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FOTOS | “Su mayor amor era Jesús”: Centro recreativo dedicado a monseñor Michael Glenn

Las nuevas instalaciones inspiran a los seminaristas a la santidad a través de la disciplina y la fraternidad.

A pesar de las temperaturas gélidas, decenas de benefactores, seminaristas y miembros del personal arquidiocesano se reunieron el viernes para inaugurar y bendecir el recién terminado Centro Monsignor Glenn en el seminario St. John Vianney, en Denver.

El edificio, cuya construcción comenzó en marzo del 2024, cuenta con una cancha de fútbol, aparatos de ejercicio y una cancha de baloncesto. Ofrece a los seminaristas un espacio renovado para cuidar su salud física y su bienestar, en sustitución del edificio de casi un siglo de antigüedad que utilizaban anteriormente para ejercitarse. Dado el crecimiento del seminario en los últimos años, la necesidad de un espacio más amplio y dedicado exclusivamente a la actividad física se volvió cada vez más evidente.

“Estoy muy emocionado por todos los que están ahí ahora y por todos los seminaristas que podrán usarlo. ¡Ojalá todavía fuera seminarista! Hubiera sido muy divertido, hubiera sido fantástico poder usarlo”, comentó, entre risas, el padre José Delgado, recién ordenado y exalumno de St. John Vianney. “Nuestra salud física y la autodisciplina son importantes, y creo que el deporte y el ejercicio ayudan muchísimo a la autodisciplina y a la salud corporal. Nos ayudan a servir durante el mayor tiempo posible y a ser los sacerdotes sanos que los feligreses merecen”.

Con el Centro Monsignor Michael Glenn, los seminaristas ahora contarán con un espacio para cuidar mejor su cuerpo, además de su alma.

“Todo el sentido de la formación es configurarnos con Cristo. Y creo que es importante reconocer que cuando hablamos de conformarnos con Cristo, no se trata únicamente de una conformidad espiritual”, afirmó Cody Bliss, seminarista arquidiocesano que estudia en St. John Vianney. “Si vemos a Cristo como la humanidad vivida de manera excelente, no es algo que gire solo en torno a la oración. Por eso tenemos los pilares de la formación. Y un aspecto enorme de la formación humana es: ¿nos cuidamos a nosotros mismos?, ¿tratamos nuestro cuerpo como templo?, ¿lo tratamos adecuadamente?”.

“Esto complementa muchas de las demás misiones y ámbitos de formación del seminario”, añadió el diácono Daniel Rivas, quien será ordenado sacerdote esta primavera, tras haber estudiado en St. John Vianney. “Por ejemplo, el tiempo en la biblioteca afila la mente. El tiempo en las parroquias afina el corazón. El tiempo en la capilla santifica el alma. Pero algo que puede pasarse por alto es que todo esto comienza con un cuerpo sano y fuerte que nos sostiene en estas tareas. Así que, en ese sentido, es un gran enriquecimiento para nuestra formación”.

De hecho, este tipo de recreación parece haber sido querido por Dios para el bien de su pueblo, como señaló el arzobispo de Denver, Samuel J. Aquila, al inicio de la liturgia de bendición del nuevo centro Glenn.

“Dios nos ha dado nuestras facultades físicas para que podamos servirle con alegría, ayudarnos unos a otros y, mediante la disciplina, de acuerdo con la ley de Dios, hacer que nuestro cuerpo esté dispuesto para toda buena obra”, dijo al abrir la ceremonia de bendición. “Por lo tanto, Dios aprueba la recreación para el descanso de la mente y el ejercicio del cuerpo. El cuidado del cuerpo fomenta el bienestar mental y facilita que establezcamos relaciones amistosas y cordiales con los demás”.

Tanto Cody como el diácono Daniel expresaron su entusiasmo por el nuevo potencial de “relaciones amistosas y cordiales” en la comunidad del seminario, ahora que cuentan con un espacio actualizado para la recreación.

“El Centro Glenn también ofrece tiempo de comunidad con los hermanos fuera del aula”, explicó el diácono Daniel. “La competencia sana puede fortalecer a los hermanos, y el estudio es crucial, pero creo que este espacio brinda la oportunidad de volver a ser humanos y de disfrutar de la presencia mutua cara a cara, compitiendo, compartiendo los mismos pasatiempos e intereses”.

El Centro Monsignor Michael Glenn no solo acercará a los seminaristas en fraternidad, sino que también profundizará en su fe, añadió el padre Daniel Eusterman, formador y profesor del seminario.

Con su bello diseño, el centro se integra en la estética del Centro St. John Paul II para la Nueva Evangelización, que se inspira en la Capilla Christ the King, diseñada por Jacques Benedict en las décadas de 1920 y 1930, una elección intencional, explicó el padre Daniel.

“De esa capilla empiezan a brotar pequeñas semillas de distintas piezas arquitectónicas. Está la extensión de los pasillos de los dormitorios. Ahora vemos la Casa Prophet Elijah para los sacerdotes jubilados. La residencia del arzobispo, la residencia del cardenal, todos estos edificios toman su semilla de la capilla”, explicó. “¿Y qué hay en el corazón de la capilla? El altar y el sagrario. Así que podríamos pensar que este gimnasio es un nuevo centro de formación. Y yo diría: ‘No, no lo es’. El centro de la formación de este campus, de este seminario, de todo nuestro trabajo aquí es la capilla”.

Cada aspecto de la formación del seminario, subrayó el padre Daniel, está destinado a conducir de nuevo a Jesucristo, presente en la Eucaristía.

“El objetivo principal aquí, y creo que eso es lo que se revela en esta arquitectura, es ver que este gimnasio debe llevarte directamente al altar. Este gimnasio debe llevarte directamente al altar y al sagrario, donde Dios es glorificado”, afirmó. “Y el altar se convierte entonces en el centro de cada edificio de este campus: las aulas donde estudiamos y enseñamos, los otros espacios donde caminamos, convivimos, nos recreamos y descansamos. Este gimnasio está pensado como una extensión, un recordatorio y un punto de referencia hacia el centro de nuestra vida, que es Jesús. Así que ojalá este gimnasio glorifique aún más a Dios, de una manera en que Dios todavía no había sido glorificado en este campus por su uso. Así que, muchachos, úsenlo. Úsenlo bien”.

Incluso el nombre del nuevo complejo fue elegido intencionalmente para inspirar a los seminaristas y orientarlos hacia Cristo, al ser dedicado en honor de monseñor Michael Glenn, rector de St. John Vianney del 2001 al 2013. Amante de la vida al aire libre, se esforzó por integrar el bienestar físico en su vida espiritual, animando a los seminaristas que acompañó a hacer lo mismo.

Después de su tiempo en el seminario, monseñor Glenn fue asignado como párroco de tres parroquias en la región occidental, donde sirvió como un querido pastor de almas.

“Realmente era amigo de todos. Tenía esa personalidad. Se tomaba el tiempo para conocerte personalmente, conocer tus desafíos, tus problemas y tu familia, y cada vez que asistías a una de sus Misas y predicaba, salías con un mensaje. En mi caso, salía con una tarea, algo en lo que tenía que trabajar y mejorar”, compartió Dudley Mitchell, amigo cercano de monseñor Glenn desde hace muchos años. “Y si tenías la suerte de confesarte con él, tenía la capacidad de comprenderte y responderte de una manera que realmente te ayudaba. … Cuando estabas en la presencia de monseñor Glenn, podías sentir la presencia de Dios. Es decir, cuando estabas con él a solas, en silencio, sentías la presencia de Dios que él llevaba consigo adondequiera que iba. Era algo verdaderamente impresionante”.

A monseñor Glenn se le diagnosticó cáncer cerebral en el 2016, enfermedad que le quitó la vida tres años después, en 2019.

“Caminé con Michael y lo acompañé durante el tiempo de su batalla contra el cáncer y fue heroico. Se abandonó en ello, confió en el Señor y había en él una paz muy real y profunda, incluso en las últimas semanas de su vida”, relató el arzobispo Samuel, quien contaba al exrector del seminario entre sus amigos, a quien conoció cuando monseñor Glenn era seminarista. “Ver su confianza, su seguridad en Dios y en vivir el evangelio, y realmente ver todas las bendiciones que había recibido. Y sí, su vida fue bien vivida, fue plenamente vivida, con gran energía; amaba las montañas y todo eso, pero su mayor amor era Jesús, y el sacerdocio fue su primer amor: ser un sacerdote fiel. En eso dio un gran testimonio a todos nosotros de lo que significa poner nuestra vida en el Señor, en las manos del Señor”.

A través del testimonio de monseñor Glenn, el nuevo centro recreativo busca inspirar a los seminaristas incluso mientras se esfuerzan físicamente, ayudándolos a acercarse más a Cristo en cuerpo y alma, un esfuerzo que no habría sido posible sin el generoso apoyo de tantos fieles de toda la arquidiócesis.

“Decir ‘gracias’ no sería suficiente”, comentó Cody. “Es un testimonio increíble de las personas que hicieron posible el gimnasio, de su comprensión de la persona integral que es el sacerdote y de la importancia de eso, que no debe olvidarse. Estoy emocionado de usar el gimnasio al máximo”.

“Así que nos unimos con una gran gratitud hacia nuestros benefactores, hacia todos los que tuvieron parte en esto, pero, por supuesto, damos toda la gloria y las gracias a Dios por lo que está haciendo en este campus, que sigue creciendo, que sigue formando a jóvenes para el sacerdocio, para que Dios sea glorificado y nosotros seamos salvados en el proceso”, añadió el padre Daniel.

“Elevamos hoy nuestro corazón con gran gratitud por monseñor Glenn y por el don de su vida y de su sacerdocio”, concluyó el arzobispo Samuel. “También elevamos nuestro corazón en gratitud por todos nuestros seminaristas, tanto en St. John Vianney como en el seminario Redemptoris Mater. Verdaderamente estamos bendecidos con las vocaciones que el Señor está regalando a nuestra arquidiócesis. Y así damos gracias a Dios por todo eso y por nuestros benefactores. Y oramos para que esto siga aquí dentro de otros 100 años”.

 

André Escaleira, Jr.
André Escaleira, Jr.
André Escaleira es el editor de Denver Catholic y El Pueblo Católico. Nacido en Connecticut, André se mudó a Denver en 2018 para servir como misionero con Christ in the City, donde servió por dos años.
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