La Cuaresma es más de lo que crees

Carmen Elena Villa

Más que oraciones de memoria, más que dejar de comer carne los viernes, más que calmar la conciencia dándole de comer a algún indigente; la Cuaresma es, como dijo el Papa Francisco el Miércoles de Ceniza de 2018, una ocasión “para afinar los acordes disonantes de nuestra vida cristiana y recibir la siempre nueva, alegre y esperanzadora noticia de la Pascua del Señor”.

El ayuno, la oración y la limosna son más de lo que crees y por ello, ofrecemos algunas recomendaciones para vivir estar tres prácticas de modo que hagan de la Cuaresma, un tiempo en el cual el cristiano pueda “prestarle especial atención a todo aquello que pueda enfriar y oxidar nuestro corazón creyente”, como dijo el Papa.

 

¿Es posible orar en el siglo XXI?

Aunque los católicos estamos llamados a orar todo el año, la Cuaresma es un tiempo privilegiado para intensificar esta práctica y ganar en amistad con el Señor. El alma humana siempre estará sedienta de Dios por más que en el bullicioso mundo moderno existan mil estrategias para sofocar su voz.

Foto de Andrew Wright.

Es muy recomendable, en este tiempo, que nos focalicemos en oraciones como el rezo del Vía Crucis y contemplando cada una de las 14 estaciones (por ejemplo, durante los viernes de Cuaresma) o meditando en algunas lecturas que hacen énfasis en los sacrificios que hizo Cristo antes de su pasión, muerte y resurrección. Otro hábito es visitar el Santísimo Sacramento con frecuencia en una iglesia o capilla cercana. Es un espacio muy rico para dialogar con Jesús de tú a tú y hacer silencio para dejar que Él hable al corazón. Los fieles pueden buscar si su parroquia tiene horarios fijos de exposición al Santísimo o si hay alguna capilla de adoración perpetua.

Otra práctica recomendable es meditar sobre las lecturas de la misa. El evangelio dominical durante este tiempo hace un énfasis en la penitencia y en la vida eterna. Así los fieles escucharán los pasajes bíblicos de las tentaciones que Jesús sufrió cuando estuvo en el desierto ayunando 40 días, la Transfiguración ante los apóstoles en el monte Tabor, la parábola de la higuera sin fruto, la parábola del hijo pródigo, y el encuentro de Jesús con la mujer adúltera. Es muy recomendable, antes de la misa dominical, hacer una breve meditación sobre estas lecturas.

Si bien en este tiempo existen muchas distracciones para la oración y el recogimiento, también existen, como nunca antes, recursos que ofrece la tecnología para crecer en la vida de oración. Por ejemplo, la página http://evangeliodominical.org ofrece las lecturas y reflexiones sobre el evangelio del domingo. También algunas aplicaciones como IBreviary, en la que aparecen las oraciones y lecturas diarias, o Rezandovoy, la cual ofrece un audio en español de aproximadamente 12 minutos sobre las lecturas del día. Ideal para un viaje corto en auto o una caminata.

 

Ayuno y abstinencia no solo de comida 

La Iglesia Universal dispone que durante los viernes de Cuaresma los católicos mayores de 14 años nos abstengamos de comer carne los viernes, día en que se conmemora la muerte de Cristo. Con el mismo espíritu, el católico debe hacer ayuno también los días Miércoles de Ceniza y Viernes Santo. El ayuno consiste en comer solo una comida fuerte al día y las otras dos comidas, comer un pan acompañado con agua o una infusión. Estas prácticas no son un cambio de menú. Son, más bien, un pequeño sacrificio que nos permite ganar un poco más en la virtud de la templanza y ser más resistentes a los pecados de la carne. A unirnos como hermanos en Cristo y recordar en este tiempo litúrgico los muchos sacrificios y mortificaciones que padeció Jesús los 40 días que estuvo en el desierto.

Foto de Unsplash

Para muchos, abstenerse de comer carne los viernes de Cuaresma puede no significar ningún sacrificio, pues simplemente la reemplazan por un pescado bien condimentado o una rica comida vegetariana. El ayuno tampoco es una dieta en la que nos privamos de ciertas comidas para estar más saludable o tener un cuerpo en forma. Es muy fácil caer en la actitud de los fariseos de observar muy bien una regla, pero no tener una disposición interior. Recordemos, como dijo San Juan de la Cruz: “Al atardecer seréis examinados en el amor”. Por ello, es recomendable también hacer un sacrificio personal como dejar de comer postres o chocolates. También puede ser “ayunar de Facebook” o del uso excesivo de los dispositivos eléctricos. ¿Y si ayunamos del chisme? Como lo dijo San Juan Crisóstomo: “Ayunar de no decir nada que haga mal a otro. Pues ¿de qué te sirve no comer carne si devoras a tu hermano?”.

 

La alegría de dar a los demás

La limosna nos ayuda proteger nuestra alma de la seducción de las riquezas y a no idolatrarlas, pues como nos dijo el mismo Jesús: “No podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16,13). Nos recuerda que no somos propietarios sino administradores de los bienes que se nos han dado y a la vez, nos abre la conciencia sobre tantos hermanos necesitados. De la misma manera en que Dios nos regala gracias y dones de manera gratuita, Él mismo nos llama a entregar gratis nuestro tiempo, talentos y recursos con quienes más lo necesitan.

Foto de Christ in the City

Jesús nos invita a realizar la limosna en secreto. Este es el mensaje del evangelio que se lee el Miércoles de Ceniza: “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha” (Mt. 6, 3) pues “Dios, quien ve en lo secreto, te lo recompensará” (Mt. 6, 6).  El fin de dar limosna no debe ser el ser vistos por los demás. En ese caso la virtud de la generosidad puede opacarse con el vicio de la vanidad. Nuestra motivación debe ser pues, el hecho de compartir, desprendernos y de vivir el amor. De recordar que “hay mayor felicidad en dar que en recibir” (Hch 20,35). De “tocar la carne de Cristo” en nuestro hermano necesitado, como diría el Papa Francisco. Pero ¿qué sucede si no tengo suficientes recursos para dar a los demás? Recordemos la parábola de la viuda pobre: Aquella mujer anciana que dio en una ofrenda sus pocas monedas y “todo lo que tenía para vivir” (Mc 12,44). Nos enseña a dar desde nuestra pobreza. Con esta práctica podemos hacer vida la frase de San León Magno: “El que distribuye limosnas lo haga con despreocupación y alegría ya que, cuanto menos se reserve para sí, mayor será la ganancia que obtendrá”.

En Colorado hay muchos lugares donde se puede ayudar al más necesitado: Caridades Católicas o Chirst in the City, que asisten a las personas de la calle. También se puede ser voluntario en Centro San Juan Diego ayudando en la capacitación de los inmigrantes en diferentes temas como preparación de impuestos, clases de computación o inglés. Las mismas parroquias pueden ser lugares donde se viva la solidaridad, por ejemplo, con los inmigrantes recién llegados o con aquellos que estén pasando por alguna situación de pobreza o dificultad.

La oración, el ayuno y la limosna son tres prácticas que se complementan para hacer que la Cuaresma sea más de lo que crees, pues como dijo San Agustín: “Para que nuestras oraciones puedan más fácilmente tomar su vuelo y llegar hasta Dios, es preciso darles el doble ceremonial de la limosna y el ayuno”.

 

Próximamente: Descubriendo a Dios en todas las cosas

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Por, obispo Robert Barrón.

Sin duda alguna, existe un énfasis dentro de la tradición bíblica de que Dios es radicalmente otro:

“Cierto, tú eres un Dios oculto, el Dios de Israel, salvador” (Isaías 45:15) y “Pero mi rostro no podrás verlo, porque nadie puede verme y segur con vida (Éxodo 33:20)”.  Esto habla sobre el hecho de que el que creó el universo entero de la nada, no puede ser él mismo, un elemento dentro del universo, uno junto a los demás.

Pero al mismo tiempo, las Escrituras también atestiguan la omnipresencia de Dios: “Se propaga decidida de uno al otro confín y gobierna todo con acierto (Sabiduría 8:1) y “¿A dónde iré lejos de tu espíritu, a donde podré huir de tu presencia? Si subo hasta el cielo, allí estas tú, si me acuesto en el Seol, allí estas.  Si me remonto con las alas de la aurora, si me instalo en los confines del mar, también allí tu mano me conduce, también allí me alcanza tu diestra (Salmo 139: 7-12).

Esto habla del hecho de que Dios sostiene el universo en existencia de un momento a otro, de la misma manera que un cantante sostiene una canción.

Quizás lo que es la característica definitoria de la espiritualidad asociada con San Ignacio de Loyola- “encontrar a Dios en todas las cosas”- fluye de este segundo gran énfasis bíblico.  A pesar de su trascendencia, Dios no debe considerarse distante en ningún sentido convención de termino, ciertamente no en la forma deísta.  Más bien, como lo enseñó Tomás de Aquino, Dios está en todas las cosas “por esencia, presencia y poder”. Y ten en cuneta que, dado que Dios está dotado de intelecto, voluntad y libertad, nunca esta tontamente presente, sino siempre personal e intencionalmente presente ofreciéndonos algo de si mismo.  Por lo tanto, la búsqueda de Dios puede comenzar aquí, ahora mismo, con lo que este a la mano.

Una de las preguntas en el antiguo Catecismo de Baltimore era “¿Dónde está Dios?”.  La respuesta correcta fue “en todas partes”.  Una vez que la verdad se hunde, nuestras vidas cambian irrevocablemente cada persona, cada evento, cada pena, cada encuentro se convierte en una oportunidad de comunión con Dios.

El maestro espiritual jesuita del sigo XVII, Jean-Pierr de Caussade, expresó la misma idea cuando dijo que todo lo que sucede es directa o indirectamente, la voluntad de Dios. Una vez más, es imposible aceptar la verdad de esta declaración y seguir siendo la misma persona que eras antes.  Este tipo de bendiciones de “todas las cosas” funciona como punto de partida para la espiritualidad de Ignacio.

He tenido a Ignacio mucho en mi mente, ya que estoy en Europa filmando un documental sobre su vida y sus enseñanzas para mi serie, “Pivotal Players”.  En el largo vuelo de Los Ángeles a Roma, tuve la oportunidad de promulgar el principio que acabo de describir.  Desde que era niño, me han encantado los mapas, por lo tanto, cuando me encuentro en un largo viaje en avión paso mucho tiempo en el mapa del vuelo que rastrea la ubicación del avión frente a los puntos de referencia de la tierra.

Había leído y visto algunos videos durante la primera parte del vuelo, y luego me dormí la mayor parte del tiempo que estábamos sobre el Atlántico, pero cuando desperté, comencé a estudiar el mapa con gran interés. Estábamos pasando justo al norte de Irlanda, y pude ver claramente las indicaciones para Dublín, donde nació el padre de mi madre, y para Waterford, donde nació el abuelo de mi padre. Comencé a pensar en estos hombres, ninguno a los cuales conocí, que tenían una fe católica, la cual llegó a mi madre y a mi padre y finalmente a mí, como pura gracia.

A medida que el avión continuaba su viaje a través de la pantalla, Francia apareció en el mapa y vi el gran nombre de “Paris”. De repente, un montón de recuerdos inundaron mi mente: mi habitación simple en la Casa de Redentorista en el boulevard Montparnasse, Notre Dame, donde solía dar recorridos a los visitantes de habla inglesa, el Institut Catholique donde hice mis estudios de doctorado, mis amigos, maestros y colegas parisinos que me acompañaron durante esos tres años, la belleza de Paris en un día lluvioso. Y todo eso, lo sabía, era gracia de Dios, un regalo puro.

Luego vi que nos estábamos acercando a los Alpes, así que abrí la pantalla de la ventana y miré hacia las montanas nevadas que brillaban al sol.

¿Cómo podría no apreciar esta vista que incontables generaciones de seres humanos ni siquiera hubieran imaginado posible como un regalo esplendido?

En pocas palabras, el simple estudio de un mapa de vuelo hacia el final de un tedioso viaje se convirtió en una maravillosa ocasión de gracia.  Me pregunto si encontraríamos ese tipo de experiencias menos insólitas, reflexionaríamos sobre el hecho de que Dios quiere compartir positivamente su vida con nosotros, quiere comunicarse con nosotros. Quizás el problema es que pensamos en Dios de una manera deísta y lo olvidamos en un lugar de trascendencia irrelevante.  Entonces la carga espiritual recae sobre nosotros, encontrar alguna forma de escalar la montaña sagrada o lo suficiente como para impresionar a un exigente señor moral.

¿Qué pasa si aceptamos la noción profundamente bíblica de que Dios siempre nos esta buscando ocupada y apasionadamente, siempre tratando de encontrar formas de honrarnos con su amor? ¿Qué pasa si aceptamos alegremente la verdad de que Dios puede ser encontrado como lo enseñó Ignacio, en todas las cosas?

 

Traducido y adaptado del original en inglés por Rocio Madera.