El propósito de la educación católica es el florecimiento auténtico de la persona humana —cuerpo, mente y alma—”, afirmó Shannon Batal, otra integrante del Equipo de Apoyo al Estudiante. “Cuando sustituimos esto por un bien menor, como los reconocimientos mundanos, no estamos cumpliendo nuestra misión. Los estudiantes con discapacidades intelectuales y del desarrollo pertenecen a Holy Family High School porque nuestra misión es ayudar a cada joven a florecer según el plan individual que Dios tiene para su vida”.

Estudiantes transformados
Con frecuencia, los testimonios más inspiradores de este programa provienen de los propios estudiantes.
“Este ciclo escolar ha traído oleadas de cambios en mi aprendizaje que jamás habría imaginado, y ustedes [Servicios de Apoyo al Estudiante] han sido parte de ello”, compartió un alumno de tercer año. “Si no hubieran estado dispuestos a adaptarse a mi estilo de aprendizaje y a mis necesidades académicas, no habría podido tener el éxito que logré este año en el salón de clases”.
Un alumno de último año, al ser cuestionado sobre de quién se sentía agradecido, respondió: “Se supone que debo agradecerles por todo, pero el problema es que hay tanto por agradecer que no sé por dónde empezar. No tengo palabras para agradecerles toda la ayuda que me brindaron durante mi tiempo en Holy Family. Desde el crecimiento espiritual, el éxito académico, el autodescubrimiento, el descubrimiento de mis pasiones y la preparación para mi vida después de la preparatoria. Académica y emocionalmente, me brindaron un apoyo incondicional. Sinceramente, es difícil expresar lo agradecido que estoy”.
Otro estudiante de último año comentó: “Va a ser muy difícil dejar a personas como ustedes y el lugar donde me sentí más aceptado, comprendido, validado, apoyado y amado”.

Una obra de dignidad
“San Juan Pablo II nos recuerda que el punto de partida de toda conversación sobre la discapacidad está arraigado en la antropología cristiana. Toda persona está hecha a imagen y semejanza de Dios”, señaló Shannon.
Ella considera que reconocer esa imagen divina es fundamental para un enfoque verdaderamente católico de la inclusión educativa.
“Cada uno de nuestros estudiantes fue creado por Dios con un propósito”, explicó. “Cada uno tiene un papel en el plan eterno de salvación de Dios”.
La inclusión en la educación católica no es un tema secundario, sino una cuestión profundamente arraigada en la dignidad de la persona, algo que debería importar a todos los hombres y mujeres de fe.
“La inclusión de estudiantes con discapacidades intelectuales y del desarrollo brinda a toda nuestra comunidad escolar la oportunidad de renovar su compromiso con la santidad, el fin último de la educación católica”, continuó. Al reconocer y defender la dignidad de nuestros hermanos y hermanas, añadió, llegamos a conocer y a ver con mayor claridad la nuestra. “San Juan Pablo II nos recuerda que, al reconocer los derechos y la dignidad de nuestros hermanos y hermanas con discapacidad, fortalecemos los nuestros”.

Un nuevo programa
Este año, Holy Family admitió a su primer estudiante con síndrome de Down. Él también se convirtió en el primer alumno del nuevo programa desarrollado por Shannon: el programa de becarios St. André.
Este nuevo programa es una extensión de los Servicios de Apoyo al Estudiante, diseñado para llegar a aún más alumnos y profundamente arraigado en la misión católica de la escuela.
“El programa está diseñado específicamente para atender a un pequeño grupo de estudiantes que se enfocarán en metas concretas, como vivir de manera independiente o mantener un empleo, mientras participan plenamente en todos los eventos y actividades de la comunidad escolar”, explicó Shannon.
Esa integración en la vida cotidiana de la escuela es parte de lo que hace tan único y hermoso al programa de becarios St. André. Desde su lugar dentro de la comunidad, este nuevo becario ha tenido un impacto sumamente positivo en todos los estudiantes que lo rodean. De hecho, cuando presentó un trabajo sobre el síndrome de Down en su clase de biología al final del semestre pasado, el aula estuvo llena de estudiantes, maestros y otros invitados que acudieron a escucharlo. En muy poco tiempo, se ha convertido en uno de los miembros más queridos de la comunidad escolar. Está floreciendo en su nuevo entorno; incluso busca casi todos los días al presidente de la escuela, Mike Gabriel, para saludarlo con un apretón de manos.
“Antes de este año, muchos de nuestros estudiantes de preparatoria nunca habían tenido la oportunidad de conocer a alguien con discapacidades intelectuales y del desarrollo”, señaló. “Cuando damos a los jóvenes neurotípicos la oportunidad de conocer y amar a compañeros con estas discapacidades, ayudamos a que reconozcan la dignidad de los demás y la propia”.

Una cultura transformada
Durante el tiempo que ha trabajado con el Equipo de Apoyo al Estudiante, Emily se ha sentido profundamente impresionada por el amor y el espíritu de servicio que se viven ahí.
“¡Los estudiantes que forman parte del programa están transformando la cultura de Holy Family de las mejores maneras!”, afirmó.
La inclusión en Holy Family implica educar a estudiantes con una amplia variedad de necesidades de aprendizaje, sociales y de desarrollo, dentro de una comunidad centrada en Jesús.
“Los estudiantes que necesitan adaptaciones académicas, apoyo socioemocional o instrucción diferenciada no son excluidos de la vida escolar”, continuó Emily. “Son una parte integral de ella. La inclusión fortalece la misión de la educación católica al enseñar a los estudiantes a reconocer la dignidad de toda persona, a cultivar la empatía, la paciencia y la compasión, a reflejar el llamado de Cristo a acoger a los marginados y a prepararlos para construir un mundo más justo y amoroso”.

