Cuando el diácono Mark Leonard y su esposa, Joanna, empacaron su casa en Nuevo México para mudarse a Denver, lo hicieron por una razón conocida: la familia. Su hija, su esposo y sus nietos se habían establecido aquí, y los Leonard querían estar cerca.
Pero, como suele hacer Dios, tenía algo más preparado.
Lo que comenzó como una mudanza para estar cerca de sus seres queridos se convirtió en un nuevo llamado: el diácono Mark se ha incorporado a la Arquidiócesis de Denver como nuevo subdirector de diáconos, trabajando junto al diácono Ernie Martínez, director arquidiocesano de diáconos. Juntos acompañarán y apoyarán a más de 240 diáconos que sirven al pueblo del norte de Colorado en parroquias, ministerios y obras de caridad.
Es un papel que el diácono Mark nunca imaginó cuando escuchó por primera vez el suave llamado del Señor hace años, pero que hoy siente como una extensión natural del camino que ha recorrido desde entonces.
De Boston a las rocosas
El originario de Boston bromea diciendo que perdió el acento, pero no su lealtad a Nueva Inglaterra. A pesar de haber vivido años al oeste del Misisipi, sigue siendo “un fanático rabioso de los Red Sox”.
Después de la universidad y de obtener su maestría, se estableció en la zona central de Nuevo México, donde conoció a Joanna y comenzaron a formar su familia. Luterano de toda la vida, con el tiempo se sintió atraído por la Iglesia católica, conmovido por su belleza y profundidad. Tras algunos años de discernimiento y formación, fue ordenado diácono en el 2011 en la Arquidiócesis de Santa Fe, Nuevo México.
Durante más de una década, el diácono Mark sirvió en parroquias pequeñas y rurales, ese tipo de comunidades donde la fe y la vida cotidiana se entrelazan de manera natural.
Después de retirarse de su carrera profesional como ingeniero investigador, abrazó el ministerio a tiempo completo. Los lazos familiares motivaron la mudanza a Denver, pero, por providencia, Denver se convertiría también en el siguiente capítulo de su ministerio.
Fue incardinado en la Arquidiócesis de Denver hace unos años, uniéndose oficialmente a su comunidad de diáconos.
Servir a quienes sirven
Ahora, como subdirector de diáconos, la misión del diácono Mark se ha ampliado de una sola parroquia a toda la arquidiócesis. Su tarea es caminar junto a quienes, como él, han respondido al llamado a servir.
“Ahora, como subdirector de diáconos, mi enfoque se estrecha un poco, pero al mismo tiempo se amplía mucho”, dijo. “Aunque mi ‘comunidad’ ahora es más pequeña —240 diáconos—, estos hombres de Dios sirven al pueblo de toda la arquidiócesis en parroquias grandes y pequeñas, y trabajan en apostolados que abarcan toda necesidad de caridad imaginable”.
En esta nueva etapa, él y el diácono Ernie colaboran para fortalecer el diaconado por medio de la formación, la fraternidad y el acompañamiento pastoral.
“Por ahora, mi objetivo es familiarizarme con toda la comunidad de diáconos, el trabajo que realizan y determinar cómo puedo ayudarlos mejor en su oración y su labor”, explicó. “También estoy ayudando al diácono Ernie a desarrollar varios proyectos nuevos que están en marcha”.
El don de la vida diaconal
Para el diácono Mark, el diaconado siempre ha sido cuestión de presencia: estar ahí en las alegrías y luchas de la vida cotidiana, tanto en el hogar como en la parroquia. Ese doble llamado, cree él, es lo que hace tan poderosa la misión de un diácono.
“Uno de los privilegios únicos de la vida de un diácono es la posibilidad de servir tanto en la vida familiar, con todo lo que implica, como de ser un compañero ordenado del sacerdocio ministerial de la Iglesia”, dijo. “Esta mezcla inusual de vocaciones nos permite ser testigos para todo esposo y padre de familia que lucha en su propio camino a la santidad. Nuestras propias luchas para seguir fielmente a Jesús en casa y en nuestro ministerio diaconal pueden ser un ejemplo alentador para otros”.
Es un ministerio arraigado en el servicio humilde, que refleja el corazón de Cristo servidor. Y al iniciar su nuevo papel, el diácono Mark pide algo sencillo pero profundo a los fieles: oración.
“Recen por el diácono de su parroquia y por todos los que sirven a la Iglesia de otras maneras”, exhortó. “En numerosas ocasiones, Jesús nos invita a ser persistentes en la oración. Sean persistentes en orar por nuestra comunidad de diáconos”.

