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miércoles, enero 7, 2026
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Sacerdotes misioneros: Una conversación con el rector del seminario Redemptoris Mater

El padre William Clemence reflexiona sobre la urgencia de la evangelización y el papel de RM en la formación de sacerdotes capaces de responder a este momento, tanto a nivel local como a nivel mundial.

Por Joseph Kneusel

Con frecuencia, los católicos hablan de evangelización en conversaciones, en las lecturas de la Misa, en las homilías y en las reflexiones teológicas. Pero ¿cómo se vive esto en la práctica?

En la arquidiócesis de Denver, se puede parecer a la misión del seminario arquidiocesano misionero Redemptoris Mater (RM), que tiene un carisma misionero.

El Pueblo Católico conversó con el padre William Clemence, rector de RM, para conocer mejor qué hace tan particular —y tan necesaria— la formación que ofrece este seminario.

La siguiente conversación ha sido editada por razones de extensión y claridad.

P: ¿Qué hace única la formación en Redemptoris Mater entre las prácticas tradicionales de formación sacerdotal?

R: Los seminaristas de Redemptoris Mater reciben la misma formación académica y tradicional que todos los seminaristas arquidiocesanos de la Arquidiócesis de Denver. Además de esa formación, se les ofrece un itinerario de formación catecumenal dentro de comunidades parroquiales.

La palabra “catecumenado” se refiere al período de preparación para el bautismo en la Iglesia primitiva, que normalmente precedía al sacramento. Hoy en día, el bautismo ya no cuenta con ese mismo desarrollo, al menos en su preparación práctica. Por eso, es necesario que la gracia santificante recibida en el bautismo se extienda y crezca a lo largo de toda la vida del bautizado.

San Agustín decía: “Si no hemos tenido catecumenado antes, lo realizaremos después”. Es decir, la instrucción, la formación y toda la labor educativa de la Iglesia continúan después del bautismo.

Estas comunidades catecumenales locales, en las que se integran nuestros seminaristas, están formadas por aproximadamente 30 hermanos y hermanas —clérigos y laicos, hombres y mujeres— de distintas edades. Buscan vivir la vida litúrgica cristiana de manera más intensa, recorriendo las etapas de preparación catecumenal que vivían los catecúmenos de la Iglesia primitiva antes de recibir el bautismo.

Se reúnen dos veces por semana para escuchar la Palabra de Dios, entablar un diálogo espiritual y participar en la Eucaristía. Esta comunidad acompaña y sostiene a los seminaristas durante toda su formación y continúa acompañándolos después, en su ministerio sacerdotal.

Los frutos se evidencian en el número de vocaciones que surgen de estas comunidades. Actualmente, solo de nuestras comunidades catecumenales parroquiales en Denver, ¡hay 34 hombres en formación para el sacerdocio!

El seminario también acoge candidatos de todo el mundo que descubren y disciernen su vocación en estas comunidades parroquiales. El hecho de que provengan de distintos países hace visible la universalidad de la Iglesia.

Finalmente, los seminaristas también reciben formación misionera para servir a la Iglesia dondequiera que sea necesario en el marco de la Nueva Evangelización, según el discernimiento de nuestro arzobispo.

P: Uno de los elementos clave de la formación sacerdotal en Redemptoris Mater es el concepto de “misión”. ¿Qué significa ser misionero del evangelio? ¿Y por qué es tan vital este ministerio hoy, tanto a nivel local como internacional?

R: La Iglesia es misionera por su propia naturaleza. Jesucristo fue enviado para anunciarnos el evangelio y revelar el amor del Padre a través de la entrega de su propia vida.

Todo cristiano y todo sacerdote llamado a ser alter Christus (otro Cristo) participan en esa misma misión del Señor. No hay obra más grande que anunciar la buena noticia del amor, la misericordia y el perdón de Dios a todos, especialmente a quienes no conocen ese amor y sufren sin encontrar sentido a su vida.

El anuncio del evangelio abre el cielo al ser humano y revela el deseo del Padre de que todos sean salvados. Tenemos la misión de anunciar gratuitamente lo que hemos recibido gratuitamente del Señor. ¿Cómo podría quedarme solo con todas las gracias que he recibido?

San Pablo reflexiona profundamente sobre esto al decir: “Predicar el evangelio no es para mí ningún motivo de vanagloria; se trata más bien de un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no predico el evangelio!” (1 Corintios 9, 16).

Por eso, nuestra labor evangelizadora no puede limitarse a un solo lugar, sino que debe abrirse al mundo entero. En su celo misionero, santa Francisca Cabrini solía decir: “El mundo es demasiado pequeño para lo que quiero hacer”.

P: Redemptoris Mater forma sacerdotes provenientes de muchas partes del mundo. ¿Cuáles son algunas de las bendiciones y los desafíos de este estilo de formación tan particular?

R: Actualmente contamos con seminaristas de 12 nacionalidades diferentes, además de quienes provienen de distintas regiones de los Estados Unidos.

Esto es una gran bendición porque cada uno aporta su cultura y sus tradiciones, enriqueciendo a la Iglesia local. Al inicio, cuando un seminarista llega, la transición no es sencilla.

Necesita aprender una nueva cultura, un idioma y unas tradiciones distintos de los de su país de origen. Sin embargo, vemos que lo que verdaderamente crea comunión entre los seminaristas es el Espíritu Santo, que nos permite superar los desafíos humanos.

Sin él, sería imposible vivir juntos, cada uno con sus costumbres, preferencias y antecedentes. Aun así, vemos cómo, a pesar de las debilidades personales de cada uno, el Señor resucitado se manifiesta y crea una comunión verdadera entre ellos.

P: Para usted, ¿qué es lo más gratificante de acompañar a jóvenes en su camino hacia el sacerdocio?

R: Lo más gratificante de mi misión como rector es ver el inmenso amor que el Señor tiene por cada uno de estos hombres a quienes ha llamado.

Es hermoso ver cómo Dios es verdaderamente Padre para ellos, cómo provee todo lo necesario y cómo manifiesta su fidelidad. Veo que el Señor nunca abandona a sus hijos, sino que los acompaña y desea que sean felices.

P: Puede haber jóvenes que lean esta entrevista y estén considerando una vocación sacerdotal, pero no estén seguros de si eso es lo que Dios quiere para ellos. ¿Qué consejo les daría?

R: Los invitaría a orar al Señor con un corazón abierto y dócil, para que él les revele su voluntad y puedan desear seguirlo en lo que él quiera, diciendo: “Señor, dame la gracia de hacer tu voluntad, sea cual sea”.

También pueden hablar con su párroco si están considerando la vocación al sacerdocio. Él podrá ayudarlos y orientarlos en ese discernimiento.

P: Finalmente, ¿cuál es la mejor manera de que nuestros lectores apoyen la misión de Redemptoris Mater?

R: Ante todo, les agradecemos todo el apoyo que ya nos brindan de muchas maneras.

La mejor forma de apoyar a nuestro seminario es mediante la oración. Por favor, recen por nuestros seminaristas. Para más información u otras formas de apoyo, pueden visitar nuestro sitio web: redemptorismaterdenver.org.

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