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domingo, enero 18, 2026
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Llamado a redescubrir la belleza de Dios en medio del ruido digital

Cómo acompañar a nuestros hijos a vivir con equilibrio en la era digital

Por Aby Garcia
Clínica católica St. Raphael Counseling

¿Alguna vez has sentido la presión de hacer algo a la perfección?

No es un sentimiento que disfrutemos, ya que, como seres humanos, es difícil navegar la ansiedad que genera la meta de ser perfectos. Esto es exactamente lo que nuestros hijos sienten diariamente al perseguir la perfección que perciben a través de las redes sociales. Y aunque el uso descontrolado de los teléfonos móviles es un gran problema para todas las edades, como adultos tenemos la capacidad de diferenciar entre lo que es real y lo que no lo es. Pero para jóvenes, que aún están en pleno desarrollo, esto no es tan fácil. Por eso es muy importante que, como padres, podamos guiar a nuestros hijos para que aprendan a manejar la ansiedad que generan las redes sociales.

El problema

Actualmente vivimos en una sociedad que nos ha robado algo sumamente importante para el desarrollo de los jóvenes: la realidad. Es mucho más común que los adolescentes se comuniquen a través de redes sociales que en persona. En consecuencia, aunque estén físicamente presentes, muchas veces están emocionalmente ausentes. Esto provoca pérdida de conexión familiar, un sentido de aislamiento, adicción a la tecnología, ansiedad, necesidad de perfección y falta de comprensión de quiénes son en realidad.

Desafortunadamente, el uso constante de teléfonos móviles y redes sociales alimenta en muchos jóvenes la búsqueda irreal de la perfección. Mientras intentan descubrir quiénes son y para qué los creó Dios, se enfrentan cada día a comparaciones constantes. No solo surge el deseo de parecerse a las personas que siguen, sino que también se instala la creencia de que no son suficientes tal como son. Las constantes dudas sobre su valor, su apariencia, su éxito o su inteligencia les impiden reconocer que han sido creados a imagen y semejanza de Dios. Esto debilita su autoestima y puede llevarlos a sentirse inseguros. Con una autoestima baja, se vuelve aún más difícil para ellos reconocer el valor que Dios les ha dado y el propósito que él tiene para sus vidas.

El uso descontrolado del teléfono móvil y de las redes sociales puede generar adicción, por la necesidad constante de estar conectados. Cuando no tienen acceso a sus dispositivos, muchos jóvenes experimentan ansiedad, ya que su sistema nervioso se ve alterado por esta desconexión. Es fácil caer en la idea de que siempre hay un video nuevo por ver, una foto reciente que alguien publicó, o una historia que necesita atención inmediata. Sin embargo, esto no es verdad. Es completamente posible estar presentes en nuestras responsabilidades y tareas diarias sin revisar el teléfono constantemente. Estas experiencias reales brindan a nuestros hijos la paz y conexión que tanto necesitan. Como padres, podemos acompañarlos en el establecimiento de límites saludables respecto al uso de los teléfonos móviles y redes sociales.

La solución: acompañamiento

Aunque el cerebro está en constante desarrollo, es durante la adolescencia cuando ocurre una etapa crítica de aceleración. Curiosamente, es también en esos años cuando muchos jóvenes comienzan a tener acceso a teléfonos móviles y redes sociales.

Por eso, es fundamental que nuestros jóvenes se sientan acompañados con cariño, y cuenten con límites claros y una orientación firme por parte de sus padres. Es importante comprender que orientar no es lo mismo que sobreproteger. Cuando sobreprotegemos a nuestros hijos, les impedimos desarrollar la capacidad de tomar decisiones por sí mismos. En cambio, al guiarlos con sabiduría y permitirles aprender a establecer límites saludables, les ayudamos no solo a manejar mejor la tecnología, sino también a crecer en otras áreas clave de su vida. Los jóvenes necesitan ver en sus padres un ejemplo claro de cómo utilizar el teléfono móvil y las redes sociales con responsabilidad y equilibrio.

A través de este acompañamiento, se fomenta una conexión familiar, lo que genera en los jóvenes un sentido de seguridad y pertenencia. Este vínculo les ayuda a sentirse amados y apoyados. Crear espacios familiares sin la presencia del teléfono es clave. Podemos fomentar momentos significativos como las cenas en familia, caminatas juntos, juegos compartidos o el apoyo a sus talentos en actividades como el deporte o la música. Estas experiencias nos permiten estar verdaderamente presentes y brindarles la atención que necesitan. Al mismo tiempo, ayudan a prevenir el aislamiento y fortalecen los lazos familiares. Lo más importante: nos dan la oportunidad de ser ejemplo, mostrando cómo establecer límites saludables y administrar el tiempo y las prioridades de manera productiva.

¿Sería posible admirar la creación de un artista sin detenernos a observarla? La respuesta es no. De la misma manera, no podemos contemplar ni admirar la creación de Dios si no nos damos el tiempo para hacerlo. El uso constante del teléfono móvil nos roba la oportunidad de apreciar la grandeza de Dios y todo lo que él nos regala. Como padres, estamos llamados a invitar a nuestros hijos a redescubrir ese asombro: detenerse a respirar, escuchar los sonidos de la naturaleza, contemplar los colores de cada estación, conversar con nuestros seres queridos y compartir tiempo de calidad en actividades que disfrutamos. Así como les enseñamos a utilizar otras herramientas a lo largo de su vida, también podemos guiarlos en el uso del teléfono móvil con límites saludables. Nunca es tarde para enseñar, ni para educar con el ejemplo.

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