Arzobispo se pronuncia nuevamente, frente a los abusos cometidos en Pensilvania

Arzobispo Samuel J. Aquila

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Les escribo en este día con gran tristeza respecto a otro escándalo que ha sacudido a la Iglesia. Aunque muchos de los detalles en el informe del gran jurado en Pensilvania ya se habían comunicado, la publicación completa aún fue impactante y su contenido abrumador. Nos enfrentamos ante el hecho innegable de que la Iglesia ha pasado por un tiempo oscuro y lamentable, y aunque la mayor parte del informe se dirige a incidentes que ocurrieron hace más de veinte años, sabemos que el pecado tiene un impacto duradero y se debe hacer reparación.

Muchos niños han sufrido por causa de un comportamiento cruel del cual no eran responsables. Ofrezco mis disculpas por todas las formas en que la Iglesia, sus cardenales, obispos, presbíteros, diáconos o laicos han fallado en vivir el llamado de Jesús a la santidad. De manera especial les ofrezco esta disculpa a los sobrevivientes de los abusos del pasado y por aquellos que deliberadamente permitieron que el abuso ocurriera. También les ofrezco mis disculpas a los clérigos que han sido fieles y están desalentados por estos informes.

Todos tienen el derecho de experimentar los sentimientos naturales del duelo al reaccionar ante este trauma – conmoción, negación, ira, culpabilidad y depresión. Quiero que sepan que también yo siento estas emociones – especialmente la ira. Creo que la única forma de recuperarnos es retornando al plan que Dios tiene para la sexualidad humana. En respuesta a las revelaciones del arzobispo McCarrick, he escrito a fondo sobre la batalla espiritual que estamos enfrentando. La carta puede leerse también en español aquí: https://elpueblocatolico.org/arzobispo-aquila-escribe-a-una-carta-a-los-fieles-sobre-la-crisis-del-abuso-sexual-en-la-iglesia-en-ee-uu/

Les pido a todos que oren por la Iglesia en Pensilvania. Aunque estas diócesis se han desarrollado significativamente desde su descripción en el informe del gran jurado durante los últimos 20 años, la Iglesia debe enfrentar sus pecados pasados con gran paciencia, responsabilidad, arrepentimiento y conversión.

Para la Arquidiócesis de Denver sigue siendo una máxima prioridad la creación de un ambiente en el que los niños se sientan seguros de sufrir abusos. En nuestra arquidiócesis se requieren registros de “no antecedentes penales” y una capacitación en “ambiente seguro” para los sacerdotes, diáconos, empleados y todos los voluntarios que estén alrededor de niños. Durante este entrenamiento, a todos se les enseña su rol como delator obligatorio y qué pasos seguir en caso de que tengan sospechas de abuso sexual. También se requiere que niños y jóvenes reciban una instrucción en la que se les enseñen límites apropiados y para que le avisen a un adulto de confianza si se sienten incómodos. Participamos en auditorías independientes regulares de nuestras prácticas, y hemos estado conforme a las normas todos los años desde que comenzó la auditoría nacional en 2003.

Finalmente, aunque hemos llevado a cabo grandes avances para mejorar nuestra arquidiócesis, soy consciente de que en muchas personas permanecen las heridas de las transgresiones del pasado. Estamos comprometidos en ayudar a las víctimas de abuso y estamos dispuestos a reunirnos con cualquier persona que sienta que ha sido maltratada.

 

Invito a que todos oremos por la santidad, las virtudes y para que tengamos una relación más profunda con Jesucristo. Solo Él nos puede curar, perdonar y llevarnos al Padre. Estén seguros de mis oraciones por todos ustedes y de manera especial por las víctimas de cualquier tipo de abuso sexual cometido por cualquier persona.

 

Sinceramente suyo en Cristo,

Arzobispo Samuel Aquila

Próximamente: La dignidad humana en el libro del Génesis

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Este artículo fue publicado en la edición de la revisa de El Pueblo Católico titulada “EL GRAN RESCATE”. Para suscribirte y recibir la revista en casa, HAZ CLIC AQUÍ.

 

Por el diacono Pedro Reyes, Parroquia St. William, Ft. Lupton.

Todo ser humano tiene una dignidad que le fue otorgada por Dios. San Juan Pablo II en su teología del cuerpo nos dice lo siguiente:

“El hombre es creado sobre la tierra y al mismo tiempo que el mundo visible. Pero, a la vez, el Creador le ordena subyugar y dominar la tierra (cf. Gén 1, 28): está colocado, pues, por encima del mundo. Aunque  el hombre esté tan estrechamente unido al mundo visible, sin embargo la narración bíblica no habla de su semejanza con el resto de las criaturas, sino solamente con Dios”.

Lo que san Juan Pablo II nos está recordando es que el hombre no fue creado de la misma manera que los demás seres vivos. Esto, naturalmente, nos hace diferentes al resto de la creación. No podemos darle los mismos derechos a una mascota, como un perro o un gato, que a un ser humano. Es triste que hoy en día la dignidad del ser humano sea despreciada a tal grado que muchas personas le dan más amor y atenciones a las mascotas que a los propios familiares. Hoy en día hay algunas personas que tratan a los animales como seres humanos y a sus semejantes, que son seres humanos,] como animales.

San Juan Pablo II nos dice también esto:

“En el ciclo de los siete días de la creación es evidente una precisa gradualidad; el hombre en cambio no  es creado según una sucesión natural, sino que el Creador parece detenerse antes de llamarlo a la existencia, como si volviese a entrar en sí mismo para tomar una decisión: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza…’ (Gn 1,26)”.

Nuevamente, san Juan Pablo II nos recuerda la manera tan diferente en la que Dios creó al hombre. Y aquí nos recuerda la principal diferencia entre los seres humanos y el resto de la creación. El hombre, a diferencia de los demás seres vivos, fue creado a “imagen y semejanza” de Dios. O sea, el ser humano tiene una dignidad única e inigualable que le ha sido otorgada por Dios.

En todo lo que hemos visto, podemos darnos cuenta de lo siguiente: cuando el autor del libro del Génesis narra la creación de todo, al referirse al ser humano, especifica que lo creó y lo bendijo. Sin embargo, la creación del hombre se distingue de todo lo demás creado de tal manera que le da ese grado de dignidad superior al resto de la creación.

Esto se puede ver claramente porque antes de crear al ser humano, Dios es presentado como si estuviera deliberando sobre cómo lo creará, mostrando el acto de crear al hombre como un acto muy importante. Igualmente, la excepcional dignidad del ser humano se muestra en su totalidad por la ‘semejanza’ con Dios. Por lo tanto, todos los seres humanos, sin importar raza, color de piel, país de origen, etc., tenemos una dignidad específica que debe ser respetada por todos. Y esta dignidad viene por el hecho de haber sido creados “a imagen y semejanza de Dios”.

 

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