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¿Cargas con el peso del mundo? Buddy, el duende, tiene una lección para ti esta Navidad

En un mundo cansado, su alegría sin complejos revela la esperanza audaz que la Navidad nos pide.

Quienes me conocen saben que estoy obsesionado con la película El duende (Elf). De tal manera, que pudiera citarla completita.

Es raro admitirlo por escrito, en una revista católica, lo sé, pero sígueme.

Más allá de lo increíblemente chistosa que siempre me ha parecido la película, y de la magia de Nueva York en Navidad, hay algo más profundo que siempre ha llamado mi atención: la total desfachatez de la alegría de Buddy el duende. El humano criado por duendes sirve como un ejemplo extraño pero poderoso para esta humano criada por humanos.

Ya sea cuando escucha que Santa está por llegar y grita de emoción, o cuando conoce a su papá por primera vez, Buddy el duende no tiene complejos, aunque un poco exagerado, con su alegría.

Nada puede contenerla: ni las miradas juzgonas de otros; ni una corrección brusca de Walter, su papá gruñón con aires de Grinch; ni la mordacidad de un hermano adolescente; ni un trineo descompuesto; ni siquiera… los guardabosques de Central Park.

Y esa alegría es contagiosa. Incluso su papá cascarrabias no puede evitar que su corazón sea transformado por el ejemplo alegre de su hijo duende, perdido por tantos años.

Pero, hermanos y hermanas, aquí hay algo mayor que Buddy el duende.

Tiempos poco navideños

No es ningún secreto que vivimos tiempos pesados, en un mundo roto: guerra, hambre, dificultades económicas, muerte, enfermedad, adicciones, falta de vivienda, criminalidad, odio, división, polarización… la lista sigue y sigue.

El mundo de hoy sufre. Y ese sufrimiento parece solo crecer, hacerse peor, volverse más aterrador.

Todo se siente oscuro, tenso. Incluso podría parecernos que el espíritu navideño va en declive y que no hay nada que hacer.

Si tan solo tuviéramos el Kringle 300, el motor especial del trineo de santa en Elf, para salvar la distancia.

Si tan solo pudiéramos leer la lista de santa en la televisión.

Si tan solo “cantar fuerte para que todos te oigan” lo arreglara todo.

Esperanza alegre de la Navidad

Hermanos y hermanas, nosotros, católicos cristianos, tenemos una respuesta definitiva al sufrimiento del mundo, algo mayor que un motor de 500 renos, la lista de santa o un villancico.

Tenemos un motivo para la alegre esperanza: Jesucristo, la Luz del Mundo, nuestro Salvador, nace para nosotros. Entra en el desorden del mundo, asume el dolor de nuestra condición humana caída y nos redime.

Hermanos y hermanas, ¿de verdad lo creemos? ¿Apreciamos lo que implica que Jesús venga a nuestras vidas?

Desde la Natividad, todo cambia. La oscuridad queda derrotada; el pecado, vencido; la muerte, sin poder. El sufrimiento tiene sentido; el Cielo se abre; y ya no estamos solos. El nacimiento de Jesús lo cambia todo, y nos da un motivo para una esperanza profunda y una alegría inconmovible, incluso en medio de un gran sufrimiento.

Vivir en una tensión gozosa

Incluso en tiempos de la Sagrada Familia, la Navidad ocurrió en medio de una gran oscuridad. Poco después del nacimiento de Jesús, el rey Herodes mandó matar a niños que podían haber sido el Rey de los judíos anunciado por los profetas. Jesús, María y José huyeron para evitar esa violencia y terminaron en el exilio.

Esta Navidad podría parecernos más oscura que nunca, de algún modo más intensa que otros tiempos. Pero la luz, la alegría y la esperanza de la Navidad siempre han coexistido con la oscuridad, el dolor y el sufrimiento del mundo.

Aún no estamos en nuestra patria celestial, y vivimos un sufrimiento grande y serio. Cuando nos toca directamente, puede resultar casi abrumador.

Pero, incluso en medio de las tormentas de la vida esta Navidad, podemos encontrar alegría en el Niño Dios. Sabemos que Jesús lo ha vencido todo, que la guerra ya está ganada, que su Natividad le da un nuevo sentido a todo.

Ambas realidades pueden ser verdaderas: vivimos en un mundo caído, y aun así tenemos un gran motivo para la esperanza, para la alegría.

Una Navidad alegremente contracultural

¿Qué pasaría si esta Navidad tomáramos una lección de Buddy el duende y viviéramos una alegría contracultural, aunque un poco exagerada? Una alegría que no se basa en santa, ni en los cuatro grupos de alimentos de los duendes, ni en sus pasatiempos, sino en la realidad transformadora de la Natividad de Jesús.

¿Qué pasaría si, en esta temporada navideña, eligiéramos buscar la alegría que solo el Niño Dios puede darnos?

En lugar de decir “no” y aislarnos por el estrés, ¿y si nos entregamos de lleno?

En vez de sentir la presión de la culpa católica en esta temporada, ¿estás rezando tanto como compras?, ¿qué tal si entramos al ajetreo navideño con una alegría aún mayor que la de Buddy el duende, una alegría enraizada en la convicción de que la venida de Cristo importa?

¡Jesús nos ha salvado! ¡Cómete esa galleta navideña extra!

¡Jesús nos ha redimido! ¡Cuelga esa serie extra de luces!

¡Jesús ha nacido! ¡Ve a esa posada, concierto o fiesta navideña más!

Hermanos y hermanas, este es uno de los acontecimientos más grandes de la historia humana. Este es el momento que ángeles y santos, patriarcas y profetas, esperaron conteniendo el aliento. Este es el momento prometido desde el principio, apenas después de la caída de Adán y Eva (véase Génesis 3, 15).

Nuestro Salvador ha venido

Ahora, que quede claro: sin duda debemos darnos tiempo para prepararnos espiritualmente para un evento tan milagroso. Es bueno detenernos a alabar al Señor por nuestra salvación. Es santo reflexionar sobre nuestra redención.

Pero esta Navidad, nuestra alegría centrada en Cristo puede convertirse en nuestra oración. Nuestra alegría desbordante ante la venida de nuestro Salvador puede ser nuestro testimonio contracultural.

Entonces, cuando nuestros vecinos, amigos o familiares nos miren de reojo y pregunten: “¿Qué te pasa?”, o comenten con ironía: “O sea, sí eres súper cristiana, ¿verdad?”, podremos compartir la causa de nuestra esperanza, el motivo de nuestra alegría (véase 1 Pedro 3, 15).

Esta Navidad, quizá la mejor manera de transmitir un gozo real y duradero sea, en serio, cantar fuerte para que todos nos oigan, porque aquí hay algo mayor que Buddy el duende.

 

André Escaleira, Jr.
André Escaleira, Jr.
André Escaleira es el editor de Denver Catholic y El Pueblo Católico. Nacido en Connecticut, André se mudó a Denver en 2018 para servir como misionero con Christ in the City, donde servió por dos años.
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