Ignora la bondad de Dios bajo tu propio riesgo

Arzobispo Samuel J. Aquila

En estos tiempos de prueba, es fácil olvidar o pasar por alto las historias de fe, alegría y vida vibrante que forman parte de nuestra Iglesia. Los salmos nos recuerdan que es esencial “recordar las obras del Señor” y “recordar sus maravillas” – Salmo 77 (76), 12 – ya que no hacerlo puede llevar a la desesperación y al corazón endurecido. Para ayudarnos a todos a celebrar la bondad de Dios, me gustaría recordar algunos momentos en los que la he visto recientemente.

Cuando comenzó 2019, tuve el privilegio de ver y ser parte de una de las maravillas de Dios. Después de pasar varios días en un retiro con mis compañeros obispos en el seminario Mundelein, hice un viaje corto de Chicago a Indianápolis, donde la Fraternidad de Estudiantes de la Universidad Católica (FOCUS por sus siglas en inglés) organizó su conferencia semestral SEEK para estudiantes que desean encontrar a Jesús y buscar la verdad.

Es difícil describir la energía y el entusiasmo que los más de 17.000 estudiantes de 626 campus trajeron al evento, pero unos pocos momentos de la reunión pueden darte una idea de lo que fue esta experiencia.

El sábado por la noche, la gran sala de conferencias estaba llena de jóvenes que adoraban a Jesús en el Santísimo Sacramento y acudían a Él para sanarse en la Reconciliación. En las palabras de Amy Gasper, quien habló a The Criterion, “Puedes ver cuán hambrientas están las personas por el Señor. [Esto] hace que mi corazón salte de alegría”.

Tuve el privilegio de escuchar confesiones durante más de dos horas y ver la sanación que Jesús llevó a los jóvenes cuando escucharon las palabras de absolución pronunciadas sobre ellos. Experimentaron la misericordia y la ternura de Jesús dándoles la bienvenida a casa y la gran alegría en el cielo por un pecador arrepentido.

Durante la misa del domingo por la mañana, solemnidad de la Epifanía, animé a los jóvenes asistentes a que permitieran que la gracia de su relación con Cristo, la luz de Cristo en ellos superara las tinieblas que están experimentando el mundo y la Iglesia. Lo que dije en mi homilía se aplica a todos: “Jesús puede curar cualquier herida. Él puede restaurar cualquier desorden. Él puede llevar la luz a la oscuridad”. ¡Debemos poner nuestra fe, nuestra plena confianza en Jesús!

Unos días después, hablé desde los escalones del oeste del Capitolio de Colorado a una multitud de enérgicos y alegres partidarios de la vida, del norte de Colorado y de otros lugares que vinieron a defender a los no nacidos en la Marcha por la Vida. A pesar de la tormenta de nieve apenas un día antes, miles de personas aplaudieron el testimonio de la Familia McGarrity, que tiene ocho hijos, cuatro de ellos con síndrome de Down. La multitud aplaudió su generoso abrazo de la vida y se rio junto con los gritos emocionados de sus hijos.

Poco después, el centro de Denver fue testigo de [la participación de] médicos, enfermeras, mamás, papás, niños, una banda de mariachi, bailarines nativos americanos y muchos otros que marchaban por sus calles para apoyar públicamente la vida en cada etapa, desde la concepción hasta la muerte natural.

Luego, el viernes 18 de enero, el país fue testigo de lo que los organizadores llamaron la mayor provida en tiempos recientes, la Marcha por la Vida. En general, la mayoría de las personas que marcharon eran de parroquias católicas, escuelas, universidades y apostolados. La Marcha tuvo una fuerte presencia de jóvenes, una atmósfera palpable de amor, un sentido de unidad y esperanza.

El mensaje de esperanza también estuvo presente en las palabras de la audiencia general del Papa Francisco, el 16 de enero, en las que reflexionó sobre la Oración del Señor y el hecho de que el amor de Dios por nosotros no se ve afectado por nuestros pecados y defectos. “Dios te está buscando, incluso si no lo buscas”, le dijo a la multitud. “Dios te ama, aunque lo hayas olvidado. Dios ve una belleza en ti, incluso si piensas que has desperdiciado todos tus talentos innecesariamente”.

Necesitamos tener la mirada de Dios sobre nosotros mismos y la Iglesia, pidiéndole la gracia de ver y amar como Él lo hace. El Espíritu Santo está obrando en la Iglesia, trayendo sanación a los que están en la oscuridad y animando a las personas a hacer brillar la luz de Cristo en el mundo. Al maligno le gustaría que nos revolquemos en la desesperación y nos convenciéramos de que las cosas no tienen remedio. Pon tu esperanza en Jesús y acude a Él para que sane. ¡No te decepcionará, y entonces te convertirás en la luz del mundo!

Próximamente: Las 10 enfermedades del espíritu que afectan tu matrimonio

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No hay peor enfermedad para los matrimonios que las enfermedades del espíritu. Así lo asegura el Padre Ángel Espinoza de los Monteros, sacerdote especializado en temas de matrimonio y familia, quien ha ayudado a muchas parejas a salvar su matrimonio a través de sus conferencias de revitalización de matrimonios y vida familiar.

El padre Ángel, compartió las 10 enfermedades del espíritu que pueden debilitar la unión matrimonial, y al mismo tiempo nos invita a reflexionar con ello para así lograr dar al amor de pareja una dimensión espiritual.

Los ciegos: No quieren ver todo el mal que hacen con su forma de comportarse. No ven todo lo bueno que podrían hacer si cambiaran un poco su carácter. No se dan cuenta cómo tratan a los demás: su marido, su mujer, sus hijos o personas que los rodean. Los ciegos pueden ver lo que hay afuera pero no lo que hay adentro de sí mismos y es por eso que creen que están bien. Juzgan a los demás. No alcanzan la felicidad porque no ven todo lo que tienen.

Los sordos: No saben o no quieren escuchar. Un consejo para los hombres: Escuchen a su mujer. Cuando estén con ella tengan estas frases preparadas ¡No me digas!; ¿Qué más?; ¡Qué barbaridad! o pueden salir con otra frase mejor: … ¡No puede ser!

Y es que no vale la pena discutir. Ábrete a la posibilidad de que él o ella tengan la razón. Pierde todas las discusiones tontas y te ganarás el corazón de tu marido o tu mujer.

Los mudos: No se quieren comunicar. No hablan. Hablan de más, pero no de lo importante. Le hacen daño al matrimonio quienes no logran transmitir sus sentimientos. Dile a tu mujer o a tu marido: “¡Te quiero!, ¡te amo!, ¡te necesito!”. Otro consejo para los maridos: dile a tu mujer “¡qué guapa estas”, ¡aunque luego te confieses!

Déficit de atención: Concentrarse en todo menos en la familia. Ningún éxito profesional justifica fracasar en la familia.

Estar manco: No saber servir y no saber dar cariño. Jubilarse de la intimidad sin avisar. ¿Qué han hecho del cariño que se tenían antes de que se casaran?

Tetraplejia: Quisiera…pero nunca hacen nada. Hay que hablarse con respeto.

Depresión: A la que le pusimos el nombre bonito y llamamos “Depre”… pariente de la flojera. La vida es un ciclo, existen etapas…como las estaciones del año. Aprende a ver lo bueno de cada momento. Pide ayuda cuando necesites y estés pasando por un momento en el que creas que no puedes más.

Esclerosis múltiple: La dureza de trato, de palabra, de juicio.

El Alzheimer selectivo. Se nos olvidan los detalles. Se nos olvidan las cosas pequeñas. Se nos olvidan las promesas del matrimonio. Se nos olvida que estamos casados.

Esposa Zeta. Solo habla para amenazar o pedir dinero.

Según el padre Espinoza, ser fiel es el principio para cuidar el matrimonio. “Amar y hacer feliz a una persona es un proyecto de vida.

“Una cura para las enfermedades espirituales es el amor”, señaló el conferencista “y el médico es Jesús”. Recen unidos. Acérquense a Dios y háganse estas preguntas: ¿Te estoy haciendo feliz? ¿Qué más tengo que hacer para hacerte feliz? Y recuerden “vivir en amor… ¡El anillo es para siempre!”, concluyó el sacerdote.