En Cuaresma vayamos a lo esencial

Arzobispo Aquila

Cuando comenzamos la Cuaresma el pasado Miércoles de Ceniza, el Señor nos dijo: “Volved a mí de todo corazón, con ayuno, con llantos, con lamentos. Desgarrad vuestro corazón y no vuestros vestidos, volved a Yahveh vuestro Dios” (Joel 2: 12- 13).
Durante la Cuaresma nos esforzamos por unirnos a la experiencia de Jesús de vencer la tentación de Jesús en el desierto y de seguir la voluntad del Padre, para que podamos experimentar plenamente la alegría de la victoria en la Pascua. Las Escrituras y los Padres de la Iglesia recomiendan constantemente tres formas de penitencia que nos ayudan en este itinerario: oración, ayuno y limosna.

Pero antes que “rasgar nuestras vestiduras” debemos “rasgar nuestros corazones”. En la tradición judía, la gente se rasgaba las vestiduras – conocido también como keriah – cuando fallecía algún pariente cercano. Hoy, algunos judíos específicamente rasgan sus vestiduras sobre sus corazones cuando la persona que muere es uno de sus padres. Las Escrituras mencionan esta expresión en varias ocasiones, incluyendo a Jacob cuando le llega la noticia su hijo menor José muere (supuestamente) o el Rey David, quien se rasga las vestiduras cuando se entera de que Saúl ha fallecido.

Pero más importante que esta expresión externa de dolor está el regresar a Dios con todo nuestro corazón, arrancando de este todos nuestros apegos y deseos malsanos. En su reciente mensaje de Cuaresma el Papa Francisco ofrece algunas ideas sobre la manera como las personas pueden tener apegos desordenados hoy, los cuales se ven reflejados en el pasaje del evangelio de San Mateo, en el que Jesús advierte: “Y al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de la mayoría se enfriará”. (Mt. 24, 12).

El Santo Padre hace eco a la advertencia de Jesús de que habrá muchos falsos profetas que llevan a la gente por mal camino. Una clase de falsos profetas, que él llama “encantadores de serpientes”, son aquellos que “se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas… (hacia) un placer momentáneo”, como lo son los sueños de bienestar o la creencia de ser autosuficientes y que no necesitan la ayuda de los demás.

El Papa Francisco también nos alerta de los “charlatanes”, personas que ofrecen “soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles”. Sus trampas incluyen drogas, relaciones desechables y la tentación de dejarse cautivar por “una vida completamente virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después resultan dramáticamente sin sentido”.

Pero a pesar de estas trampas que pone el demonio y sus falsos profetas, Dios el Padre declara, a través del profeta Joel que Él es “clemente y compasivo, tardo a la cólera, rico en amor, y se ablanda ante la desgracia” (Joel 2: 13) La misericordia de Dios y su amor por nosotros puede transformar nuestros corazones, si estamos dispuestos a abrirlos a Él y ahondar en esta relación, especialmente a través de las prácticas cuaresmales como la oración, el ayuno y la limosna. Cuando esto viene con la oración, buscando tener una relación más estrecha con Dios, quiere decir que va más allá de nuestra primera inclinación, que es muchas veces la de enfocar la oración en nosotros mismos e incluso hacer alarde de nuestros logros. Debemos pedirle al Señor que, en cambio, nos ayude a conocerlo mejor, a experimentar una gran intimidad con cada persona de la trinidad. La gran doctora de la Iglesia, Santa Teresa de Ávila llama la “oración mental”.  “A mi parecer”, dijo ella  “(la oración mental) es estar muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”.

Si oramos de esta manera, nuestro ayuno y limosna fluirán naturalmente como actos de amor a Cristo en los demás, y serán más que un grupo de tareas o de requerimientos cuaresmales para cumplir. Así nuestros corazones serán rasgados y no solo nuestras vestiduras.

El ayuno es otra forma de estar más cerca de Dios. San Agustín observó esto cuando escribió: “El ayuno purifica el alma, eleva los sentidos, sujeta la carne al espíritu. Hace un corazón contrito y humilde y extingue el ardor de las pasiones”. Al negar nuestros apetitos y renunciar a nuestras distracciones, podemos escuchar más claramente la voz de Dios y ponernos a su servicio.

La limosna, la tercera práctica de Cuaresma nos hace conformar más nuestros corazones con el Sagrado Corazón de Jesús. El Papa Francisco lo señala en su mensaje de Cuaresma que la limosna: “nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío”.

Este enfoque, centrado en el otro, nos ayudará a acercarnos al corazón de Cristo, particularmente si seguimos el consejo de la Madre Teresa “No se trata de cuánto damos sino de cuánto amor ponemos en lo quedamos”.

Recordemos que Dios desea acercarse a cada uno de nosotros si buscamos rasgar nuestros corazones en esta Cuaresma en la que nos preparamos para la resurrección de Jesús en Pascua. Él está esperando que lo busquemos para que pueda derramar su misericordia, amor y bondad sobre nosotros.

Próximamente: ¿Por qué soy católico?: Por la Biblia

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La Biblia es más católica de lo que creemos. Muchas personas no saben que no fue la Iglesia la que nació de la Biblia, sino la Biblia la que nació de la Iglesia, nuestra Iglesia Católica.

¿Por qué soy católico?: Por Jesús

En las primeras décadas del cristianismo, el Nuevo Testamento no existía. Los discípulos predicaban por palabra lo que habían aprendido de Jesús. No fue hasta décadas después de la resurrección que lo escribieron.

En ese tiempo había muchos evangelios y cartas que aseguraban tener inspiración divina.

¿Por qué soy católico?: Porque es la Iglesia que Cristo quiso fundar

¿Cómo es que unos sí llegaron a considerarse “divinamente inspirados” y se incluyeron en el Nuevo Testamento y otros no? ¿Quién decidió cuáles eran verdaderos y cuáles no?

Fue la Iglesia Católica, con la inspiración del Espíritu Santo y la autoridad que Jesús le dio, la que decidió la lista de 27 libros que eran divinamente inspirados del Nuevo Testamento en el año 382 d. C., bajo el Papa Dámaso.

¿Por qué soy católico?: Por el perdón de los pecados

¿Cómo lo hicieron? Los obispos y teólogos de ese tiempo investigaron cuáles evangelios y cartas tenían origen apostólico y compararon su contendido con la Tradición que habían recibido de los discípulos por medio de la palabra. Asimismo, construyeron la lista de 46 libros divinamente inspirados del Antiguo Testamento.

Esta colección de 73 libros, que llamamos “Biblia”, no es solo una colección histórica, sino que contiene el mensaje que todo humano debe saber.

Si no lees la Biblia regularmente, te invitamos a que lo hagas. En ella encontrarás la historia de amor más bella de todos los tiempos. Es como una carta de amor que está dirigida a ti personalmente. Léela si quieres conocer a Jesús y podrás decir con san Pablo: “(Cristo) me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2,20).

¿Por qué soy católico?: Porque Jesús está verdaderamente presente en la Eucaristía

Sabías que…

Esta lista de 73 libros se consideró divinamente inspirada por todo cristiano por más de 1,100 años, hasta que Martín Lutero y sus seguidores se deshicieron de siete libros del Antiguo Testamento en la Reforma Protestante en el siglo XVI. Los católicos aún conservan los 73 libros.