Por Grant Whitty
Mientras los fieles se acomodaban en las bancas antes de la Misa en el último domingo del 2025, un seminarista aguardaba al fondo de la catedral, bajo el dosel rojo y amarillo del ombrellino de la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción.
“Estoy seguro de que todos conocen el simbolismo del ombrellino y la campana, formalmente llamada tintinábulo, presentes en la celebración de hoy. Si no lo saben, no se preocupen, yo tampoco lo sabía. Tuve que preguntarle a alguien”, dijo el obispo Jorge Rodríguez con tono jovial al iniciar su homilía en la fiesta de la Sagrada Familia.
Aunque la liturgia del domingo celebraba una gran fiesta y se encontraba dentro de la Octava de Navidad, ninguna de estas circunstancias explicaba por sí sola el uso del ombrellino y el tintinábulo en la procesión.
Antes de su fallecimiento, el papa Francisco había designado 2025 como el Jubileo de la Esperanza. Con el año 2025 llegando a sus últimos días, Roma invitó a las diócesis de todo el mundo a celebrar una Misa especial para clausurar formalmente el Jubileo de la Esperanza.
En ese contexto, explicó el obispo Jorge, estos dos signos litúrgicos destacaron no solo la ocasión especial, sino también la conexión particular de la Catedral Basílica con Roma.
“A menudo, los templos reciben el título de basílica después de la visita del santo padre. En nuestro caso, el papa san Juan Pablo II visitó nuestra catedral durante la Jornada Mundial de la Juventud de 1993”, señaló el obispo. “El ombrellino y la campana son los símbolos propios de una basílica y, cuando tenemos una celebración papal como la de hoy, al cierre del Jubileo, su presencia expresa nuestra comunión con el papado, con el papa”.
Aunque el Jubileo concluye esta semana en las diócesis de todo el mundo, las basílicas mayores de Roma no lo cerrarán hasta la fiesta de la Epifanía, el 6 de enero de 2026.
Un año antes, el obispo Jorge había celebrado la apertura del Jubileo de la Esperanza el 29 de diciembre del 2024. La jornada comenzó con una procesión desde el cercano salón de los Caballeros de Colón y concluyó en la catedral con la celebración de la santa Misa.
“La procesión fue un símbolo muy poderoso”, recordó. “Representó la peregrinación que, como iglesia católica universal, emprendíamos juntos. Una peregrinación hacia el corazón misericordioso de Cristo, en quien encontramos nuestra esperanza. También fue una invitación a compartir esa esperanza con nuestros hermanos y hermanas a lo largo del camino, especialmente con los pobres y necesitados”.
A continuación, subrayó algunos de los elementos clave de este año jubilar, en particular el camino hacia la virtud teologal de la esperanza a través de la misericordia. Habló de la esperanza y la gracia que brotan del encuentro con la misericordia de Cristo en el sacramento de la reconciliación y de la participación en las indulgencias establecidas por la Iglesia para el Año Jubilar.
Mientras las Puertas Santas se preparan para cerrarse, las peregrinaciones llegan a su fin y la Iglesia entra nuevamente en un tiempo más ordinario, el obispo Jorge invitó a contemplar a la Sagrada Familia.
“Imaginen a Jesús, María y José compartiendo sus comidas. Trabajaban, reían y oraban juntos. Incluso en las cosas más sencillas y cotidianas de la vida familiar, vivían en la presencia de Dios. Nosotros también debemos vivir así, aun en los momentos aparentemente insignificantes, sabiendo que siempre estamos en la presencia de Dios. Él nos acompaña en todas las alegrías y dolores de nuestra vida”, expresó.
El obispo Jorge concluyó su homilía recordando a otra familia santa, los santos Luis y Celia Martin, como ejemplo más cercano en el tiempo de santidad vivida en familia.
“Luis y Celia Martin son el primer matrimonio canonizado del que tenemos conocimiento, y además criaron a una hija que también fue canonizada, santa Teresa del Niño Jesús”, explicó. “Son un gran ejemplo de nuestro llamado a la santidad. Vivieron el servicio cristiano en la familia, creando día tras día un ambiente de fe y amor”.
Inspirándose en su testimonio y en el de la Sagrada Familia, el obispo animó a los presentes a seguir intercediendo por las familias.
“Oremos por las familias”, concluyó, “para que cada una viva constantemente en la alegría de la presencia de Dios y lleve las gracias de este Año Jubilar al año que comienza”.
Aunque los jubileos ordinarios suelen celebrarse cada 25 años, la Iglesia celebrará el próximo Jubileo en aproximadamente siete años: el Jubileo de la Redención de 2033, que marcará el 2000 aniversario de la Pasión, Muerte y Resurrección salvíficas de Cristo. Como preparación para esa celebración central, el arzobispo de Denver, Samuel J. Aquila, encargó el icono arquidiocesano María al pie de la Cruz, presentado en marzo, e invitó a los fieles de toda la arquidiócesis a invocar su intercesión mediante una novena pública de varios años, tal como lo expresó en su carta pastoral Acompañando a María al pie de la Cruz.

