A sus apenas 23 años, Juliana ha vivido más desafíos de los que muchas personas enfrentan en toda una vida. Su camino ha estado marcado por el sufrimiento y la resiliencia y por una fe creciente en que Dios aún no ha terminado de escribir su historia.
“Nunca había estado en un refugio y llegué a Marisol Homes después de huir de un programa de trabajo con libertad condicional. Actualmente estoy a prueba, pero estoy comprometida a cambiar el rumbo de mi vida”, compartió Juliana.
Su camino no ha sido fácil. A los 15 años se convirtió en madre de una hermosa niña que hoy tiene 7 años. Perder la custodia cuando su hija tenía apenas dos años sigue siendo uno de los momentos más dolorosos de su vida. En ese tiempo, Juliana vivía en la calle y vendía drogas. Poco después, sobrevivió a un accidente automovilístico. Estas pérdidas la empujaron más profundamente a la adicción.
Juliana comenzó a consumir drogas a los 14 años, tras la separación de sus padres. Cuando se convirtió en madre, dejó las drogas porque quería ser mejor para su hija. Pero la pérdida de la custodia destrozó su sentido de propósito y volvió a caer en la adicción. Durante años, no creyó que fuera digna de sanación. No encontraba la motivación para luchar por una vida mejor porque sentía que no la merecía.
Todo cambió cuando supo que estaba embarazada nuevamente, esta vez de un niño. Algo despertó dentro de ella. Sintió que Dios le estaba dando otra oportunidad de ser madre y de reconstruir su vida con esperanza.
Llegar a Marisol Homes, un ministerio de Caridades Católicas que apoya a mujeres embarazadas y madres con niños pequeños, marcó un antes y un después. Ella llama el 7 de agosto su “fecha de estabilidad”, el día en que comenzó a encontrar nuevamente el equilibrio, la paz y la fe, por primera vez desde que tenía 14 años.
A través del acompañamiento personalizado y de las clases que recibe, Juliana está adquiriendo las herramientas, la estructura y el ánimo que necesita para reconstruir su vida. Ve esta etapa como su segunda oportunidad de convertirse en la madre que sus hijos merecen. Cada decisión que toma ahora es por su bebé y porque, por primera vez, cree de verdad que es digna de un nuevo comienzo.
En Marisol Homes ha encontrado un espacio para sanar y para creer en su futuro. Finalmente confía en que, con la ayuda de Dios, puede llegar a ser la mujer que él la creó para ser.
Su hija fue adoptada el año pasado por una familia amorosa, y Juliana dio a luz a su hijo Nicolás a mediados de diciembre.

