¡Hasta siempre Juan Carlos Reyes!

Carmen Elena Villa

“Con gran tristeza anunciamos la muerte de Juan Carlos Reyes”, dijo el pasado 20 de marzo el arzobispo de Denver Samuel Aquila. “El fue una increíble bendición para la Arquidiócesis de Denver en los años pasados”, aseguró el prelado.

Como un hombre alegre, trabajador, comprometido con la evangelización, especialmente con los inmigrantes hispanos. Como un esposo enamorado y un padre comprometido con sus tres hijos. Así recuerdan sus compañeros y amigos al director de Centro San Juan Diego Juan Carlos Reyes, quien falleció el pasado 20 de marzo a los 33 años de edad, tras luchar los últimos dos meses contra una grave enfermedad.

El obispo auxiliar de Denver monseñor Jorge Rodríguez calificó a Juan Carlos como un joven millenial que rompe los lugares comunes del concepto que los mayores tienen de esta generación: “Fue un hombre joven comprometido con Dios, con su familia, con la sociedad y con la Iglesia”.

Juan Carlos nació en Michoacán, México el 28 de diciembre de 1985. Llegó cuando tenía 13 años a los Estados Unidos donde realizó sus estudios secundarios y luego su licenciatura en Ciencias Religiosas, gracias a un convenio realizado entre la Universidad Anáhuac en Ciudad de México y Centro San Juan Diego. También estudió en el Catholic Biblical School de la división de laicos del seminario Saint John Vianney de Denver y se encontraba estudiando una maestría virtual en innovación pastoral en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla UPAEP.

Un recorrido de fe

Foto provista. Juan Carlos Reyes en el año 2005. Fue un líder de la Pastoral Juvenil Hispana.

Durante su adolescencia se vinculó al grupo de jóvenes de la parroquia Saint Anthony of Padua en Denver y luego comenzó a asistir a Centro San Juan Diego donde realizó diferentes cursos y capacitaciones de agentes de pastoral. También fue líder del grupo juvenil de la parroquia Our Lady of Guadalupe de Denver.

Su hermano Jorge lo recuerda como “Un Santo entre nosotros. Su vida estuvo llena de alegría, de amor al prójimo, del amor de Dios. Le encantaba jugar con sus hijos y pasar tiempo de calidad con ellos. El dejó una huella de amor en cada uno de los que lo conocimos”.

Foto de Nissa LaPoint. Reyes junto con el arzobispo Samuel Aquila, durante la celebración de los 15 años de Centro San Juan Diego en octubre de 2018.

Su aporte al Centro San Juan Diego

Comenzó a trabajar en Centro San Juan Diego en el año 2012. En 2015 pasó a ser el encargado del departamento de Servicios Familiares y en marzo de 2018 fue nombrado director de esta entidad donde lideró importantes programas de atención a los inmigrantes y de formación de agentes de pastoral. Juan Carlos fue uno de los impulsores del convenio entre Centro San Juan Diego y la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla UPAEP en México, logrando así que muchos inmigrantes pudieran estudiar una carrera en español y con validez en los Estados Unidos.

“Conocerlo era, de manera inmediata reconocer a una persona con liderazgo , con alegría profunda y con mucha capacidad de enfoque”, dijo desde Puebla Ivonne Martínez, coordinadora de proyectos de virtualización de UPAEP. “Juan Carlos identificaba a cada estudiante.  Inmediatamente tú decías el nombre de un alumno, él sabía quién era y si estaba pasando alguna situación difícil o tuvo una historia complicada de inmigración, él lo ayudaba a salir adelante. Eso era movido por una profunda fe que veía al ser humano como un ser trascendente”, indica Ivonne.

Foto de Brandon Ortega. Tomada en agosto de 2018

“Hablar de Centro San Juan Diego en parte es hablar de mi vida. Yo no estuviera aquí sino fuera porque Centro San Juan Diego estuvo presente. Vi en CSJD una Iglesia activa que se acercó a mí”, dijo Juan Carlos en diálogo con El Pueblo Católico el pasado mes de octubre.

“En Centro San Juan Diego nos toca ver de primera fila la determinación, la perseverancia de nuestro pueblo hispano”, aseguró Reyes en un video que fue subido al sitio en Facebook de Centro San Juan Diego el pasado 16 de enero. “Padres que vienen a aprender inglés después de trabajar todo el día en la construcción o en el calor de la cocina. Madres que vienen a tomar el curso de GED para darle un buen ejemplo a sus hijos, emprendedores con los ojos llenos de esperanza porque quieren ser sus propios jefes”, destacó.

“El Centro San Juan Diego y él se habían identificado profundamente”, señaló el obispo Jorge Rodríguez. “Juan Carlos es un modelo de lo que los jóvenes hispanos pueden aportar a la sociedad americana: liderazgo, talento y pasión por cambiar las cosas para el bien de todos. Su trabajo por la defensa y promoción de la comunidad inmigrante, y por la educación y superación de los hispanos seguirán haciendo fructificar su vida entre nosotros”, indicó el Prelado.

Reyes también hizo parte de los encargados de la delegación de Denver para de V Encuentro Nacional de la Pastoral Hispana que se realizó en Grapevine, Texas, el pasado mes de septiembre.

Además de su trabajo en la Arquidiócesis Juan Carlos realizaba, junto con su hermano Jorge, un ministerio denominado Sangre y Agua en el que se comentan las lecturas de la misa del día por medio de videos en YouTube, los cuales logran, en muchas ocasiones, más de 100 mil visitas diarias desde diferentes lugares de Hispanoamérica.

Uno de sus amigos más cercanos fue Alfonso Lara, director hispano de evangelización de la Arquidiócesis de Denver: “Muchos fuimos testigos de cómo Juan Carlos creció y maduró como hombre, como cristiano, como católico como líder”, dijo. “Siempre nos atrajo su potencial, su ánimo, su entrega. Siempre admiré su juventud, su dedicación y amor por la gente. El salió de la comunidad hispana y fue a ellos a quienes sirvió y entregó su corazón”, comparte Lara.

Por su parte Luis Soto, antiguo director de Centro San Juan Diego y actual director de enlace hispano del Augustine Institute, lo conoció cuando tenía 15 años y lo recuerda como un joven “dinámico, divertido, con ideas y ganas de servir. Miembro de una familia en donde todos estaban comprometidos en su fe. Era inquieto y con hambre de aprender para servir mejor. Se inscribió a cuanto programa iniciamos”.

La enfermedad de Juan Carlos despertó una gran cadena de oración y solidaridad tanto en Denver como en su país natal, México. Al día siguiente de que muchos de sus compañeros de la Arquidiócesis de Denver culminaran una novena a San José por su salud o para que aceptara la voluntad, Juan Carlos falleció.

El arzobispo Aquila concluyó diciendo que Juan Carlos fue “un hijo amado que amó a nuestro Señor, su familia y su ministerio. Incluso en medio de su intenso sufrimiento en las pasadas semanas, fue un hombre de una fe profunda y permaneció como un dedicado discípulo de Jesucristo. Mantengámonos fuertes en las promesas de vida eterna y sigamos orando por el descanso de su alma y el consuelo de su familia”, dijo el Arzobispo.

Aquí los detalles del funeral de Juan Carlos Reyes
– Viernes 29 de marzo: 7:30 p.m. Velorio y rosario. Parroquia Saint Anthony of Padua, Denver.
– Sábado 30 de marzo. 12 p.m. Misa fúnebre. Parroquia Queen of Peace, traslado de sus restos al cementerio Mount Olivet. Tambien sera transmitido en directo https://archden.org/livestream/ ¡Descansa en paz!

@calenvilla

Próximamente: Por un “Halloween” católico y sin fundamentalismos

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Por el padre Ángel Pérez-López, PhD, STL

El padre Ángel Pérez-López es párroco de St. Cajetan en Denver y es profesor de filosofía y moral en el seminario St. John Vianney. Tiene un doctorado en filosofía y un posgrado en teología moral de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma.

Pregunta de nuestra lectora Aimeé L.: “El Pueblo Católico, ¿nos podrían decir qué dice la Iglesia Católica sobre el Halloween? Porque parece que mucha gente tiene malentendidos. Personalmente celebro, siendo católica… pero si estoy mal me gustaría saberlo”.

La palabra “Halloween” es una contracción de la expresión all hallows eve”, literalmente, “la víspera de todos los santos”. Se trata de una fiesta profundamente católica. Debemos redescubrirla. No caigamos ni en el fundamentalismo que se le opone sin reservas, ni tampoco en la trampa de la comercialización secularizante, que desviste esta fiesta de sus orígenes religiosos y la dota de un significado neopagano.

La cultura celta tenía una fiesta llamada Samhain, literalmente, “fin del verano”. Celebraba el final de las cosechas y el principio del invierno, cuando muchas personas morían a causa del frío. No obstante, Halloween tiene su origen católico hace más de mil trescientos años en la vigilia de la fiesta de todos los santos. Fue instituida por el papa Gregorio III cuando dedicó a todos los santos una capilla en la Basílica de San Pedro en el siglo octavo. Un siglo después, el papa Gregorio IV declaró la fiesta como día de obligación. Además, adoptó la tradición de los católicos germanos y cambió la fecha de mayo a noviembre. Así, la vigilia de esta fiesta pasó al último día de octubre, esto es, a la fecha de nuestro actual Halloween. Ninguno de estos Papas parece haber conocido el Samhain, que dejó de celebrarse antes de que la fiesta de todos los santos fuera instituida, cuando los pueblos célticos se convirtieron al catolicismo.

Coco y el recuerdo de los seres que ya partieron

Ahora bien, ¿es posible que algunos elementos de esta fiesta celta sobrevivan todavía hoy?¡Claro que sí!¡También sobrevivió el árbol de Navidad! Este árbol es una tradición de origen germánico que hemos adoptado en el catolicismo sin que sus paganos orígenes la hagan moralmente mala.

En los Estados Unidos, los puritanos prohibieron y se opusieron a Halloween radicalmente y sin reservas. En cambio, los emigrantes católicos, de origen alemán e irlandés, mantuvieron viva la tradición, pero fusionando algunos elementos de esta fiesta con la de los fieles difuntos. Así, hacían pasteles en Halloween y los niños iban de casa en casa “mendigando” estos pasteles a cambio de ofrecer oraciones por los seres queridos y fallecidos de los benefactores.

Históricamente, la actitud puritana y protestante en contra de Halloween se mezcló con sentimientos anticatólicos en el país. Solo la comercialización de la fiesta consiguió solventar esta tendencia persecutoria. Esta comercialización trajo consigo un fenómeno similar a lo ocurrido con la Navidad. En el caso de Halloween, implicó un olvido de Dios y de los santos como centro de la fiesta. A esta pérdida de sentido religioso, se le une la cantidad de películas de horror que fantasean e intentan dotarla de contenido neopagano, tétrico y ocultista.

Como católicos, no podemos caer en el error de los fundamentalistas y despreciar una tradición netamente católica, simplemente, porque su comercialización la ha vaciado de su verdadero contenido y la ha transformado en una posible ocasión para lo tétrico y oscuro del neopaganismo. No despreciamos la Navidad, sino que luchamos por mantener vivo su verdadero significado. Hagamos lo mismo con Halloween. No es la fiesta del demonio. No hace falta cristianizar, o cambiar de nombre, una fiesta que ya es católica de suyo. Por tanto, se puede celebrar Halloween teniendo presentes sus orígenes y evitando errores como la superstición, la brujería o la glorificación del mal.

Podemos tomar ocasión de esta fiesta para enseñar a nuestros hijos a celebrarla sin fundamentalismos y de una manera católica, al mismo tiempo que éstos se divierten, sin pecar y sin caer en el neopaganismo.

La superstición es un exceso y perversión de la religión (véase Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2110) del que tenemos que purificar la fiesta que venimos explicando. Por ejemplo, algunos emigrantes irlandeses dotaron a Halloween de un contenido supersticioso y contrario a la fe al fusionarla con una fiesta que ellos se inventaron: “el día de todos los condenados”. Temían que algo malo les ocurriría si no celebraban también a los condenados y estos se sentían excluidos. Un Halloween católico y sin fundamentalismos no puede caer en un error como este; y, como sabemos, nuestra comunidad hispana no es ajena al problema de la superstición. A veces, también caemos en este error “cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias” (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2111).

Un Halloween católico tampoco puede promocionar la brujería. No existe la magia buena y la magia mala. Toda magia atenta contra Dios, entraña una rebelión contra Él y un intento de suplantar su lugar: “todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo —aunque sea para procurar la salud—, son gravemente contrarias a la virtud de la religión” (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2117).

No a la lectura de cartas, espiritismo o supersticiones

Celebremos Halloween sin olvidarnos de Dios y de los santos. Los padres de los niños son los que tienen que tomar las decisiones concretas de cómo educar a sus hijos atendiendo a las circunstancias de su vecindario. No obstante, siempre y cuando se evite la ocasión de la superstición, la brujería o la glorificación del mal; que un niño se disfrace y pida caramelos, en mi opinión, no conlleva necesariamente, o de suyo, ningún mal moral. No caigamos en la superstición. No atribuyamos importancia mágica a una práctica legítima. Podemos tomar ocasión de esta fiesta para enseñar a nuestros hijos a celebrarla sin fundamentalismos y de una manera católica, al mismo tiempo que éstos se divierten, sin pecar y sin caer en el neopaganismo.

 

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