Catriona Kerwin and André Escaleira, Jr.
En el corazón de las Montañas Rocosas, cerca del Parque Nacional Rocky Mountain y bajo la imponente presencia del Longs Peak, Annunciation Heights invita a sus visitantes a maravillarse con la belleza de la creación de Dios. Este campamento de la arquidiócesis recibe a personas de todas las edades, incluyendo familias, jóvenes de secundaria y preparatoria, así como grupos en retiros. Como “un lugar de encuentro transformador con Jesucristo”, Annunciation Heights busca fortalecer la relación con Dios, con los demás, con uno mismo y con la creación, “fomentando experiencias de conexión auténtica, inmersas en la belleza de la creación de Dios”, con el objetivo de ayudar a sus visitantes a “vivir plenamente para la gloria del Padre”, según lo expresa su misión.
Un verdadero oasis católico en las montañas, quienes visitan este lugar se empapan de la belleza natural, de la capilla de madera —sencilla pero llena de reverencia— y del silencio bendito del bosque, solo interrumpido por gritos de alegría y cantos alrededor de la fogata que resuenan por el campamento. Las actividades, dirigidas por misioneros adultos, se caracterizan por la alegría, la sinceridad y un enfoque en el encuentro.
A través del programa misionero Altum Institute, Annunciation Heights recibe misioneros de todo el país para uno o dos años de formación, vida en comunidad y servicio. Cada uno llega con su propia historia y dones únicos que enriquecen la vida en el campamento.
Para Tim Smith, veterano de guerra y exmisionero, encontrar Annunciation Heights fue una bendición en un momento clave de su vida.
“Después de salir de la Marina, tuve una conversión muy profunda y estaba buscando hacia dónde ir. Escuché de Annunciation Heights, y fue muy claro que Dios me estaba llamando a ir ahí, a dar pasos pequeños para poder volver a la comunión con él”, compartió sobre esta experiencia que lo ayudó a reencontrarse con Dios y con su prójimo.
Como Tim, muchos misioneros del Altum Institute sienten ese llamado “a las alturas” para vivir un encuentro profundo y una verdadera comunidad —con Dios, con los demás, con la creación y consigo mismos—. De hecho, ese enfoque en las cuatro relaciones es una parte clave del programa misionero, y es algo verdaderamente transformador, comenta Callie Gubera, exmisionera que ahora trabaja como directora de desarrollo de misión del campamento.
“Jesús santificó mis relaciones, primero que nada. Aprendí a ver el mundo a través de esas cuatro relaciones, y es algo que sigue marcando mi vida”, contó a El Pueblo Católico. Como misionera, ella y sus compañeros desarrollaron el hábito de revisar constantemente cómo estaban viviendo cada una de esas relaciones.

Para crecer en esa primera relación —una amistad llena de fe con Dios—, los misioneros reciben una formación espiritual profunda e intencional de parte del padre Ryan O’Neill, director espiritual del campamento. Él ofrece estudios bíblicos, Misa diaria, adoración semanal y otras oportunidades de oración para los misioneros.
“Nos dieron muchas herramientas para crecer en la intimidad con el Señor en distintos aspectos. Eso fue algo realmente hermoso”, compartió Joe Trujillo, exmisionero, al hablar sobre la formación espiritual del programa. “La base de toda nuestra formación era poder buscar constantemente el corazón del Padre y aprender a vernos a nosotros mismos con sus ojos”.
A medida que los misioneros se acercan más al Señor y se reconocen como hijos amados gracias a esta formación espiritual, pueden vivir su misión y comunidad con mayor caridad. Al pasar tiempo intencional juntos —viviendo, comiendo, rezando y trabajando en comunidad—, se forma un lazo muy fuerte entre ellos, una comunidad unida que nace de su relación con Dios. Amanda Smith, exmisionera, la describió como “las personas más bonitas y acogedoras, que se sienten como familia, aunque no sean de tu propia familia”.
De hecho, esta comunidad llena de fe se convierte en el ambiente perfecto para crecer en la relación con los demás —un fruto natural de la relación con el Señor.

“Hay un sentimiento de seguridad y consuelo que viene con estas relaciones porque son muy fuertes, muy intencionales, llenas de amor y bondad”, compartió Sarah Corsi, exmisionera.
En este tipo de comunidad tan cálida, los misioneros pueden compartir sus fortalezas, dones e incluso sus debilidades, y aun así recibir un amor incondicional.
Claro, la comunidad no es perfecta —¡está formada por seres humanos, al fin y al cabo! Los exmisioneros con los que hablamos no dudaron en contar cómo, a veces, dentro de la comunidad surgían rupturas o conflictos. Pero esos retos, al final, llevaban a la reconciliación y a una confianza más profunda —uno de los tres pilares de formación del programa.
“En la vida comunitaria, la gente sacaba lo mejor de mí… y también lo peor”, dijo Will Muraski, exmisionero y actual director del programa juvenil y familiar del campamento. “Pero en realidad fue muy, muy importante que sacaran lo peor de mí. Aun después de salir de Annunciation Heights, ha sido muy valioso encontrar personas que me ayuden a mantenerme firme, que caminen conmigo y me reten a crecer”.
Unidos a Dios y entre ellos, los misioneros caminan juntos en la fe a través de la creación, contemplando la belleza del mundo natural y, así, experimentando una restauración en esa tercera relación: con la naturaleza. Ubicado en el hermoso Estes Park, Annunciation Heights ofrece a misioneros y visitantes muchas oportunidades para maravillarse ante la creación de Dios —otro de los tres pilares de formación.
“El Señor se escribió a sí mismo en toda la creación”, dijo Joe, “sabiendo que nosotros íbamos a ver eso, a gozarlo, a alegrarnos con ello. Y así lo habló —como mensaje con propósito propio, pero también directo al corazón de cada uno”.

Al conocer mejor a Dios, al prójimo y a la creación, cada misionero va descubriendo su propio lugar en el mundo, en el corazón y el plan de Dios. En pocas palabras, los misioneros llegan a entenderse a sí mismos como un regalo, en sintonía con esa hermosa enseñanza del Concilio Vaticano II: “El hombre… no puede encontrarse plenamente a sí mismo sino en la entrega sincera de sí mismo” (Gaudium et Spes, 24). Esta comprensión de la profunda dignidad humana es fundamental en Annunciation Heights, como el tercer pilar del programa de formación, junto con la confianza y la capacidad de asombro.
“Pude realmente reconocer la verdad de quién soy a los ojos del Padre. Y desde ahí, fui capaz de entregarme con mayor plenitud a las comunidades que me rodeaban”, compartió Callie.
Con sus relaciones restauradas —con Dios, con el prójimo, con la creación y consigo mismos—, los misioneros de Annunciation Heights eventualmente “bajan de la montaña”. Después de haber integrado en su vida los pilares de la formación —la entrega de sí, la confianza y la capacidad de asombro— y de haber vivido profundamente su tiempo como misioneros, esa experiencia continúa dando fruto día con día.
“Recuerdo que me sentía como Pedro en la Transfiguración y pensaba: ‘Señor, aquí se está tan bien. Mejor nos quedamos y ponemos unas tiendas’”, compartió Sarah, recordando lo difícil que fue dejar un lugar tan hermoso. “Pero es al bajar de la montaña donde realmente puedes ser la luz de Cristo”.
Confiando en el Señor, “montaña abajo” y, providencialmente, llegó a la parroquia Light of the World en Littleton, donde ahora sirve como directora de comunicaciones de la parroquia, entregándose y compartiendo la luz de Cristo a través de diferentes medios.
Para Callie, la invitación a ser luz de Cristo es lo que la mantiene en Annunciation Heights, donde ahora invita a otros a sumarse a la misión del campamento. Aun así, reconoce que su experiencia como misionera la ha formado para entregarse por completo en lo profesional, lo personal y lo vocacional.
“Siento que ahora estoy más enraizada, más firme, para poder entregarme totalmente al Señor, sin importar a qué me dedique”, dijo a El Pueblo Católico. Mientras se prepara para su próximo matrimonio con un exmisionero, añadió: “Todo esto nos va a ayudar muchísimo en nuestro camino como futuros esposos”.

De manera similar, Amanda y Tim Smith, ahora casados, se sienten mejor preparados para entregarse en su vida familiar gracias a la formación que recibieron en Annunciation Heights.
“Todo esto me ha ayudado muchísimo ahora como esposa y mamá, para hacer cosas que quizá no quiero hacer, pero hacerlo con gracia y ofrecerlo como oración”, explicó Amanda. “Muchas veces, la vida está llena de cosas que no queremos hacer, ya sea por nosotros o por los demás. Pero creo que haber sido misionera en el campamento me dio la capacidad de enfrentar esas situaciones con paciencia, con gracia, y ver el propósito de hacerlo por amor. Siento que también me dio un corazón más generoso… y preparó mi corazón para entrar de lleno a mi vocación”.
En resumen, Tim añadió con gratitud: “Si no fuera por Dios y por el campamento, no tendría absolutamente nada de lo que tengo hoy”.
Formados en sus relaciones con un Padre tan bueno y entre ellos mismos, los misioneros no pueden evitar crecer en confianza —el segundo pilar de la formación del programa. Al bajar de la montaña, los exmisioneros llevan consigo esa confianza renovada en Dios y en el prójimo, encontrando y cultivando comunidad en sus familias, trabajos y lugares donde viven.
“El campamento fue un ejemplo hermoso de lo que una comunidad católica puede ser, y en ese sentido, es como una pequeña estrella que me guía”, compartió John Rabaey, otro exmisionero que ahora vive en Fort Collins.
Marcado por la experiencia de una comunidad llena de fe, y al haber experimentado “mucho crecimiento en la capacidad de ser amigo de los demás de una manera centrada en Cristo, especialmente para poder reconciliarme con otros y superar fricciones”, John ahora busca reunir a las personas en un espíritu de paz, confianza y fe compartida dentro de sus propios círculos.
A medida que los ex misioneros de Annunciation Heights se entregan y construyen comunidad a su manera, no pueden evitar detenerse con asombro ante lo que Dios ha hecho en sus vidas, en las vidas de sus prójimos y en el mundo, especialmente a través de su creación.
“El tiempo que pasamos al aire libre es increíble”, comentó Will sobre las prácticas que su familia ha adoptado para cultivar ese sentido de asombro. “A veces solo salimos a caminar, o vamos de excursión, o simplemente nos sentamos afuera a escarbar en la tierra”.
Ese enfoque en el asombro “nos pone en un lugar muy bonito de gratitud”, agregó Will.

“El asombro, en su esencia más profunda, es simplemente estar atentos a la voz del Señor y tener curiosidad por la forma en que nos está hablando”, explicó Sarah.
Ese don del Espíritu Santo cultivado en Annunciation Heights, a través de la creación y de la humanidad, sigue ayudando a los exmisioneros a recibir a cada persona que encuentran como una expresión única del amor creativo de Dios, como “tierra sagrada”, usando una imagen bíblica del encuentro que el papa Francisco valora mucho.
Ahora bien, todo este crecimiento, entrega de sí y servicio solo son posibles por la gracia de Dios, a quien los misioneros llegaron a conocer más profundamente en el campamento. Gracias a esa relación continua con él, los misioneros se sienten sostenidos en sus misiones, vocaciones y en las realidades de su día a día.
Para Will y su familia, la vida misionera “realmente nos dio un muy buen comienzo en lo que respecta a los valores familiares”. Con una declaración de misión familiar y hábitos regulares de oración, se sienten enraizados en Cristo mientras siguen su plan para sus vidas.
En el caso de John, fue el acompañamiento del padre Ryan para formar un plan de vida con compromisos concretos de oración diaria, lo que le ayudó a mantenerse espiritualmente firme después de su tiempo como misionero.
No importa a dónde los lleve el Señor después de su tiempo en Annunciation Heights, los exmisioneros llevan consigo sus dones, experiencias y una mirada renovada, junto con un nuevo fervor misionero, a un mundo que tanto necesita la esperanza de Cristo.
Como electricista, Tim Smith tiene la oportunidad de vivir con “no solo un corazón abierto, sino también una lengua abierta a Dios, permitiendo que él sea parte de la conversación en todos los aspectos: personal, profesional y misionero”. Así, busca vivir de una forma que desconcierta al mundo, dando testimonio contracultural: rezando en el trabajo y manteniéndose sereno en medio de situaciones difíciles.
John, ingeniero de profesión, también ha aprendido a llevar su fe al ambiente laboral —aunque sea simplemente buscando amar a los demás como Cristo los amaría, creando lazos y sirviendo a quienes lo rodean.
“Esto sigue siendo difícil para mí”, admitió, “pero definitivamente siento que tengo mucha más confianza para hablar de la fe de lo que tendría si no hubiera pasado por Annunciation Heights. Aún es un reto, pero cuando surgen conversaciones de ese tipo, puedo compartir mi fe con más paz que antes”.
Para Joe, el fervor misionero que se encendió en Annunciation Heights fue el motor para fundar Mission House Denver, una comunidad formativa para jóvenes católicos (hombres), inspirada en la vida en comunidad y los principios que aprendió durante su tiempo como misionero en el campamento.
“Muchas de las cosas que hacemos aquí en nuestra vida comunitaria son cosas que aprendí y recibí en Annunciation Heights”, explicó. “Vivir en comunidad con los misioneros y el equipo me enseñó muchísimo sobre cómo vivir con los hombres que me rodean, especialmente sobre entregarme y donarme a los demás”.
Ese celo misionero va más allá de su trabajo en Mission House Denver y se refleja en todos los aspectos de su vida, añadió Joe.
“La forma en que estamos llamados a vivir en misión me ha hecho querer mejorar aún más en eso, especialmente por mi propia familia”, compartió con El Pueblo Católico.
Mientras estos exmisioneros “bajan de la montaña”, queda claro que su formación en Annunciation Heights les deja mucho más que recuerdos o una maleta llena: les deja lecciones profundas, claridad interior y frutos espirituales. Su decisión de vivir intencionalmente no solo enriquece su crecimiento personal, sino que también inspira una entrega más profunda hacia sus vecinos, amigos, familias y comunidades.
“Creo que esos han sido los años más valiosos de mi vida”, concluyó Will, “y sé que seguiré viendo cómo dan fruto en los años por venir”.
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Para conocer más sobre Annunciation Heights, su misión y sus programas, visita: annunciationheights.org