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martes, febrero 27, 2024
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Conoce a los nuevos diáconos transitorios de la arquidiócesis de Denver ordenados el 10 de febrero

El 10 de febrero, el arzobispo Samuel J. Aquila ordenó a dos hombres al diaconado transitorio en la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción. Ambos están estudiando en el seminario teológico St. John Vianney, preparándose para el sacerdocio.

A continuación, conocen los nuevos diáconos transitorios de la arquidiócesis de Denver y aprende más sobre sus caminos vocacionales.

José Delgado

¿De dónde eres? ¿Cómo fue tu niñez?

Nací y crecí en Greeley, Colorado, soy hijo de inmigrantes mexicanos. Crecí inmerso en la cultura mexicana. Viví en una granja en las afueras de la ciudad durante gran parte de mi infancia, así que pasaba los veranos ayudando a mi padre en la granja y trabajando afuera. Soy el mayor de 5, por lo que también crecí ayudando a cuidar a mis hermanos pequeños. Mi educación fue humilde, pero siempre tuve lo que necesitaba. Fui a una escuela pública toda mi vida en un pequeño pueblo agrícola al norte de Greeley en Eaton, Colorado.

¿Cuándo descubriste que el Señor te estaba llamando a ser sacerdote?

Comencé a descubrir mi todo al sacerdocio cuando estaba en la escuela preparatoria, mientras me preparaba para la confirmación. Mi familia tuvo una especie de reversión a la fe mientras yo estaba en la preparatoria, así que comencé a fomentar mi relación con el Señor durante este tiempo. A medida que estudiaba más sobre Jesús y la Iglesia, me sentí atraído por el sacerdocio, especialmente al aprender sobre san Juan Bosco. Asistí a Aun grupo de jóvenes y comencé a asistir a retiros de discernimiento con un amigo, y continuaba creciendo mi deseo de servir al Señor. Mientras cursaba la Universidad Estatal de Colorado, seguí participando en el ministerio universitario y asistiendo a retiros de discernimiento y hablando con mi sacerdote local y otros sacerdotes sobre la vocación. Seguí sintiéndome atraído por el seminario para discernir más de cerca mi vocación. Me gusta describir mi llamado como un Dios que puso este deseo en mí y lo hizo crecer continuamente en mi corazón a medida que continuaba creciendo como persona y comencé a servir más a través del ministerio universitario y en mi oración, sintiendo un llamado a servir al Señor sirviendo a su pueblo a través de los sacramentos.

¿Qué es lo que más esperas de ser sacerdote?

Espero servir a Dios sirviendo a su pueblo a través de los sacramentos, especialmente el de la Confesión. Quiero recibir a otros en la misericordia de Dios a través de este sacramento, y llevarlos a Cristo de manera concreta también a través del sacrificio de la misa. También espero encontrar personas y ayudarlas en su camino hacia el Señor.

¿Quiénes son algunos de los santos, mentores o figuras importantes que te han ayudado en tu vocación?

Algunos santos que me han ayudado en el camino son Nuestra Madre Santísima, especialmente bajo la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe. San José también ha sido fundamental en mi vocación. De la misma manera, san Juan Bosco también ha sido una gran inspiración para mí, no sólo como sacerdote, sino como hombre que deseaba encontrarse con la juventud problemática de su tiempo. San Juan Vianney también fue una gran inspiración para mí. Mi papá también ha sido un gran mentor para mí, enseñándome cómo ser un hombre y cristiano, junto con mi mamá, viendo su sacrificio y amor por nuestra familia. Mi sacerdote cuando era niño, el padre Stephen Siebert también fue un gran mentor ya que me inspiró en cómo vivía para su rebaño y me ayudó en el proceso de discernimiento desde el principio.

Diácono Blaise Buches

¿De dónde eres? ¿Cómo fue tu niñez?

Nací y crecí en Lakewood, Colorado, el cuarto de siete hijos. Mi niñez consistía en una vida familiar muy sólida, con misa diaria, un rosario diario, la cenas en familia, y muchas partes más de la vida cotidiana eran realizadas en familia. Tan pronto como recibí mi primera comunión, amaba servir en el altar y siempre quería “hacer lo que hace el Padre”. Mi familia asistía a la misa dominical en la catedral, donde servía como monaguillo o cantaba en el coro de niños. Luego nos mudamos a la parroquia Holy Ghost en Denver y hemos sido feligreses allí por más de 10 años. Obtuve mi educación en casa hasta la preparatoria, cuando me fui a California para estudiar en la preparatoria St. Michael, dirigida por los norbetinos en el condado de Orange. Después de graduarme de la preparatoria, entré al seminario, los primeros dos años en el seminario Kenrick-Glennon en St. Louis y luego regresé al seminario St. John Vianney en Denver para mi año espiritual y mis estudios filosóficos y teológicos.

¿Cuándo descubriste que el Señor te estaba llamando a ser sacerdote?

El deseo siempre ha estado presente de un modo u otro desde que tenía seis años, cuando empecé a servir como monaguillo, algunas veces más fuerte que en otros. Durante mi tercer año de la preparatoria, cuando consideraba las opciones universitarias que tenía, me di cuenta de que el seminario sería una opción verdadera. Durante mis últimos años de preparatoria, con la ayuda de mi director espiritual, discerní que el Señor me estaba llamando, me estaba acercando poco a poco para vivir como sacerdote. El momento definitivo fue cuando estaba inscribiéndome al seminario y recé una hora santa en la capilla de adoración en la parroquia Sts. Peter and Paul en Wheat Ridge; esta hora santa estuvo completamente llena de la paz del Señor.

A medida que continuaba mis estudios en el seminario aprendí a tomar como propias las hermosas líneas de los Cantares: “hallé al que ama mi alma; lo agarré y no quise soltarlo,”, y luego, “¿Qué clase de amado es tu amado? … todo él, deseable”. El Señor es por quien quiero dar mi vida: el Señor del cielo y tierra que se encarnó, sufrió, murió, se enterró, resucitó, y ascendió al cielo, Él que reina en la gloria y Él que trabaja en la iglesia que estableció hasta el día de hoy, Jesucristo.

¿Qué es lo que más esperas de ser sacerdote?

Más de todo, tengo muchas ganas de ofrecer los sacramentos, especialmente durante la celebración de la Santa Misa y el sacramento de la reconciliación. La Santa Misa ha sido el centro de mi vida y ha cautivado mi corazón por muchos años, especialmente en la riqueza del año litúrgico, con los varios cantos y el texto de oraciones de la misa. De la misma manera, en mi experiencia de la reconciliación y en la recepción del perdón divino, mi corazón se disparó de alegría. Además, en medio del abatimiento y la oscuridad del mundo, el confesionario permanece como un refugio para las almas, donde pueden aligerarse de sus cargas y recibir el abrazo del Padre, quien los ama tanto y totalmente los perdona de todos sus pecados.

Chesterton lo expresó bien cuando dijo “Deja que tu religión sea menos teoría y más historia de amor”. El sacerdocio como unión y con conformidad a Jesucristo ha sido exactamente eso para mí, y se hace realidad más y más profundamente a medida que me acerco a la ordenación. Esta ha sido mi experiencia en el seminario: enamorarme continuamente de Jesucristo y una transformación de corazón y mente. Como yo he experimentado el amor y la misericordia de Cristo, también deseo compartir lo mismo con los parroquianos de la arquidiócesis y con todos los que tengo la bendición de conocer. ¡Por favor, rueguen por mí y todos los sacerdotes!

¿Quiénes son algunos de los santos, mentores o figuras importantes que te han ayudado en tu vocación?

Esta es una pregunta difícil. ¡Hay tantos! Innumerables santos me han ayudado a crecer en mi vida espiritual y me han inflamado el corazón con amor por nuestro Señor a través de sus escritos, acercándome cada vez más a la Trinidad y a nuestra bienaventurada Madre. Si tuviera que elegir, diría que los santos más importantes (después de María) han sido los santos carmelitas (san Juan de la Cruz, santa Teresa de Ávila y santa Teresa de Lisieux), san Juan Vianney, san Bernardo de Claraval y beato Columba Marmion. Cada uno a su manera ha formado una parte de mi corazón y se ha convertido en un amigo muy especial y cercano.

También estoy profundamente agradecido con algunos de los sacerdotes más maravillosos que he conocido y con quienes he entablado amistad a lo largo de los años. Si bien hay muchos a quienes estoy agradecido, los dos que me han ayudado a formarme con su ejemplo y amistad de manera importante son el padre Samuel Morehead y el padre Daniel Barron, OMV. Estoy en deuda y agradecido más allá de las palabras con estos dos sacerdotes por su ejemplo de vida sacerdotal en todas sus dimensiones, su amor por nuestro Santísimo Señor y Nuestra Señora, y su amistad y ayuda a lo largo de mis años en el seminario.

Finalmente, una figura importante (aparte de san Juan Vianney) que ha tenido un gran impacto en mi comprensión y amor por el sacerdocio, en mi deseo de entregarme a la Iglesia como sacerdote y, en general, en mi vida de oración es Fulton Sheen, particularmente a través de su libro “El Sacerdote no se pertenece”.

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