PRÁCTICAS Y CULTURA FAMILIAR: Familia, sé lo que eres

Vladimir Mauricio-Perez

Este artículo es parte de una serie de artículos publicados en la última edición de la revisa de El Pueblo Católico. Para suscribirte y recibir la revista GRATIS, HAZ CLIC AQUÍ.

Una comunidad de vida y amor

Para vencer los obstáculos que con frecuencia impiden que la familia sea lo que está llamada a ser, es necesario poner a Cristo en medio de todas las áreas de la vida y construir una cultura en el hogar. Aquí encontrarás prácticas concretas que pueden ayudar a tu familia a vivir la belleza de su vocación, a ser el espacio de encuentro con Dios, el espacio donde se conoce y se revela el amor. Luego encontrarás una guía que te ayudará a hacer resoluciones para empezar el cambio necesario.

Espiritualidad familiar

Sin Cristo es imposible vivir en familia de la manera más plena. Él nos muestra el camino y nos da la gracia para enfocarnos en lo que verdaderamente vale la pena. Por eso estas prácticas son de mayor importancia.

ASISTIR A MISA LOS DOMINGOS

La misa es el alimento para la familia. Es como la boda de Caná: Cristo llega cuando se está acabando el vino, cuando hace falta renovar las relaciones en la familia. La misa debe ser la hora central de la semana, en la que entregamos a Dios todos nuestros trabajos y preocupaciones y recibimos el alimento para entregarnos y vivir una vida grande y plena. El ejemplo de los padres es muy importante, no pueden ir solo por obligación, pues los hijos los verán. Deben hacer el esfuerzo de poner su corazón y escuchar.

IR A CONFESIÓN EN FAMILIA

Los padres les pueden mostrar a sus hijos que la confesión no es algo que deben temer, sino que es el lugar donde saben que el perdón y el amor de Dios son algo verdadero, que tienen el poder para cambiar la vida y ayudarnos a empezar de nuevo. Ir a la iglesia a confesarse una vez al mes o cada dos meses es una práctica muy valiosa, especialmente cuando las cosas se ponen tensas en el hogar. Después de la confesión, incluso pueden celebrar como familia un nuevo comienzo, saliendo a comer o compartiendo un helado.

ORAR EN FAMILIA

Esta práctica es clave. Como dice el dicho: “La familia que ora unida, permanece unida”. Orar juntos les permite a los hijos aprender a tener una relación con Dios y a la vez expresar sus preocupaciones. La oración se puede hacer antes de que todos se vayan a dormir cada noche o al menos una vez a la semana. También se debe procurar rezar antes de las comidas o dar la bendición a los hijos antes de ir a la escuela.

 

Tiempo en familia

JUGAR Y PASAR TIEMPO CON LOS HIJOS

Los hijos comienzan a aprender sobre el amor no cuando van a la escuela, sino cuando los padres se los demuestran con acciones y palabras. Un ejemplo es haciendo cosas que a os hijos les gusta: jugar con los juguetes, practicar algún deporte, ir al parque, dibujar, leer un cuento, ver una película, etc. Los fines de semana son muy importantes para llevar esto a cabo, pero también las tardes después del trabajo son de suma importancia.

COMER JUNTOS (SIN TELÉFONOS)

Intentar compartir los alimentos juntos al menos una vez al día ayudará a la familia a aprender a comunicarse mejor. Entre semana, puede ser la cena y los fines de semana incluso más de una vez. Pero al comer en familia es importante dejar los teléfonos celulares al lado. Aunque les cueste un poco a los hijos, los padres deben de implementar la práctica de recoger todos los celulares y dejarlos en un cesto o en otro lugar para que no causen distracción.

APARTARSE UN POCO DE LA TECNOLOGÍA

Limitar el uso de la tecnología de los hijos les ayudará a usar su creatividad para divertirse. Se ha comprobado que los niños que a diario pasan tiempo frente a una pantalla son más propensos a tener problemas de autocontrol, falta de creatividad e incluso a tener ansiedad y depresión. Por eso, los padres no deben tener miedo a que los niños se aburran: así aprenderán a ser creativos para divertirse. Si es necesario se debe desconectar la caja del internet. También es importante invertir en un filtro de seguridad para proteger a los hijos y al esposo o esposa del daño que causa la pornografía. No debemos ser ingenuos creyendo que nuestros hijos o pareja no están expuestos a este mal. Además de ser altamente adictiva, la pornografía enseña una imagen errónea de la sexualidad, en el que el centro no es la entrega en el amor sino el uso del otro como objeto de placer.

BUSCAR AYUDA PROFESIONAL

Si la familia está teniendo problemas graves de comunicación, no debe tener miedo a buscar ayuda profesional. Otra persona puede ayudarles a trabajar en su matrimonio o relación con sus hijos poco a poco. Lo importante es nunca perder la fe y la esperanza, aun cuando los problemas parecen no tener solución. Entre muchos servicios se encuentran las psicoterapeutas que colaboraron en esta edición: Dra. Yolanda Barrera y Lissa Jiménez y también St. Raphael Counseling 720.377.1359.

 

Matrimonio

PASAR TIEMPO COMO PAREJA

Si el matrimonio no está bien, tampoco los hijos lo estarán. Por eso es importante que las responsabilidades del día a día no destruyan el matrimonio. Los esposos no pueden estar junto solo por los hijos. Tienen que estar juntos primero el uno por el otro. Por eso, es importante que busquen una hora o dos entre semana para hacer algo que fortalezca su matrimonio y que les guste: salir a cenar solos, caminar, hablar, etc. Esto fortalecerá a toda la familia.

ORAR JUNTOS

Además de la oración en familia, los esposos deben buscar ocasiones para rezar por cada uno de sus hijos. Esto puede ser a través de un rosario semanal o mensual o de una oración de petición y acción de gracias por la mañana o por la noche.

 

Comunidad

“Algunas herramientas prácticas para trabajar en [los desafíos familiares] son: integrarse a una comunidad cristiana de una forma activa y dinámica y fortalecer la fe atreves de catequesis y crecimientos”. LISSA JIMÉNEZ Terapeuta matrimonial y familiar.

UNIRSE A UNA COMUNIDAD

La familia no puede estar sola, no es una isla. Necesita de otras familias que compartan su fe para que le ayuden a volver al camino de plenitud si se desvía. Una familia solitaria fácilmente pierde su fe y se deja llevar por la corriente de los problemas cotidianos. Por eso es importante pertenecer a un grupo donde pueda crecer. Esto ayudará a los padres a predicar con el ejemplo, sin el cual no podrán trasmitir la fe a sus hijos. Este punto también es de suma importancia para las personas que son padres solteros. Elijan un movimiento o ministerio de su parroquia que creen que podría ayudarle a su familia. También en la página 32 podrán encontrar movimientos y ministerios en la arquidiócesis con información.

FORMARSE EN LA FE

El católico que no conoce su fe nunca sabrá para qué fue creado y cuál es su misión en la vida, y mucho menos podrá dar el regalo de la fe a sus hijos. A veces la excusa de los padres es que no saben rezar. Por eso buscar oportunidades para crecer en la fe es muy importante. Como aseguró la psicoterapeuta Lissa Jiménez: “¡En Dios y sus enseñanzas se encuentra la clave para mantener individuos, matrimonios y familias saludables!”. En la página de actividades (p. 30) encontrarán retiros y eventos que les pueden ayudar. También en el directorio de movimientos y ministerios encontrarán comunidades que les ayudarán a crecer en la fe.

SERVIR EN FAMILIA

Es importante que los hijos y los padres practiquen la caridad. Esto se puede hacer muchas veces en familia o como pareja. Formar parte de una misma misión ayuda a todos los miembros de la familia a poner a Dios en el centro. Esto puede tomar la forma de las obras corporales de misericordia: ayudando o visitando a los más necesitados, o a través del servicio en la liturgia o en alguna actividad apostólica.

HACER DE LA HABITACIÓN UN LUGAR SAGRADO

La habitación de los esposos es un lugar santo. Ahí descansan juntos, es el lugar de intimidad donde expresan su amor, donde se genera un hijo, donde rezan juntos. Por eso una práctica que podría ayudar a fortalecer el matrimonio sería hacerlo un lugar libre de pantallas: no televisión, no celulares, no computadoras, etc. El celular y la distracción son responsables de muchos divorcios.

 

Personal

ORAR SIEMPRE

Sí es posible estar siempre en oración. Esto no significa que en cada momento estemos pensando en Dios, sino que todas nuestras acciones se las ofrezcamos a él. Cada vez que nos acordemos podemos hacer oraciones pequeñas: “Señor, dame un corazón como el tuyo”, “Señor Jesús, ten piedad de mí que soy pecador”.

HACER EXAMEN DE CONCIENCIA

Esta práctica cristiana antigua puede ayudar a cada persona a ver su día desde los ojos de Dios y buscar ser mejor en su relación con él, con la familia y con las demás personas que lo rodean. Consiste en tomarse unos minutos al final del día para recordar el paso de Dios por nuestra vida y nuestra respuesta a ese paso, haya sido en un momento de alegría, impaciencia, sufrimiento, etc. A veces no vemos a Dios en nuestro esposo o esposa o hijos cuando nos enfadamos. El examen debe terminar con una acción de gracias, perdón a Dios por las faltas y una pequeña resolución para ser mejor el próximo día.

RECONOCER FALTAS Y PEDIR PERDÓN

No es nada fácil reconocer que uno se ha equivocado y mucho menos pedir perdón. Pero una de las cosas más valiosas que los esposos pueden hacer es nunca irse a dormir enojados. Por eso es de suma importancia que uno tome el primer paso y pida perdón por no haber sabido escuchar o por haber respondido de mala forma. Si no estás seguro cuáles son tus faltas, solo basta preguntar a tu familia en qué cosas puedes mejorar y ellos con gusto te dirán.

BUSCAR UN GUÍA ESPIRITUAL

Todos necesitamos acompañamiento en este camino de santidad, aun a nivel personal. La práctica de tener un guía o director espiritual ayuda a cultivar una relación más profunda con Cristo y cumplir la misión que nos ha sido encomendada. No es lo mismo que una sesión de psicoterapia o consejería, aunque sí toma en cuenta todos los aspectos de la vida para poder crecer. El guía espiritual puede ser un sacerdote, religioso, religiosa, diácono o un laico que haya recibido la preparación oficial adecuada.

Próximamente: Domingo de Ramos: Reflexión por Monseñor Jorge de los Santos

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